Imparable

Choripan

Unstoppable
Director: Tony Scott
País: E.E.U.U.
Año: 2010
Calificación: 7


Película de machos, de esas que no te convencen nunca a la mina en la cola de un cine. Todo exuda suciedad, aceite, virilidad. Los personajes son casi exclusivamente hombres. De mujeres, poco. Rosario Dawson nunca estuvo menos sexy (y eso que es difícil) asimilada a un universo masculino; a las hijas del personaje de Denzel Washigton, Tony Scott las filma rapidito, nada menos que en un local de Hooters, a ritmo clipero, para pasar a lo que más interesa: charlas de motores y hazañas decididas y varoniles. Mezcla de profesionalismo hawksiano y vértigo a la Máxima velocidad o El salario del miedo. Por suerte, sin el empalagamiento visual que producen algunas de las últimas del Scott menos prestigioso, como Domino u Hombre en llamas. Hay mucho corte, mucha cámara en movimiento, pero todo está en función de un relato que es puro vértigo, pura potencia y velocidad. Coherencia y consecuencia. Si la película gana y termina llevándose a uno puesto como ese tren imparable y descontrolado que es protagonista excluyente, es por que hay personajes que interesan, que convencen y vinculan en cada paso a nivel, en cada cambio de vía, con el peso de las responsabilidad sobre sus espaldas. Washington ya jugó la misma relación con un novato en Día de Entrenamiento, pero no por eso su papel deja de ser efectivo. Al momento del estreno de Deja Vu, en la revista El Amante se describió a esta como una buena milanesa napolitana con fritas. Imparable es el choripan o el bondipan que uno se come al paso y en poco tiempo para seguir trabajando en el taller o la fábrica. Tal vez no se trate del mejor alimento, pero que llena, llena.

Red Social

Rock is dead

The Social Network
Director: David Fincher
País: E.E.U.U.
Año: 2010
Calificación: 8

Tal vez sea por que estoy madurando, por que estoy a punto de cumplir 32 años. No lo sé. Lo cierto es que el rock tiene cada vez menos relevancia en mi vida. Ya no hay más bandas nuevas. Las hay, sí, y algunas hasta me gustan mucho, pero no de una manera que puedan transformarme. Ya no más de esas bandas que te rompen la cabeza. Insisto, tal vez sea solo la edad y que la sangre ya no corre de la misma manera por mis venas. Pero otra cosa también parece ser cierta: el rock ha perdido en los últimos años su capacidad transformadora, su capacidad revolucionaria. Ahora que está finalizada, podemos revisar la década pasada y señalar que los 00´ no han tenido su gran héroe: su John Lennon, su Sid Vicious, ni siquiera un Kurt Cobain. The Strokes y las bandas que los siguieron provocaron un quiebre sobre lo que se venía escuchando en los 90´, aunque veo difícil que alguien se tatue su nombre en la piel; y también hubo Coldplays, pero esas mejor dejarlas ahí. Hay más revolución en Calle 13 que en cualquier banda de rock que se haya formado últimamente. Paralelamente, el MSN, Facebook, Twitter o el Guitar Hero provocaron una transformación cultural, sobre todo en la juventud, muchísimo más grande que cualquier grupito cuyo nombre empieza con “The”.

Año 2010. En Red Social se nos presenta a Mark Zuckerberg, su figura central y creador de Facebook, como la nueva gran estrella de rock: logra ser millonario desde muy joven, encara su proyecto motivado por que lo deja su novia y quiere pertenecer con los ganadores (mismo resentimiento por el cual muchos arman una banda de rock y componen canciones) y hasta tiene groupies que le hacen un pete en el baño de un tugurio. Drogas y sexo, pero ya no rock and roll. Lo que la película de Fincher atinadamente nos dice es que estamos asistiendo a un gran cambio, y que tiene que ver con que justamente los cambios ya no los provoca el rock o la música, sino un sitio de internet o un programa para la computadora. Ya no Woodstock, ya no Sgt. Peppers; la revolución ahora se llama Facebook. No por nada la película clausura con un tema de The Beatles, por que un tipo como Zuckerberg tiene la importancia cultural para esta generación que la que John Lennon tuvo para otras. Y ni por asomo está equivocada.

Esta idea es reforzada con el personaje anárquico y encantador de Sean Parker (encarnado por Justin Timberlake). Él es la bisagra: su Napster provocó la defunción del disco y las discográficas, es tan revolucionario como cualquier artista de la música de los 60´ o 70´ y lleva una vida de excesos como un rockero de los 80´. Devuelta, algo cambió y está cambiando. Así es que Red Social se erige como una película terminal, apocalíptica, que nos señala un cambio de paradigma. Ahí está, en otra decisión atinadísima, Trent Reznor como uno de los responsables de la banda sonora. Reznor, que con su banda Nine Inch Nails siempre ha buscado sonidos apocalípticos y que desde hace poco ha decidido desplazarse desde ese rock que perdió la capacidad de otrora hacia otros territorios. Y también está ahí la escena de los remeros finalizando con un cielo negro, amenazador. Escena brutal que con su músculo se hace importantísima entre tanto cerebrito para que el espectador no se agobie y respire. Y que por otro lado nos dice que lloverá y un nuevo cielo se conformará pronto; no solo para la vida de esos remeros que siempre llegan tarde.

Ahora si el rock –y tal vez toda la música- está muerto como instrumento de transformación, ¿qué queda para el cine? Está claro, Napster destruyó en buena medida las potencialidades de la música (por lo menos en lo que respecta a la discográfica) y sus formas de consumo, pero también -y con el Emule, el Utorrent, el jdownloader, y un largo etc- va por el cine. Ya no vemos cine como veíamos antes. Todos miran “su” cine, cada vez más como experiencia privada y no colectiva. Y cada película pierde con el tiempo la capacidad de trascender entre un mercado cada vez más liberal y espectadores cada vez más dispersos. Red Social también respira un dejo de desconfianza sobre el futuro del cine y su poder. No por nada los colores apagados en su fotografía o esa escena en la que uno de los personajes hace referencia a una estrella de cine y luego prefiere dejarla ahí, sin adjudicarle demasiada importancia. Todo esto es la nueva película de este Fincher maduro y contenido (que se inició con Zodiaco y tuvo un mal paso con El curioso caso de Benjamín Button). Puro presente, relato de cómo el mundo se está transformando; para bien o para mal.

Vivir al limite

The hurt locker
País: Estados Unidos
Año: 2008

Dirección: Kathryn Bigelow
Calificación: 10

Veinticinco años atrás, un poco más o un poco menos, el cine bélico era Vietnam, y sus mejores películas -Apocalipsis Now, El francotirador, Pelotón- se encargaban de plasmar la reacción de la sociedad norteamericana frente a una guerra innecesaria, injusta y lejana. El espíritu de estas películas, y de los responsables en producirlas, era el de una generación desencantada, decepcionada por haber peleado por algo que no valía la pena.
Y tal como muchos de los soldados hoy en Irak o Afghanistan pueden ser hijos de aquellos veteranos, caídos o afectados por Vietnam, The Hurt Locker (mejor olvidemos el genérico e insulso título local) se presenta como hija putativa de toda esa generación de películas mencionadas. Aunque claro, el espíritu ya no es el mismo. Sus personajes ya no sufren la desilusión de antaño por el sueño americano, sino que sufren el vacío, tanto ideológico como espiritual, de un mundo vaciado de valores. Un mundo que presencia el Fin de la Historia, tal como anunciara Francis Fukuyama. Y esto es lo interesante planteado por la película de Kathryn Bigelow, que para los actores de la guerra actual, esos soldados que están alistados en esas tierras distantes e indómitas englobadas bajo el nombre Irak, la lucha ya no es por un ideal, sino por salir del tedio, la apatía y el vacío de una sociedad enfocada al llano horizonte del hedonismo y el consumo.

En un poco más de dos horas se dedica a narrar la seguidilla de misiones llevadas a cabo por un pelotón encargado de desactivar bombas; y, sobre todo, a un personaje central: el Sargento William James, alguien que solo parece estar enrolado en el ejercito para alimentar sus demandas de adrenalina. Todo a pura intensidad, con apenas unos minutos de calma para que el espectador se recupere y tome aire entre cada misión, y siempre con el desquiciado de James al frente. Nada mejor que una historia de este cariz y personajes con "el trabajo más peligroso del mundo" para una directora como Bigelow. Si algo ha caracterizado los trabajos de la ex-mujer de James Cameron, sobre todo a partir de Punto limite, es su concepción del cine como productor de emociones fuertes. Concentrándose siempre en algo: generar adrenalina. De ahí que su mano sea reconocible por un recurso formal que siempre se destaca, esa cámara subjetiva que le sirve para hacernos vivir la mirada desesperada de sus personajes. Recurso, por cierto, de la memorable persecución pedestre de Punto Limite, que luego llevaría al paroxismo en su siguiente película, Días Extraños. Y de ahí que siempre se dedique a personajes que viven al "limite". (La razón que explica que los personajes de sus películas sean casi siempre hombres es que son los hombres quienes tienen las ocupaciones más riesgosas).

En The hurt locker el enemigo es intangible, invisible, se confunde entre civiles y escombros y no tiene ningún ejercito apostado en ningún lugar. Las escenas en que Bigelow pone en escena enfrentamientos armados, el enemigo es apenas un puntito en la lejanía -como en el impresionante tiroteo del desierto- o está confundido en la oscuridad de la noche. Ya ni siquiera se trata de aldeanos pobres que cosechan arroz. Así es que la guerra se presenta más ridícula que nunca, con soldados que no saben contra quién disparan, ni mucho menos por qué razones. En esta guerra, parece decirnos, tampoco hay lugar para el heroísmo ni la épica. Con un gran uso de estrellas como Guy Pearce o Ralph Fiennes, lo deja bien claro: nadie en el campo de batalla de Irak tiene coronita. Ni nadie quiere Rambos. Eso ya quedo muy atrás -o debería- en la realidad y en el espíritu del mundo que mira esta guerra por CNN. Así es la manera en que Kathryn Bigelow describe el infierno en Oriente, con una película seca, árida en sus paisajes y alejada de todo romanticismo heroico. Por que como bien diría Sam Fuller a partir de uno de sus personajes en el final de Mas allá de la gloria (película de 1980 que no trata sobre la guerra de Vietnam pero está influida por esta): "Sobrevivir es la única gloria en la guerra".

Pasando revista, con la década de los 00´ ya terminada, se puede decir que no hemos tenido buenas películas bélicas. Seamos más precisos, no hemos tenido buenas películas sobre la guerra moderna y su impacto en el zeitgeist contemporáneo. Hemos tenido, sí, algo llamado Capitan de Mar y Guerra, pero resulta que transcurre en el Siglo XIX; o algo como Bastardos sin Gloria, pero no está concentrada en la acción del campo de batalla. También hubo adefesios, como La caída del halcón negro, pero esos mejor dejarlos ahí. Así es que The hurt locker se erige dentro de su tipo como lo mejor de esta década que se fue (aclaremos que es del 2008 y se estrenó en un montón de países durante el 2009), y no solo por su calidad, sino también por la manera en que capta una generación y una época. Lo hizo una mujer y una gran directora.

Halloween II

País: Estados Unidos
Año: 2009
Director: Rob Zombie
Calificación: 4

Con su primera Halloween Rob Zombie volvió a dotar al subgénero de las slasher movies de una oscuridad, una atmósfera y una brutalidad que este había perdido. Algo generoso, ya que en las últimas dos décadas estas películas solo se habían convertido en una excusa para poner en escena modos sádicos y espectaculares de asesinar gente (algo que es llevado al paroxismo, aunque no se trate de un producto muy dentro de las coordenadas del slasher, pero que sí es derivado de este, en la saga de El juego del miedo); y más últimamente, con al auge del 3-D, en otra excusa, pero esta vez para aprovechar esta tecnología y tirar hacia la cara del espectador asustadiso cualquier objeto filoso que se les ocurriese: hachas, cuchillos, picos (como es el caso de la remake de Sangriento San Valentín, estrenada durante el año pasado), etc. Intenciones que tienen que ver más con el asco, con el shock o con el susto, que con el verdadero terror. Por otro lado Zombie también hizo otra cosa en su versión del Halloween carpenteriano, trabajar la psicología del asesino enmascarado, en este caso Michael Myers, algo que nunca estuvo muy trabajado en este tipo de cine. Pero para decirles la verdad, eso resultó de lo menos interesante, porque la psicología que le aportó fue la del estereotipo del white trash americano, con padres alcohólicos, desastrosos y todo el paquetito. Nada nuevo. Y encima muy a trazo grueso.

Con la segunda parte algo de expectativa había, por dos razones, por que este nuevo zombie se tenía que dedicar menos a “iniciar” al personaje y más a lo que quisiese; y por que su otra segunda película –The Devil Rejects- es su mejor trabajo hasta el momento. Pero a pesar de tener unos minutos iniciales que auguran lo mejor (entre los cuales hay un choque entre una ambulancia y una vaca que hace saltar a uno de la butaca, más un asesinato en un hospital que es verdaderamente escalofriante) esta Halloween 2 cae luego en un lodazal. Hay nuevamente asesinatos bien filmados, es decir, con brutalidad, con sequedad, sin canchereos, tal como se hacía en la vieja escuela (me refiero al terror de los setenta y comienzos de los 80´), pero esto es casi lo único rescatable. Luego Zombie se entierra queriendo dotar la película de vueltas de tuerca, personajes que existen solo en la cabeza de los protagonistas, y lo peor, de secuencias videocliperas (algo que pertenece al terror moderno y berreta). Encima insiste en la profundidad psicológica de Myers, algo que de paso, nunca necesitó, y además lo hace muy torpemente (ver nomás esas escenas con el caballito blanco). En síntesis, la película solo funciona de a ratos, cuando se dedica al terror más puro, más primario, más banal, y pierde cuando toda esa confianza que tiene Zombie en ese tipo de terror se diluye apelando a los recursos antes enumerados, recursos pensados para sorprender a un espectador ávido de novedad y no de ser horrorizado, lo que hace de está película algo feo y a mitad de camino . Ya tendrá Rob Zombie (¿como se llamará en la vida real? ¿Roberto Gomez? ¿Roberto Sanchez?) oportunidad de redimirse con el mal. ¡Esperemos! Mientras, se recomienda The House of the Devil, de Ti West, exhibida en el último Festival de Mar del Plata. Esa si es de terror del viejo y del bueno.

Avatar (3-D)

País: Estados Unidos / Reino Unido
Año: 2009
Dirección: James Cameron
Calificación: 10

Hace unos años, cuando James Cameron anunció su por entonces inminente proyecto, señaló que nadie había usado hasta el momento la tecnología 3-D con fines artísticos, y que esos mismos fines serían los que perseguiría con Avatar. Avatar es cine 3-D, pero un cine 3-D muy distinto a ese que se viene haciendo en los recientes años, pensado como nueva atracción tecnológica para sacar al público de sus Home Theathers y apaliar las perdidas económicas que producen las bajadas ilegales de internet a las majors. Acá la intención no es montar una excusa para revolearle objetos a los ojos al espectador y que este -tal como los primitivos espectadores del cinematógrafo de los Lumiere hacia fines del siglo XIX- corra la cabeza hacia un costado, o se agache en su butaca. Avatar no se trata del nuevo entretenimiento de feria, sino de Cine, así, con mayúsculas, algo que no descuida nunca todo el potencial estético de este arte. Y si bien seguramente no es la primera película pensada para salas en 3-D a la que se le pueda señalar valores artísticos -hace no mucho tuvimos algo llamado Up- hay además algo en ella de fundacional, de bisagra.

Tal como Jake Sully, su protagonista, como espectadores de Avatar (siempre hablando de su versión 3-D) debemos aprender a ver de nuevo, a ponernos en la carne de un nuevo cuerpo, abrirnos a una nueva percepción. Es la mirada asombrada, perpleja frente a lo nuevo -un mundo nuevo, una tecnología nueva- pero también hacia otro orden: a la vez nos enfrenta con una civilización primitiva, la de los Na´vis, ligados a la naturaleza y a lo mítico. Cameron enfrenta así dos mundos: el moderno, el liberal, el tecnológico encarnado en la corporación y el ejercito que emprenden la colonización del planeta Pandora, contra el tradicional y el mítico de los Na´vis. Y en ese enfrentamiento tal vez esté simbolizada otra lucha, la del cine -como tradición y mito- contra un nuevo intento de Hollywood por reducirlo a mero espectáculo, a mero parque de diversiones; y también, cabe decirlo, la conquista por el cine de esta nueva tecnología que hasta el momento solo había sido usada con otros fines.

Tal vez no haya nada original en el cuentito de Avatar, su desarrollo remite a la Historia de la Conquista de América con colonizadores en busca de ricos recursos naturales a cambio de espejitos de colores, mientras la historia de amor entre Jake Sully y Neytiri no es otra que la de Pocahontas, ahora pintada de azul. Lo interesante es toda la carga simbólica y la multiplicidad de lecturas que Cameron le aporta. De alguna manera está cifrada en ella toda una critica a la cruzada militarista de la administración de Bush en los pueblos de Oriente: el personaje del Coronel Miles Quaritch hasta ladra una frase del mismo George W. "Combatiremos el terror con más terror". O también la gran batalla que probablemente deberá librar el hombre durante este nuevo siglo, la ecológica, y que tuvo hace poco un nuevo round en Copenhague. Algo que emparenta a Avatar con el cine de Hayao Miyazaki, sobre todo el de sus películas Nausicaa of the Valley of the wind y Princess Mononoke.

Aunque algo es innegable, y es la fascinación de James Cameron por la tecnología (se dice que decidió volver de su ostracismo cuando terminó de ver la Trilogía de El Señor de los Anillos y sintió que Peter Jackson lo había destronado del podio de los efectos especiales) y Avatar en este sentido es apabullante y de seguro marca un antes y un después, tal como lo hizo La Guerra de las Galaxias en el 77´. Pero lo que Cameron tiene claro es que ese desarrollo técnico no puede estar enemistado de lo otro. Lo que busca Jake Sully en la película -tanto como Cameron- es ligar pacíficamente, en armonía, esos dos mundos. Y si los comerciantes, los explotadores -sea de piedras preciosas o de salas de cine- osan pasarse de la raya, está claro de que lado peleará el hombre. Y Avatar es una película que hay que ver por su imaginería visual y la fascinación sensorial que produce, pero primero, y por sobre todo, por sus condiciones narrativas y simbólicas.

Angel Faretta (quién siempre se ha esforzado en resaltar las virtudes de James Cameron como autor de filmes) en su libro El Concepto del Cine, postula que el Cine se funda con D.W. Griffith y El Nacimiento de una Nación y no con los Lumiere o los Melies; y explica en su otro libro, Espíritu de Simetría: "El cine nace al elegir separarse de su justificación técnico-mecánica para contar historias...". Por lo tanto, no sería nada aventurado señalar que el cine 3-D se funda con James Cameron y con Avatar. Y está película se estrenó en Argentina nada menos que el primer día de una nueva década.

Un montón de sueños en Cine Club Mon amour

Este VIERNES 11 de Septiembre a las 19:30hs en Cine Club Mon Amour estaremos acompañando a Werner Herzog al corazón de la selva amazónica con...

UN MONTON DE SUEÑOS
(Burden of dreams - Les Blank, Estados Unidos, 1982)
El mismísimo Werner Herzog es protagonista y estrella de este inmenso documental sobre el rodaje de Fitzcarraldo, que funciona perfecto como complemento de las experiencias recogidas por su reciente libro La conquista de lo inútil. No está mal señalar que también se trata de cine de aventuras: este desquiciado realizador alemán se adentra en la jungla amazónica dispuesto a sacrificar todo, hasta su integridad física (o la de Klaus Kinski), con tal de cumplir un sueño. Y el documentalista Les Blank lo sigue con su cámara, ahí, pegado, hasta el fin del mundo.

El lugar...
CINECLUB MON AMOUR: toda una mini sala, con butacas de cine y calidad de imagen y sonido de primer nivel. Además, un lugar cálido e ideal para encontrarse con buena gente. En San Telmo. Para venir: avisar a juanrschmidt@hotmail.com o www.cineclubmonamour.com
El precio de la función es de 12$.

Lunacy en Cine Club Mon Amour Extreme

Este Viernes 4 de Septiembre a las 22:30hs estaré inaugurando el Ciclo Extremo en el Mon Amour con...

LUNACY Jan Svankmajer, República Checa, 2005
Último largometraje del gran animador checo Jan Svankmajer en el que se cruzan varias de sus principales obsesiones: Edgar Alan Poe, El Marques de Sade y ¡la carne! Acá, tratadas a través de la historia de un hombre sano que se hace internar en un manicomio en el que los verdaderos médicos yacen maniatados en el sótano y los locos mandan sobre la superficie. En medio de tanta demencia, Svankmajer se las arregla para dar vida cuadro por cuadro a lenguas, costillares, chinchulines y cuanta achura estaba de oferta en la carnicería de la esquina de su casa..

El lugar...
CINECLUB MON AMOUR: toda una mini sala, con butacas de cine y calidad de imagen y sonido de primer nivel. Además, un lugar cálido e ideal para encontrarse con buena gente. En San Telmo. El precio de la función es de 12$. Para venir deben avisarme a mi juanrschmidt@hotmail.com o meterse a cineclubmonamour.com así les pasamos los datos.

Enemigos Públicos

Public Enemies
Dirección: Michael Mann
País: Estados Unidos
Año: 2009
Calificación: 8

Lo que van a leer a continuación probablemente esté influenciado por el hecho de que a la película la vi en una sala decadente de calle Lavalle, proyectada con una lámpara gastada y un poco fuera de foco.

Me animo a decir que Enemigos Públicos se trata de una película de fantasmas, de ahí que sus personajes carezcan de volumen, de profundidad, de carnadura. Son tipos que están de paso, que van hacia otro lugar, que andan por alguna especie de purgatorio; según John Dillinger "todos saben de donde vienen, pero no saben a donde van". Dillinger sabe que en alguna esquina lo espera la muerte, en un semáforo o en otro, que es un muerto en vida; Melvin Purvis sabe que su función acaba una vez que termine con su némesis, que pasará al anonimato para esconderse entre las sombras (nada poco significativo que se halla suicidado años después y que Mann le dedique un último plano confundiéndolo entre una multitud). Hay más de una escena fantasmagórica que me hacer reforzar esta idea, la de la llegada de Dillinger a Indiana para ser juzgado (nada menos que con lluvia, humo y fragmentos en filmico ByN), la de él mismo paseando por la oficina del buró de Policia organizado para detenerlo, o la del final en la sala de cine en la que se proyecta Por sendas distintas con Clark Gable. En las últimas películas de Mann, es decir desde Collateral para acá (que es lo que personalmente más me interesa y provoca admiración), hay algo que se me hace común, y es la preocupación de sus personajes por su finitez. En Collateral, la de ser un número más en una Ciudad de Los Angeles multitudinaria y omnívora; en División Miami, la de no poder detener el tiempo que se esfuma; en Enemigos Públicos, la de no poder cambiar un destino que ya está fijado. El espacio de Dillinger y Purvis es un espacio mítico, en el que cada uno tiene su función ineludible, y en está película -autoconciente- estos personajes parecen saber bien cual es su lugar. Mann así los filma, moviéndolos rápido y haciéndolos actuar sin dubitar y con profesionalismo, como si el tiempo se les acabará. Dándole tanta importancia a ellos como a esas otras sombras que los acompañan tras sus espaldas: en el caso de Dillinger, su secuaz Red, quién le dice saber que ya le llegó su hora; en el caso de Purvis, ese oficial implacable que puede adivinar por que lugares va a andar Dillinger. El HD, tan caro a este director, en su anacronismo, no hace más que reforzar la atmósfera extraña, inmersiva y fantasmagórica. Si Mann viviera en Japón, probablemente filmaría a muertos pálidos y pelilargos apareciéndoles a los vivos y se llamaría Kiyoshi Kurosawa, pero es americano y hace policiales.

Insisto, probablemente sea solo yo el que ve fantasmas donde no los hay. Tal vez tenga que ver que hace poco me mudé a Palermo, un barrio que tiene poco de "barrio", un poco más lejos de mis raíces, de mi familia y muchos de mis amigos a los que hace bastante no veo. Siendo uno más en un lugar superpoblado, donde nadie te saluda en la calle y por el cual anda gente que habla en otros idiomas y solo está de de paso. O, tal vez, simplemente fue el efecto de ese cine de la calle Lavalle.

HÄXAN en Cine Club Mon Amour

Este VIERNES 7 a las 22:30hs estaré presentado...

HÄXAN Benjamin Christensen, Suecia-Dinamarca, 1922 + MUSICA EN VIVO
Sabbaths donde brujas hacen fila para besarle el culo a demonios, escenas de escobas voladoras que no tienen nada que envidiarle a la saga Harry Potter o simulacros de torturas medievales que no escatiman en detalles, son algunos de los ingredientes de este documental sobre la brujería a través de los tiempos, realizado cuando el cine todavía estaba en pañales. A la vez, se trata de uno de los primeros filmes de terror de la historia. Tan logrado para su época, que parece hecho gracias los influjos de un hechizo; tan extraño para su mundo, que parece concebido por un ser extraterrenal.

Acompaña en vivo la banda de música experimental WARNES

El lugar...
CINECLUB MON AMOUR: toda una mini sala, con butacas de cine y calidad de imagen y sonido de primer nivel en San Telmo. Además, un lugar cálido e ideal para encontrarse con buena gente.

El precio es de 12$ y para venir me deben avisar a mi juanrschmidt@hotmail.com o a info@cineclubmonamour.com ya que funciona solo por reservas y así les pasamos bien los datos del lugar.

WHITE DOG en Cine Club Mon Amour

Este VIERNES 31 de JULIO a las 19:30hs estaré presentado...

WHITE DOG de Samuel Fuller. Estados Unidos, 1982.
Una joven atropella a un encantador perrito por la ruta y decide adoptarlo sin saber que lo que ella espera como tierna mascota se trata de un animal entrenado para asesinar gente negra (sí, si, algo parecido a un perro nazi). Claro que en Fuller -como en todo buen maestro- esto es apenas un pretexto, un macguffin para hablar de mucho más, principalmente, del racismo en Estados Unidos y de sus propias dificultades para adaptarse a la industria del cine moderno. Así, sumado a una banda sonora compuesta por Ennio Morricone, unos ralentis que hielan la sangre y tal vez la mejor actuación canina de la historia, logra un cine intenso, con mucho que decir sobre su mundo contemporáneo; que ladra pero también muerde.

El lugar...
CINECLUB MON AMOUR: toda una mini sala, con butacas de cine y calidad de imagen y sonido de primer nivel. Además, un lugar cálido e ideal para encontrarse con buena gente.

El precio es de 12$ y para venir me deben avisar a mi juanrschmidt@hotmail.com a info@cineclubmonamour.com ya que funciona solo por reservas y así les puedo pasar la dirección.

El ave negra

Killshot
Dirección: John Madden
País: Estados Unidos
Año: 2008
Calificación: 2

Empieza la película y en los títulos leo directed by John Madden. Algo huele mal. Ese nombre y apellido me suenan pero no logro recordar de donde ni porqué. Hago el esfuerzo, pero por más que insista, ¡nada!. Mientras, sufro, me aburro, me indigno. Termina la película y corro a www.imdb.com, el oráculo me lo aclara todo: se trata del director de Shakespeare Apasionado; peor aún, se trata del director de La Mandolina del Capitán CorelliLa Mandolina del Capitan Corelli! ¿conocen algún título más feo que este?). Alguien, que como bien diría un amigo, tiene un prontuario en vez de una filmografía.

Por lo tanto, a continuación, algunas breves razones que explican porqué este boludo no entiende nada y claro, le salió otra película de mierda. 1) Mickey Rourke hace de un asesino profesional con crianza indígena (sí, si lo habían resucitado con El luchador acá ya lo vuelven a enterrar vivo) que tiene como código inviolable asesinar a todo aquel que le vea el rostro haciendo uno de sus trabajos. ¡Justo el rostro! ¿A quién se le puede ocurrir poner a un tipo con una jeta tan particular para un papel como este? Vamos, que Mickey está para hacer de reventado, falopero o estibador de bolsas en el puerto, no para asesino prolijito y metódico que tiene que pasar desapercibido. ¡Llamen a un Delon para eso! 2) Toda la historia está contada desde dos puntos de vista, tanto desde el de los asesinos como el de los perseguidos por ellos, por lo cual cuesta lograr identificación con los personajes y, por ende, conseguir suspense (leer Hitchcock para principiantes muchachos). 3) Hay toda una subtrama de rematrimonio maduro (entre Diane Lane y Thomas Jane) desaprovechadísima, solo por prestarle atención a una serie de aspectos olvidables. 4) Todo está plagado de incoherencias varias. Ejemplo, si no le tienen que ver la jeta y encima anda siendo buscado por todo el mundo ¿por que garcha el personaje de Rourke acompaña al personaje de Joseph Gordon Lewitt a extorsionar a un tipo a plena luz de día y en un lugar lleno de gente? 5) Y ya que estamos, este último personaje, el de Gordon Lewitt, es in-su-fri-ble.

Para terminar, creo en la calidad de las obras de Elmore Leonard (se han hecho muy buenas cosas a partir de material suyo), así que lo debo decir: en este año en que en la Argentina no hay un mango ni para filmar un videoclip, no tengo duda de que si me dan la novela en que se basa está película con el hambre que hay, les hago algo diez veces mejor que esta garcha. El mundo es injusto.

Código de Familia

Pride and Glory
Dirección: Gavin O´Connor
País: Alemania, Estados Unidos
Año: 2008
Calificación: 5

Brooklyn parece que huele a historias de cobani: es jurisdicción de policiales, con sus callejones repletos de basura, sus alcantarillas humeantes y esos pandilleros rondando esos celebres puentes ferroviarios bajo los cuales puede pasar de todo. Grandes policiales transcurren allí: Contacto en Francia, Tarde de perros, Buenos muchachos, Los dueños de la noche (estrenado el año pasado y con varios elementos en común con la película sobre la cual hoy escribo, inclusive su fotografía azulada) y unos cuantos más. Pero Código de Familia está lejos de ser un gran película en su género ¿Por qué? Porque se trata de una de "actuaciones", con mucho primer plano de Colin Farrel llorisqueando y otros tanto de Edward Norton poniendo cara de gil; y no una que resalte por su puesta en escena. Y ya se sabe, el cine es el arte de la puesta en escena; para ver solo el trabajo de actores nos vamos al Broadway y no a Brooklyn. La hago fácil, es un policial que no tiene ni siquiera un tiroteo o una persecución bien filmada. Gran pecado. Apenas puedo comentar dos escenas destacables: una de una ejecución frente a una ventana (aunque media confusa esta) y otra en la que Farrel amenaza con quemar la cara de un bebito con una plancha (aunque se trata de una acción un poquito exagerada para este personaje). Después, hay más de un momento que da vergüenza ajena, como ese en que Jon Voight hace su discursillo en un almuerzo familiar. Faltan acá persecuciones como la de Contacto en Francia, tiroteos como los de Carlitos Way. Claro que para eso hace falta un Friedkin, un De Palma.

Terminator: La Salvación

Terminator: Salvation
Dirección: McG.
País: Alemania, EU, Reino Unido.
Año: 2009.
Calificación: 4

Un día, allá por inicios de la miserable década de los noventa, mi viejo me pudo dar 10$ pesos (o sea, 10 dólares) para que vaya al cine con mis compañeros de colegio. Fue nuestra primer salida al cine sin la compañía de un adulto, ninguno tenía más de trece años, y fuimos a ver una anunciada Terminator 2. Sacamos entradas para un cine de Belgrano -que todavía está en pie, aunque sin el brillo de entonces- y un poco más de dos horas después salimos de la sala absolutamente trastornados. La explosión atómica, el T-1000 de metal liquido, Arnold sacrificándose por nosotros; todo resultó una de las experiencias cinematográficas más grandes que tuve en mi vida. Recuerdo, más tarde, que esperé meses y meses para su salida en video, mientras moría de ganas de verla aunque sea una vez más. (No eran tiempos de Utorrent, bsplayer ni subdivx). Y todavía hoy, con mis treinta años, tengo la misma pesadilla en que soy perseguido por un androide que quiere eliminarme. Claro que, con John Connor, apenas comparto el nombre de pila.

Todo este relato sobre mi experiencia personal viene a colación del cómo trabajan las grandes majors de Hollywood hoy en día: aprovechan aquello que está en lo más profundo y grato de nuestros recuerdos y en base a eso hacen lo mejor que saben hacer, ganancias. No es que Terminator 4 sea del todo mala, es técnicamente muy lograda, tiene varias escenas de acción bien armadas y funciona bien como entretenimiento; el problema es que le falta alma, por que se trata de cine hecho con calculadora. A pesar de tanta hojalata, las películas de James Cameron (quién comparte siglas con John Connor) cuidan a sus humanos, tienen carnadura, están llenas de sentimiento. Hasta la tercera parte es una digna acompañante con ese Arnold más preocupado en hacer proselitismo que en hacer cine. En cambio, esta cuarta entrega, es una más del montón, que si no cuenta con la marca de la franquicia “Terminator” no la ven boludos como quién les escribe, ni nadie. Ni siquiera es la película de Connor -personaje interesantísimo dado su carácter mesiánico- que era lo que tenía que ser. Cine artificial, desabrido, descartable. Para la macdonalización de las imágenes, nada mejor que un McG. ¡Aguante los JC!

El silencio de Lorna

Le silence de Lorna
Dirección: Hnos. Dardenne.
País: Bélgica, Francia, Italia, Alemania.
Año: 2008.
Calificación: 8

Sí señora, aunque no se lo halla dicho Catalina hay otra cosa para ver esta semana en los cines que no sean las mollejas de Tom Hanks, se trata de otra de esos belgas que no paran de mover la cámara. Aquí va...

En gran medida, la importancia del cine de los Dardenne reside en su preocupación por mostrar el lado oscuro de esos países del norte cohesionados y fortalecidos por el Euro (pocos directores actuales del continente se animan a lo mismo: Michael Haneke, Fatih Akin, Bruno Dumont...). Esa Europa centro-occidental que parece día a día extender y fortificar un poco más sus fronteras burocraticas-aduaneras frente al resto del continente –y del mundo- que mira con recelo el estilo de vida primermundista que allí llevan. De ahí, que la filmografía de estos belgas esté atravesada por personajes marginales, desesperados, en lucha constante por ser parte de un sistema que hace de la exclusión una de las bases de su status.

En esta, su quinta película, deciden seguir cámara al hombro a Lorna, una albanesa que se instala en Bélgica gracias al casamiento arreglado con un drogadicto a cambio de dinero. Pronto, Lorna (quién físicamente parece una suerte de Rosetta ya hecha mujer) es incitada por una red de inmigración clandestina para que deje morir a su esposo y así, una vez enviudada, contraiga matrimonio nuevamente con un ruso a cambio de más dinero. Pero acá, y como en todos los trabajos previos de los Dardenne, el verdadero conflicto que en el fondo moviliza a sus personajes no es material ni mucho menos de género, sino moral. Una vez que Lorna deja morir a su marido, pasa de ser cómplice de muerte a otra victima más de una sociedad perversa.

Movida principalmente por sentimientos de culpa y un fuerte deseo de redención, esta mujer comienza una carrera desesperada por mantener la memoria y el legado de su “esposo”, drogadicto y por ende desechable para una sociedad en donde quién no produce no sirve. Por eso mismo, es que los primeros síntomas del embarazo psicológico que desencadena la crisis que sufre esta protagonista se den en una escalera -símbolo de ascenso social- del local que alquila con la plata que consigue mediante su silencio y no accionar. Lo que permite señalar que el gran debate que ponen en juego los hermanos esta vez es ¿hasta que punto estamos dispuestos a llegar para ingresar a un mejor nivel de vida?

Las virtudes con las que encaran esta problemática son las comunes a sus películas anteriores: La promesa, Rosetta, El hijo y El niño. A destacar, la distancia siempre prudente con que se acercan a sus personajes (en está ocasión, tratándose de una inmigrante venida de la otra Europa, deciden colocar su cámara unos metros más lejos, comunicando la incomprensión que les produce una persona de estas características), nunca juzgándolos ni sometiéndolos a caprichos; y, por otro lado, la fe depositada en la humanidad de los mismos y su capacidad para convertirse en héroes mediante acciones pequeñas pero de gran valor.

Una nueva película de un autor, para conformar una buena obra, debe mantener las constantes que lo definen y a la vez introducir variantes significativas que produzcan crecimiento y progresión en una filmografía, en un todo. Pues bien, en El silencio de Lorna, los Dardenne se mantienen fieles a su cosmovisión a la vez que apuestan a cambios temáticos: indagan sobre las cuestiones inmigratorias, trabajan con una mujer adulta, madura y conciente de sus decisiones como protagonista (encarnada por Arta Dobroshi, una actriz que contagia fortaleza a la vez que vulnerabilidad); y también formales: un trabajo de cámara más estable, reflexivo y a la vez menos nervioso y urgente, sexo carnal e intenso, algunas notitas de música incidental sobre los títulos. Recursos, todos, que se adaptan perfecto a la historia que deciden narrar. Así, vuelven a demostrar una vez más que en el mundo liberal, cínico y cruel en el que vivimos, el corazón todavía puede pesar más que un puñado de Euros.

El lector

The reader
Dirección: Stephen Daldry
País: Estados Unidos / Alemania
Año: 2008
Calificación: 6

Contenidista, de tema importante y actriz de prestigio encarnando personaje con “caracterización”. El tipo de cine que gusta a los Oscars. Si hay algo que hace de El lector una película digna es la potencia de su material de origen (la novela homónima de Bernard Schlink) y el respeto por su historia y las criaturas que lo habitan. Por lo demás, Stephen Daldry muestra una vez más que carga con cierto lastre qualite: Homero, Goethe, Virgina Woolf; el cine como vehículo de la Literatura con mayúsculas. Prolijita, medida, correcta, bien iluminada y con un diseño de arte cuidado. Lamentablemente, tan apolínea, racional como la misma Hanna Schmitz a la que retrata. Un director como Michael Haneke -especialista en sacar a la luz los monstruos que permanecen escondidos en la Europa moderna-, con semejante material, probablemente hubiese logrado algo mucho mejor.

La muerte en vivo

Live!
Dirección: Bill Guttentag
País: Estados Unidos
Año: 2007
Calificación: 2

Live! pretende dar una mirada irónica –me cuesta señalar que busca una mirada critica- sobre el estado de las cosas; mediáticas, televisivas. Eva Mendes encarna a una inescrupulosa productora de una gran cadena de TV de los Estados Unidos que organiza un show en el cual seis concursantes deben jugar en vivo a la ruleta rusa a cambio de una millonada de guita. Pero en vez de hacer lo suyo a partir de formas cinematográficas, Live! lo hace con las mismas que utiliza aquello ante lo cual se planta, es decir, mediante formas televisivas: está filmada como si fuera un reality, tiene segmentos tipo noticiero, los personajes miran a cámara, etc; y, además, se sirve de un argumento publicitario para atraer público al igual que se serviría cualquier mercachifle o tendero mediático para obtener dos puntos más de rating. Entonces, estamos en el terreno de las películas contradictorias, es decir, aquellas que borran con el codo todo lo que escriben con la mano, las que desde la forma atentan contra su tema y el tratamiento que hacen del mismo. Difícil tomarla en serio. Aparte, desde todo lugar, es poseedora de un mal gusto altísimo.

Dos últimas cosas: sobre ruletaruseros recomiendo 13 Tzamati de Géla Babluani, la cual está siendo remakeada por Hollywood; segundo, es hora de que la corten con tanto histeriquismo y tiren en bolas a Eva Mendes a la parrilla.

El Niño Pez

Dirección: Lucia Puenzo
País: Argentina
Año: 2009
Calificación: 6

Cuando terminó la película, en la función de prensa del último BAFICI, nadie la aplaudió. Me corrijo, sí aplaudieron, pero muy pocos y de manera muy tímida, con la excepción de uno que lo hizo efusivamente como si tuviera algo que ver con la producción de la misma. En lo particular, tampoco aplaudí. Y la verdad es que lo considere un acto injusto (la critica suele ser snob y cruel), porque si bien no se trata de una maravilla, no está nada mal, y creo que merecía aunque sea unos medidos choques de palmas. No costaba nada, hubiese sido educado. Aparte, en funciones de prensa, se aplaudieron con más fuerza bodrios enormes como la insulsa 35 Rhums de Claire Denis. Claro, Denis pertenece al selecto canon festivalero, la Puenzo no.

En El Niño Pez, la directora de XXY se acerca más a una idea de cine popular, eso que en los Festivales siempre se mira con un poco de recelo. Trabaja con géneros populares (el thriller, el policial) y con elementos populares (la cumbia, por ejemplo). En ella narra con un estilo bastante convencional y sencillo la historia de amor lesbiano entre una conchetita de San Isidro y su muki paraguaya, y lo hace sin brillo, pero con efectividad, sin caer nunca en el tedio o el desinterés, ni el comentario social subrayado. Sin embargo, lo que la hace buena son otros factores: primero, la conformación de Paraguay como un reservorio de mitos y, segundo y principalmente, los aciertos de casting con Arnaldo André (no había nadie mejor que él para su papel de estrella de teleteatro guaraní) y Emme (también inmejorable). Cuando aparece esta morocha, todo en la película gana credibilidad, sensualidad, luminosidad.

Aquí el conflicto entonces: Puenzo parece estar entre el interés popular y el interés por el Festival europeo, entre el género y la búsqueda de formas personales, entre la gélidez de la Efron y la voluminosidad de Emme. Nada está divorciado de lo otro, pero si se decide, sospecho, su próxima película tal vez gane más numerosos aplausos.

BAFICI: Hooked

Pescuit Sportiv
Dirección: Adran Sitaru
País: Rumania, Francia
Año: 2007
Calificación: 7

Tal como en varios buenos Polanski (El cuchillo bajo el agua, Perversa luna de miel, La muerte y la doncella) Hooked cuenta lo que pasa cuando en una pareja irrumpe una tercera presencia para desestabilizar su moral e intimidad. Mihai y Lubi, los protagonistas (pareja un tanto despareja, y por ende, bastante realista) planean un picnic en lo que aparenta un día tranquilo hasta que, por el camino, atropellan con su coche a una prostituta. Filmada en digital, con un estilo cercano al dogma (cámara en mano, iluminación natural) y siempre a partir de las subjetivas de sus personajes (si alguno vio la genial serie británica The Peep Show se puede dar una idea de cómo se ve esto), Sitaru nos pone en el seno intimo de sus criaturas. Ahí mismo hace mella esta tercer pasajera, para poner en conflicto la vida estructurada, apolínea y rutinaria de un noviazgo establecido contra la posibilidad de la vida liberal, plena y sin estribos que se escapa a sus lados. En el medio del sándwich, se desprenden unos comentarios bastante corrosivos sobre la sociedad rumana -y europea en general- y su posición ante lo diferente, lo marginal, y lo bajo. El resultado, un filme perturbador, con un suspenso que por momentos logra mutar en terror y con un personaje tan movilizador –el de la prostituta- que es capaz de sacar de la modorra a quién venga de ver una maratón de cinco seguidas durante una jornada de Festival.

BAFICI: Il Divo

Dirección: Paolo Sorrentino
País: Italia
Año: 2008
Calificación: 9

Un primer acercamiento a Il Divo, como a los trabajos anteriores de Paolo Sorrentino –último gran nombre de la alicaída cinematografía italiana-, provocan cierto desconcierto; por que se trata de un cine moderno, novedoso y a contracorriente del grueso de la producción Europea. Es que Sorrentino apuesta a lo que los autores de su país, desde el Neorralismo a Gomorra, poco se han animado: al cine como artificio y espectáculo.

En Il Divo consigue hacer cine político con uso de una estética publicitaria y videoclipera y lograr un biopic que escape a todas las anquilosadas formas establecidas por el mainstream para este sub-género. Y más corajudo aún, se mete a contar la vida de Giulio Andreotti, una siniestra figura de la política italiana perpetuada en el poder desde la posguerra que atentó severas veces contra la cinematografía de este país (averiguen en google por la Ley Andreotti) y ha sido procesado en tantas causas judiciales que solo se hace comparable, en nuestro país, a un personaje de la talla de Carlos Menem. Todo musicalizado con temas de bandas de moda como Bloc Party y montado a un ritmo velocísimo. Pero hay que aclarar que no se trata de un cine cínico, frívolo o descomprometido, sino que Sorrentino logra con su personaje un retrato profundo y complejísimo sin caer nunca en la demagogia o el lugar común. Mientras critica a la política de su país desde la cinefilia y la puesta en escena: hace que Andreotti (personificado por el gran Toni Servillo) se parezca de a momentos al lúgubre Nosferatu, o presenta a su entorno partidario como si fueran gangsters sacados de una película de Guy Ritchie. Nunca con obviedades o recursos esperables, a las balas de la política y la mafia, Sorrentino responde con balas de puro cine.

Solo resta destacar que Il Divo despierta un enorme deseo, el de tener en nuestro país por lo menos un Sorrentino, ya que nos sobran gobernantes con prontuario, pero faltan directores con su talento.

BAFICI: Tony Manero

Dirección: Pablo Larraín
País: Chile, Brazil
Año: 2008
Calificación: 9

Menos un thriller sobre un asesino serial que una película sobre la perdida de identidad sufrida por Chile y la posición asumida por gran parte de su sociedad durante la dictadura Pinochetista. O sea, cine político; pero a los tiempos que corren (como Il Divo, de la cual ya escribiré), con música disco y rock and roll. Una suerte de nueva El Chacal de Nahueltoro, recargada y actualizada. Tony Manero es un tal Raúl Peralta que cree ser Tony Manero (aquel icónico personaje de Travolta en Fiebre de Sábado por la noche), un bailarín dedicado al “espectáculo” –según sus propias palabras- que actúa en un teatrito de cuarta de barrio y está obsesionado con parecerse a su ídolo gringo (de ojos azules, dato importantísimo) y primermundista. Convencido y amoral, es capaz de todo por conseguirlo.

Pablo Larraín nos coloca tras los hombros de este monstruo (con un trabajo de cámara y una carencia de música incidental que recuerda al cine de los hermanos Dardenne) y nos hace acompañarlo bien de cerca en su intimidad para ser testigos de sus más atroces andanzas delictivas. Tal vez en algunas escenas peque de rozar cierto miserablismo (el modo en que registra los actos sexuales de sus protagonistas, las acciones ridículas a las que los somete), pero esto funciona en pos del discurso urticante que propone sobre la sociedad que decide recrear. Violenta, bruta, hasta inesperada; Tony Manero –film y personaje- ponen el dedo en la yaga tanto de Chile como de todo país del subdesarrollado dispuesto a cualquier mezquindad con tal de pertenecer a la fantasía primermundista aunque sea durante cinco minutos. Las consecuencias, nefastas. No hay en estos personajes ni la más mínima intención de despertarnos empatía, ni siquiera pena; sino todo lo contrario, nos chocan, nos repelen, nos asquean.

Sumada a La Nana, Tiempos Malos y la retrospectiva Perut-Osnovikoff, nuestro país lindante logró en este BAFICI tal vez su año de mejor representación. Como aclama el título de otra película trasandina reciente de otro Larraín (Ricardo), ¡Chile puede!