A pedido de mi amiga Cynthia llega esta película que pude ver en el micro desde La Quiaca a Buenos Aires (Desde acá: gracias Señor Chofer por dejarme pasar a su sagrada cabina de conducir y acceder amablemente a programarme el DVD).
Babel (Francia / EU / México - 2006 - Alejandro Gonzalez Iñarritu)
Babel (Francia / EU / México - 2006 - Alejandro Gonzalez Iñarritu)
Esta ensalada multietnica sin sabor tiene, para mi, errores de guión tan severos que ni siquiera se la puede tomar con seriedad (Si, si... además, y como tenía que ser, esta nominada el Oscar en la terna "Best Original Screenplay"). Ejemplitos nómas: 1) ¿Como es que la muki mejicota y el petiso metrosexual pueden salir sin tener ningún problema de México con dos pibitos rubios, pero despues sí los tienen cuando quieren entrar? 2) ¿Por que garcha hacia el final de la película los marroquíes corren cuando viene la policia y se empiezan a cagar a corchazos? 3) ¿Por que tienen que esperar a un helicoptero para sacar a Cate Blanchett herida y no lo sacan en otro vehículo, como ese Renault 12 que aparece estacionado por ahí (Y acá es donde entra esa escenita falsa y medida para el Oscar en que Brad Pitt se deshace en lágrimas frente a la cámara)?
La verdad, no me dan ganas de escribir mucho más sobre la película, así que los dejo con una nota que me gusto mucho, escrita por otra Cynthia: Cynthia Sabat de la Revista Haciendo Cine.
Gatillo fácil
Cuando se estrenó Traffic de Steven Soderbergh, en diciembre de 2000, leí algo que me llevó un tiempo entender. “Esta es la primera película de la era Bush”, escribió un crítico norteamericano el día de su estreno. Más tarde, al ver las imágenes de Soderbergh, el ex indie mimado por Cannes (¿se acuerdan que ganó la Palma de Oro por Sexo, mentiras y video en 1990?) que, junto a algunos miembros del cast estelar de Ocean's Eleven, se dejaba fotografiar sobre tanques y helicópteros en Irak en apoyo a los tropas, comprendí todo. Este recuerdo vino a mi mente al ver Babel. Nada queda de aquel Alejandro González Iñarritu oscuro y visceral que nos arrebató lágrimas con Amores perros, a puro melodrama; donde nació esa estrella llamada Gael García Bernal y comenzaron a cotizar en alza esas otras estrellas del backstage que son hoy Gustavo Santaolalla, Guillermo Arriaga y Rodrigo Prieto. En Babel el dreamteam se repite, aunque el resultado es artificial, pretencioso, poco original, y carece de la honestidad de Amores perros. Y he aquí un alto para una digresión: el adjetivo “honesto” siempre me incomodó al leer críticas ajenas; sin embargo creo que la falta de honestidad es tan evidente en Babel que cabe el término, en el sentido de que es absolutamente honesto el que no puede hacer otra cosa que filmar, y filma del único modo que puede, que le sale.El nombre de la película es pomposo, sin embargo nos revela en principio que lo de Iñarritu son los grandes discursos, las verdades con mayúsculas. Más tarde, después de verla, uno no puede dejar de intuir que la Babel de Iñarritu existe más para justificar un gran budget (25 millones de dólares) y una historia que se desarrolla en Marruecos, Tokio, Estados Unidos y México, que por requerimientos irrenunciables del guión. Más allá de la estructura del relato coral y de los tiempos orquestados como en una partitura, para conseguir sonrisas, suspiros de alivios o lagrimones a su debido tiempo (una forma de relato muy trend, que ya vimos hasta el hartazgos en Crash, 21 gramos y tantas otras), las “marcas” de autor de Iñarritu han desaparecidos, como en una película por encargo: si uno ve Babel sin saber quién es su director, nunca adivinaría que es de Iñarritu, excepto por…!la música de Santaolalla! Algunos grandes actores desaprovechados (Cate Blanchett, Koji Yakusho, Gael García Bernal), un par de máximas para tranquilidad de las almas de los espectadores (la violencia engendra violencia/ un marroquí puede ser bueno y un alemán, muy malo), y un discurso conservador, verticalista y moralizante, de pastor electrónico, hacen de Babel una dignísima película de la segunda era Bush (post-ejecución de Saddam, claro) y confirma que, a diferencia de sus compatriotas del Toro y Cuarón, Iñarritu vendió su alma a Hollywood por un puñado de dólares. Una pena. Calificación: 2