Los premios Oscar son cualquiera. Sí, lo se, no es nada peregrino señalarlo. Como premiación tiene cada vez menos prestigio, y como evento, cada vez menos emoción. ¿Cómo es que para la última edición nominan a Cassey Affleck como actor de reparto cuando su personaje en El Asesinato de Jesse James tiene más protagonismo que cualquier otro? ¿Cómo es que culminan el obituario con Heather Ledger sin decicarle antes unos minimos segundos a Brad Renfro: también joven, también prometedor, muerto casi al mismo tiempo y casi en las mismas circunstancias? (¡Que hijos de puta!) Cualquiera, sí, ninguna novedad. Lo que me preocupa es que hay actitudes en la premiación de los Oscars que se repiten casi de la misma manera en el público y hasta en la cinefilia actual. Hace pocos días pude ver Desaparecio una noche, debut tras las cámaras de Ben Affleck y una gran película, que para ser una adaptación de Dennis Lehane funciona bastante mejor que Rió Místico de Clint Eastwood. Cuando comenté a amigos y conocidos, cinéfilos y no tanto, lo mucho que me había gustado la película, varios me salieron con algo parecido a esto: “¡Naahhh, Ben Affleck, estas cada vez más enfermo Juan!”. Y los mismos que me dijeron esto son los que le prestaron buena atención a Rió Místico al momento de su estreno. Esa misma diferencia en la recepción de ambas películas se percibió en los Oscar. ¿Cuantas nominaciones recibió Desapareció una noche? Una, y apenas. ¿Cuántas Rió Místico en su oportunidad? Unas cuantas. Claro, una la hizo un tipo consagrado como Eastwood, la otra el boludo de Pearl Harbor. A lo que quiero llegar con esto, es que mucho de eso que es tan obvio y siempre se le critica a los Oscars, a veces se trata de lo mismo que practicamos nosotros como espectadores: la pereza, el preconcepto, el juicio mecánico e irreflexivo, la falta de riesgo.La de Ben Affleck también me gusto mucho más que la que viene a continuación, otra de Oscars y tipos consagrados.
Sin lugar para los débiles (No Country for Old Men – EU – 2007 – Ethan Coen y Joel Coen)
No quiero hablar de errores de guión, sino, a que simplemente hay cosas en la película que no las creí. No creí nunca que el personaje de Josh Brolin después dejar a un mexicano herido a la espera de que se lo morfen los lobos le pueda agarrar remordimiento como para llevarle agua en el medio de la madrugada. Ni que siendo tan experimentado le costará tanto tiempo darse cuenta que el maletín lleno de dinero tuviera un rastreador. Tampoco le creí al personaje de Bardem. Tenía un profesor de guión que en relación a J.R. –el malo de la serie Dallas- nos dijo alguna vez que los mejores villanos son los que tienen alguna debilidad, los que muestran la hilacha, los más humanos, los más imperfectos; por ser más cercanos y más posibles. Antón Chigurh, el asesino que encarna Bardem (quién creo que tiene acá una muy buena actuación, pero no así un buen personaje) es siempre el mismo: monocorde, unidimensional, robotico. Genera mucha tensión en la pantalla en un principio, luego aburre. Le hubiese creído, sí, si en algún momento de la película le pegaran un tiro y revelase un endoesqueleto metálico alla Schwarzenegger, ya que nunca parece un ser humano, y de serlo, es uno bastante tarado y absurdo. Y Sin lugar para los débiles es un poco eso, vamos a ser sinceros, una reversión de Terminator, aunque con otras pretensiones artísticas. La diferencia es que a James Cameron le alcanzaba con hacer simplemente una película de género, pero a los Hermanos Coen no, ellos tienen que aspirar a más. Por eso su película lo tiene a Tommy Lee Jones (acaso como la voz misma de los Coen) con sus declamaciones a cámara y en volumen bien alto sobre como han cambiado los hombres con el paso del tiempo. ¿Y? ¿Esto se articula bien con el resto del relato? ¿Se ve en la historia y en las acciones que describe la película ese contraste entre el hombre de ayer y el de hoy? ¿Se reflexiona sobre esto? Para mi, solo un palabrerio que tiende a elevar la película a una altura a la que no esta. Palabras vacías con la que los Coen tratan de salvar otra obra cínica y carente alma. Podría ahondar mucho en aspectos que no me gustaron de Sin lugar para los débiles, pero me quedo con la escena en que a Bardem lo chocan y le rompen el brazo. Ahí, los Coen eligen mostrárnoslo todo sangrante con un plano picado en el que este asesino hijo de mil puta parece un cachorrito herido, como si buscarán que nos duela y nos apenemos por él. Como si este personaje que acaba con tantas vidas humanas de la manera más fria y forra fuera lo que más importa en ese mundo inútil que plantean. Misantropía pura. Prefiero películas con lugar para débiles, para dignos, para valientes, para seres humanos, para tipos con los que me pueda emocionar de verdad. Prefiero trenes a Yuma, prefiero películas como la de los Affleck. Calificación: 3














Finalmente y luego de algunos sucesos que me tuvieron apartado, entre ellos mi feliz mudanza, aquí estoy devuelta desde este humilde blog. Así que todos esos que se preguntaban por si estaba vivo o no, ¡sí, estoy vivo! Los que no: Bergman y Antonioni. Pero para que sirva de consuelo, los dos ya estaban hechos mierda y nos han dejado una filmografía de la concha de la lola antes de morirse.

