Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal

Antes de empezar con la película, dos cuestiones. La primera, amo a Indiana Jones, pero no puede ser que su arribo a las salas sea tan masivo y tan invasivo que haga posponer a casi todo el resto de las películas con pretensiones de estreno para su mismo Jueves (salvo, claro, la de Tornattore, pensada para un público geronte). Una vez más: las cantidad de copias con que un tanque ingresa al mercado debería ser regulada por quién tiene la obligación de hacerlo. Segunda cuestión: otra vez subieron el precio de las entradas de cine. Fui a ver la película al Village de Caballito y me cobraron 15$ gracias a que tenía un cupón de descuento, sino, me hubieran cobrado 20$ cuando hace quince días había pagado 12$ en las misma condiciones. Estamos hablando de un 25% de aumento muchachos. Encima entre los trailers pasaron un spot antipirateria protagonizado por el robot Wall-e. ¿Pero qué mierda quieren con esos precios, que la gente no consuma copias truchas? ¿Qué vea cine apenas una elite cultural de la que seguro no vamos a formar parte? Insisto, amo Indiana Jones, amo el trabajo de Spielberg, amo ir a ver películas a una sala en excelentes condiciones de proyección; pero cuando a uno lo acorralan y no le dejan opciones, cuando todo viene a caballo de un imperialismo feroz; la relación que uno pueda tener con el séptimo arte se tiñe de un sabor agridulce, amargo, feito.

Hay que pelear por un cine popular, ¿por que de que se trata sino Indiana Jones? Con precios y opciones de cartelera para todos. ¡Pónganse las pilas la concha de su madre!

Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal (Indiana Jones and the Kingdom of Cristal Skull - EU - 2007 - Steven Spielberg)

En el momento en que la película llega a esa inigualable persecución por la selva peruana -esa entre los rusos de Cate Blanchett y la familia Jones- sentí ese gustito especial, aquel que no sentía desde hace muchísimo muchísimo tiempo. Aquel mismo que después de terminar de ver la tercera de la saga de Indiana, La Ultima Cruzada, nunca más pude hallar por ningún otro lado. Hubo gustitos parecidos, sensaciones que casi nos engañan, intentos esporádicos por imitarlo. En la era de las videocasateras tuvimos Tras la Esmeralda Perdida y Las minas del Rey Salomón; en la era de la digitalización: La Momia y Piratas del Caribe. Pero no, nada se le asemejaba. Lo que habían logrado Lucas y Spielberg de la mano de Harrison Ford era la formula de la Coca Cola. La formula del cine de aventuras hollywoodense por excelencia. Uno de los máximos logros del capitalismo moderno. Hubo Pepsis, Cunnington Cola, Cordoba Cola; pero nunca Coca Colas. Nunca más ese sabor inimitable con el cual muchos nos criamos y siempre habíamos intentado repetir en una sala de cine. Claro, hasta ahora.

Ante todo, quiero destacar que El Reino de la Calavera de Cristal no me parece la mejor de la serie y que si tuviera que hacer una tabla de posiciones muy probablemente la colocaría cuarta, tal como su número lo pide. Pero esta muy bien, no desentona, tiene el mismo estándar de calidad. Y tiene eso que parece fácil, pero es muy difícil: es un relojito, una máquina narrativa perfecta, no cae jamás de los jamases. Tildar de clásicas a las Indiana Jones puede ser complicado; pero si hay algo que hace esta película, tanto como sus antecesoras, es ser creyente en el Relato, en la Aventura, en el Cine; y todo con mayúsculas. Muy a diferencia de los grandes regresos de estos últimos tiempos, como el de Duro de matar o el de Rocky , la bueno de esta película es que no es revisionista, ni autoparodica, ni revanchista, ni nada de eso; sino que sigue la línea de sus antecesoras como si hubiesen pasado dos años desde que se terminó de filmar La Ultima Cruzada (a mi gusto, la mejor de todas). Y esto es por su confianza ciega en todo lo que señalo. Por que tanto Spielberg como su gente saben que temas como el Caso Rosswell, las expediciones de Pizarro hacia El Dorado, o la Guerra Fría son temas interesantes por sí solos si uno los sabe llevar bien. Como también una persecución por una selva o una expedición por una gruta indínega puede ser divertidísima si esta bien filmada. Sí, hay algunos guiños en esta última entrega. El hijo de Indiana se cuelga de lianas como su padre en el inicio de El Arca Perdida, y etc, etc, etc (cada uno tendrá en la cabeza los suyos). Y sí, también es nostálgica, pero... ¿como no serlo? Pero a cambio, y muy importante, no es nada pretenciosa. Ahora, esto en el año 2008 puede parecer poco, pero no lo es. En absoluto. Hacer una película como esta: respetuosa, noble, y de apariencia simple sigue siendo un logro difícil de imitar. Y que algunos se quejen, pero para mi esto para ya es demasiado.

A celebrarlo, volvió Indiana Jones, hay fernet y tengo una Coca Cola en la heladera. Calificación: 8

TOP MANTA: Mi Neurosis



Aquí nuestro primer video dirigido para una banda de rock, los ascendentes TOP MANTA. No soy muy partidario de que lo vean por Youtube, ya que nos hemos pelado el culo iluminando y haciendo todo lo posible para que se vea en la mejor calidad, pero bueh... sirve como difusión. Si lo quieren ver como Dios manda, pueden pasarse por casa que los invito con un fernet.

La técnica: fondo negro, lucecitas navideñas y todo el talento de Paula Funes al mando del After Effects.

Bajo anestesia

Y sí... para que te guste esta película la verdad es que tenes que estar anestesiado.

Bajo anestesia (Awake – EU – 2007 – Joby Harold)

Bajo anestesia es un caso de cine de slogan. Da la sensación de que algún productor se topó con uno bueno –que en este caso es “Cada año una de cada setecientas personas se despiertan cuando le dan anestesia total”- y dijo: dale para adelante que total lo demás... bueno, lo demás no importa, llamamos a un par de estrellitas, escribimos un guión firuletero y listo. A pesar de lo inquietante que puede resultar la estadística citada, en Bajo Anestesia no hay suspenso, ni terror, ni garcha. El personaje de Hayden Christensen se despierta de la anestesia durante un transplante de corazón pero esto no esta resuelto ni con una sola idea cinematográfica. Este pibe se levanta en una especie de realidad alterna y comienza a deambular por momentos y lugares de la trama de la manera más arbitraria y cualunque que existe, con el fin de darle al director la oportunidad de resolver todo de una manera bien canalla. La película hasta es engañosa desde un principio, con el uso de la voz en off del personaje de Terence Howard que se nos confiesa como amigo y después es todo lo contrario. Y lo peor es que no hay en todo el metraje un personaje que interese al espectador: los que asoman en un principio como queribles terminan siendo los malos, y aquellos con los que es imposible de generar empatía terminan siendo los buenos. ¿Que identificación se puede conseguir a partir de un protagonista multimillonario, apegado a su madre, que habla japonés y tiene cero carisma? Es claro: un cine que se precia de piola pero que de piola no tiene un sorete. O apenas, solo un slogan. Calificación: 2

Retrato de amor

Película de época. Actúa Keira Knightley. Uno se ilusiona.

Retrato de amor (Silk – Canada / Francia / Italia / Japón / Reino Unido – 2007 – François Girard)

La profesión del protagonista se podría decir que es la de gusanero: el muchacho se encarga de viajar por el mundo con el objetivo de conseguir huevos de gusanos para la producción de seda. Pero por más interesante que pueda sonar esto, la película es todo lo contrario. Otra historia de cruce de culturas, de amor prohibido contada de la manera más fría y chata posible. Qualite, exotismo... un bodrio. Esta película es la prueba rotunda de porqué directores como Joe Wright tienen que cotizar millones. Ya que ponerlo al lado de François Girard es como querer comparar a un delantero como Messi con otro como Del Orte: falto de talento, de pasión, de desequilibrio, de magia, de espectáculo. Fíjense lo que les digo, lo mejor de la película es que Keira Knightley muestra las tetas. Y eso que la chica casi no tiene. Calificación: 3

Meteoro

Si bien de momento ni la taquilla ni las criticas son muy favorables a la última película de los Wachowski, creo que se trata de la manera ideal en que debía ser adaptada la tira.

Meteoro (Speed Racer – EU – 2008 – Andy Wachowski, Larry Wachowski)

All you need is pop. Esto lo señalo alguna vez El Salmón y lo mismo parecen creer los Hnos. Wachowski. Meteroro es una película pop, totalmente pop, bellamente pop. Sus vívidos colores, sus primeros planos empapados en fluorescencia, sus mercancías Royalton multiplicadas por doquier son algunos de los elementos que fácilmente nos pueden conectar con el Pop Art de Andy Warhol o Roy Lichtenstein. Por otro lado, los Hnos. se encargan una vez más de procesar y combinar la cultura popular toda: carreras de autos, música techno, anime desaforado, luchas de catch, parques de diversiones, mafia italiana, etc, etc, etc. Meteoro no es tanto una película sobre el mundo de los fierros, sino eso: cine pop. Por eso sus circuitos no se parecen a pistas de verdad sino a montañas rusas, y los coches no responden a otra lógica más que a la de la irrealidad. Y tal vez el secreto para disfrutarla resida en entender esto mismo.

Al contrario de muchas de las adaptaciones sobre series de dibujos animados que Hollywood produzco últimamente, Meteoro no traslada el mundo del cartoon al mundo real, sino que apuesta a la operación inversa. Se trata casi de un dibujo animado pero protagonizado por seres de carne y hueso. Con una gran virtud, el respeto por el mundo que representaba el material original con todas sus reglas incluidas. Acá no se trata de los Transformers invadiendo el mundo de los hombres (o mejor dicho invadiendo EU), sino de los hombres invadiendo el mundo del color, de la fantasía, de la libertad. Y los Wachos aprovechan todas las posibilidades que el universo de la animación propone. Ahí están los delirantes y divertidísimos momentos protagonizados por Chito y Chispita perseguidos por los pasillos de Royalton o fusionándose en animes a lo Dragon Ball Z, o la excelente secuencia de apertura en el que un Meteoro niño se imagina en una carrera de autos pintada por sus propios trazos. Esto explica la decisión de los directores por filmar todo (o casi todo) en green screen. Aunque hay que resaltar que los Wachos han ido más lejos que George Lucas o Robert Rodríguez en materia de cine hecho en galpones, aprovechando esta técnica para lograr un montaje totalmente innovador. Eso sí, las reglas propuestas son claras y no tramposas, se sigue tratando de seres de carne y hueso en un mundo animado. Tuvimos a un Scooby Doo diseñado en CGI, a un Garfield diseñado en CGI, pero acá el mono Chito es un mono chimpancé posta posta. Y son tanto Chito como Chispita los que se afanan la película.

Ahora bien, muy a pesar de que Meteoro es una película basada en los de efectos especiales, en el vértigo y en el marketing, hay en ella una historia que vale la pena ser contada. Eso que no había en Transformers y en tantas otras pedorreadas que nos han sabido vender en los últimos tiempos. Además de contar una historia familiar que esta bastante bien llevada, los Wachos, como lo hicieron ya en la trilogía de Matrix y en el guión de V de Venganza, vuelven a contar la historia de un personaje que plantea una revolución contra el orden establecido (y ojo, con esto no pretendo postularlos como autores). Aunque hay que decir que la revolución que propone Meteoro contra las corporaciones en pos de las PYMES familiares y la independencia económica, no deja de hacer ruido. Ya que sus realizadores trabajan para una major voraz que tiene negocios multimillonarios desde la producción hasta la distribución, y con esto hablo de Warner-Village. Aunque sí, por otra parte, esta revolución puede ser pensada como acompañamiento tanto a la innovación estética que propone la película como a una ruptura frente a cánones cinematográficos, por lo menos en lo que a adaptación de tiras animadas se refiere. Y es gracias a todo esto, y al hecho de que los muchachos han dejado la filosofía barata de sus trabajos anteriores de lado y se han tomado las cosas menos en serio, que dan su película más feliz y estimulante hasta la fecha. Y sí, como suele suceder en estos tiempos, muy bien parece que no les esta yendo. Calificación: 8

Los dueños de la noche

Otra vez la realidad ha superado a la ficción. Estuve pensando en antecedentes cinematográficos sobre personas que han mantenido a otras bajo llave por muchísimo tiempo (se me vinieron a la cabeza El enigma de Kasper Hauser de Herzog y Oldboy de Park Chan-wook) y nada supera en imaginación el caso del austriaco Josef Fritzl. Por favor: ¡quiero ya su película!

Los dueños de la noche (We own the night – EU – 2007 – James Gray)

Al igual que la reciente Antes que el diablo sepa que estas muerto, Los dueños de la noche se trata de un policial que narra sucesos más bien convencionales dentro del género. En el caso de la de Lumet, un choreo a una joyeria que sale para el orto, en la de Gray, el enfrentamiento entre la ley y la siempre guachísima mafia rusa. Nada fuera de lo común. Pero lo que las hace fuertes tanto a una como a otra son la manera en que los lazos familiares se entremezclan en sus tramas. Padres, hijos, hermanos, todos se ven metidos en el quilombo; y es gracias a esto que cada uno de los lugares comunes que repiten se dotan de una dosis melodramática, de una intensidad que las hace distintivas. Redadas policiales, operaciones encubiertas, tiroteos; cada escena de Los dueños de la noche vale más por los gestos de cariño con que el personaje de Robert Duvall trata a sus dos hijos, o como estos dos mismos hermanos pelean por dejar de lado sus diferencias, que por cualquier otro cosa. Es que si uno revisa la filmografía de Gray –que se completa con Una cuestión de sangre y La Traición (la cual también cuenta con la dupla Mark Wahlberg / Joaquin Phoenix)- descubrirá que lo que más le interesa a este director son los lazos sanguíneos y como la idea de familia determina la identidad de sus personajes. Se puede ver algo reaccionario en la película. Puede ser. Pero creo que más que tener una mirada conservadora, tradicionalista sobre la familia, la película lo que hace es señalarla como un lastre, como un peso al que tarde o temprano es imposible de eludir. Es claro, el mundo cálido (reparen en las elecciones fotográficas), divertido, interesante, es el mundo de la noche, el mundo de la marginalidad, el mundo de la familia adoptiva. Para el personaje de Wahlberg tener que alejarse de esto es un bajón, es trágico. Y Gray acompaña lo que le pasa, como si también lo lamentara. Con cada alejamiento de este personaje su película pierde erotismo, nostalgia, onda. Abandona la sensualidad desbordante de Eva Mendez, las canciones de The Clash, Blondie y David Bowie que tan buen aire le dan. Pero, y por otro lado, al centrarse en la familia sanguínea y sus inevitables consecuencias, se vuelve realmente emocionante.
Resumiendo, se trata de un policial de corte clásico, con buenos y malos bien definidos, situaciones predecibles y fuertes componentes melodramáticos; que no por todas estas características deja de ser enormemente atrapante. Hay una persecución de coches bajo la lluvia que seguramente estará entre las mejores escenas del año. Calificación: 7

El inadaptado

Aquí va la primera critica escrita para http://www.cineismo.com/ ,un sitio que recomiendo por la calidad de los articulos de quienes escriben ahí, entre ellos, los del amigo Marcos Vieytes.

Pero antes, una anecdota: fui a ver la película que viene a continuación a la última función de un Domingo al Arteplex de Caballito. Resulta que la función se suspendió por que yo era el único espectador de la sala y esto no alcanzaba para comenzarla. ¡El único! ¡Domingo, diez de la noche! ¿Lo pueden creer? Me tuve que volver a mi casa sin película y con una crisis existencial digna de un personaje de la Nouvelle Vague. Crisis de la cual solo pude salir gracias a un cuarto de helado artesanal de Bambini y su dulce de leche bombón. Esto va en serio: el cine como lugar, como evento, como rito, se nos esta muriendo.

El inadaptado (Den Brysomme mannen - Noruega / Islandia - 2006 - Jens Lien)

El mundo (o infierno) que describe El inadaptado es gélido, aséptico, mortuorio. Uno donde los seres que lo habitan han perdido su capacidad de sorprenderse y emocionarse. Donde se han vuelto impermeables a la sangre, al dolor, a la muerte; donde ni siquiera los conmueve hallar un cadáver en la calle, perder un compañero de trabajo, o terminar una relación amorosa. Un mundo con humanos pero carente de humanidad, casi como aquel planteado hacia el final de Los usurpadores de cuerpo por un nuevo orden extraterrestre. Un mundo, que parece decirnos Jens Lien y su guionista, se parece cada vez más al mundo moderno, ese que nos toca vivir día a día.

Andreas -el protagonista del film- llega allí luego de suicidarse (o querer suicidarse, lo mismo da) arrojándose a las vías del metro después de observar perturbadoramente durante un largo rato como una pareja se besa en la estación (comiendose uno a otro como si se tratase de dos zombies de una película de G. Romero). Lo transportan en un micro en el que viaja él solo y lo depositan allí, a las puertas de una ciudad donde lo reciben con un departamento, un empleo, la posibilidad de conocer mujeres y todo el paquete armadito. Una vez en este lugar, le toca habitar espacios etéreos, compartir charlas intrascendentes con sus compañeros de oficina, cenar platos desprovistos de gusto y aroma, y coger con su novia siempre en la posición misionera (posición vulgar y rutinaria si las hay). Y lo peor: soportar que toda la gente que lo rodea le manifieste insólitamente ser feliz bajo esas condiciones. Hasta que, pronto, se pudre.

La incapacidad de adaptación de este Andreas, o su rebelión, surge ante la tendencia del mundo moderno por hacer de todo algo homogeneizado y pasteurizado (no por nada la estación de servicio donde lo esperan en el comienzo es marca “Standard”): la arquitectura, las mercancias, las relaciones humanas. Por eso, durante el climax del relato, persigue el olor de un plato que sospecha como artesanal, abundante, sabroso, único. La película nunca arroja hipótesis sobre el por qué de este estado de las cosas (esto tal vez halla que buscarlo en otras, como el reciente documental Mondovino, que ahonda específicamente en la cuestión de la standardización de la producción vitivinícola a partir del neoliberalismo y la globalización), pero sí, ofrece una mirada melancólica hacia la necesidad de plantarse frente a esto. A esos temibles y tan presentes “da lo mismo” o “esta todo bien” bien tipicos de la posmodernidad que son hoy la reacción común ante cualquier fenómeno, ya sea positivo o negativo.

Es cierto que lo que plantea El inadaptado no es ni muy original ni muy novedoso: su Andreas recuerda bastante a aquel Sam Lowry de Brazil de Terry William perdido entre tareas burocráticas y una sociedad indiferente, como la imposibilidad de escaparse de su infierno a pesar de llegar hasta el acto del suicidio, hace pensar en el Bill Murray de Hechizo del tiempo. Pero sí, hay que decir que no por eso deja de ser interesante como parábola de lo que sucede en la actualidad, especialmente, con la vida en las ciudades. Y lo hace con coherencia: con actores que contagian la languidez necesaria a cada uno de sus personajes, con una iluminación que da la sensación de estar todo el tiempo dentro de una heladera, con una banda sonora que genera climas terroríficos (originalmente su guionista, Per Schreiner, concibió el texto como una pieza radiofónica de terror), con una cámara colocada siempre a la distancia prudencial.

Y con todo esto Jens Lien tal vez no logra un plato copioso en matices, sabores y sensaciones, como el que busca su protagonista (sin encontrar nunca) y como el que parece anhelar su película para el mundo en que vivimos. Pero también es cierto que con medidos y escasos condimentos, como lo son sus escenas netamente surrealistas, su explicitez gore, y su humor negro, dista bastante de ser uno de esos platos insípidos, inodoros e incoloros que son muchos de esos que nos suelen llegar rutinariamente todos los Jueves. Calificación: 7

Tropa de Elite

Cuando hace unas semanas termine de ver la película que viene a continuación, sentí que me estaba perdiendo algo, que le estaba prestando una lectura errónea. Millones de espectadores, premios en Europa, buen puntaje en sitios importantes: estas eran algunas de las causas que me hacían desconfiar de mi mismo y preguntarme si no era que la estaba entendiendo mal; ya que hasta entonces me había parecido absolutamente nefasta. Pasaron los días, y para mi tranquilidad, toda duda quedo disipada cuando me comentaron que fragmentos de la misma eran utilizados en el Canal de Noticias C5N, el canal de Danielito Hadad, con el objetivo de ilustrar una fuerza policial ejemplar: más dura, más efectiva, menos corrupta. Claro, esa que para muchos es necesaria en Buenos Aires para que se acabe de una vez por todas ese maldito tema de la inseguridad que tanto nos tiene preocupados.

Y sí, siniestramente, su estreno se da a poquito nomás de que la Policía Porteña Macrista irrumpa en nuestras calles.

Tropa de Elite (Brazil – 2007 – Jose Padilha)

Recuerdo pocos casos en los cuales el uso de la voz en off juega tan en contra a una película como en este caso. En Tropa de Elite este recurso esta omnipresente, asfixiando las imágenes, explicitando lo que le pasa a los personajes, obligándonos a interpretar todo en una sola dirección. Un factor que pareciera hablar, en principio, de la incapacidad de un director para narrar a partir de cada plano. Padilha y su cámara están ahí, pero pueden estar en cualquier otro lado: dos metros a la izquierda, en plano general, arriba de una grúa o donde garcha sea. El criterio en la puesta escena es nulo, ya que lo mismo da, por que elige contar todo desde otro lugar: desde el montaje, y por sobre todo, desde esa fucking voz en off que nunca se calla. Ahora, lo raro, es que tengo muy buenas referencias de Ómnibus 174, el anterior largo de Padilha, el cual no pude ver. Lo que puede indicar que tal vez no estemos ante un realizador incapaz, sino ante algo peor: ante un tipo que cree que su público es tan estúpido e inferior que tiene la necesidad de que todo se lo expliquen y lo hagan en voz alta. Algo que considerando el carácter fascistoide de la película, se hace un poco más verosimil.

Tropa de Elite funciona como una celebración, como una publicidad de casi dos horas de duración sobre la BOPE: un grupo de elite paramilitar entrenado especialmente para combatir el narcotráfico en la favelas de Rio de Janeiro. Esta BOPE es dura, incorruptible, impiadosa e implacable en la lucha contra el crimen, y tiene licencia para torturar y matar sin ningún tipo de cuestionamiento. Ok, lo mismo se da en personajes como James Bond, pero la diferencia es que acá, lo que se vende, es la Realidad misma. Y esto es lo extremadamente molesto, como también lo era en Ciudad de Dios, película con la que todo el mundo relaciona esta. Pero si en Ciudad de Dios lo que jodía era la manera cool en que se mostraba una realidad para nada cool, en TdE es el discurso ultraderechista, hijo de puta y vigilante con que se lo hace. Si Ciudad de Dios es la realidad de la Villa del Bajo Flores o de Dock Sud contada por algún boludo palermitano que hace videos para MTV, en TdE lo es pero contada por un Bloomberg o un Hadad. La BOPE mata y después pregunta, al pobre y al narcotraficante hay que meterle bala por que son malos y su maldad es innata, nada tiene que ver con la condición en que viven. ¿Se pueden imaginar lo que sería un cuerpo de Policia como este en nuestro país? Hay un solo momento en que la película parece cuestionar su proceder. Es cuando en una redada la BOPE mata a un pibe y luego tortura a otro hasta que le canta el aguantadero de su jefe. A partir de esto, en una escena siguiente, la madre de este pibe torturado se presenta al protagonista de la película y, cual Priamo ante Aquiles, le pide por favor el cuerpo de su hijo desaparecido. Desaparecido a mano de los propios narcos por haber cantado su ubicación y traicionarlos, cuando no le quedará otra por que sino lo mataba la propia BOPE. Ahí parece que la cosa va tomar otro tono, que se va a despertar un drama sobre la miseria, el crimen y la culpa alla Dostoievsky, y donde se va a reflexionar sobre la condición humana. Pero no, estos miembros de la BOPE, con el protagonista de la película a la cabeza, reafirman su violencia y su posición haciendo un par de submarinos secos y dejando algunos cadáveres en el camino hasta dar con el cuerpo del pobre pibe este. Lo llamativo es que la película empieza con una frase de Stanley Milgran que dice que no es el carácter de una persona la que determina como actúa, sino la situación en la que se encuentra. Lo que pareciera indicar que la película de Padilha cree que fenómenos como la delincuencia y la corrupción son ante todo un problema estructural, en el sentido marxista. Pero tanto la BOPE como la película en sí nunca le da a sus personajes una posibilidad de redimirse, o de salir de la situación que los ha convertido en lo que son, sino que acaba con ellos y lo hace de la peor manera: cruelmente, a sangre fría y gatillo fácil. Nunca plantea o reflexiona el hecho de que los malos son malos por todo lo que les ha tocado vivir. Por lo tanto, se trata de una mentira absoluta. Un cine de gente que cree que la violencia se acaba con más violencia, que cree y reafirma a países partidos en dos en donde a los ricos no les queda otra salida que hacerle la guerra a los pobres, y así, viceversa. Y que esta convencida que la solución al problema no es la inclusión social sino la imposición de más mano dura. Muchachos: ¡guarda con fumarse un porro a ver si los agarra la BOPE! Calificación: 1

Corresponsales del peligro

Habrá desabastecimiento de carne, verdura y granos, pero no de EL ODIANTE.

Corresponsales del peligro (The hunting party – EU / Croacia / Bosnia – 2007 – Richard Shepard)

Corresponsales del peligro parte de una pregunta, un poco ingenua, que muchos alguna vez nos hicimos: ¿por qué no ir y acabar directamente con los Saddam Husseim o los Bin Laden del mundo si tanto mal le hacen a la humanidad? Total, nos dice, como también nos hemos dicho a nosotros mismos en más de una ocasión: a EU y a los países de bien les sobra inteligencia y capacidad militar como para hacerlo. La película indaga en este planteo, como también en otros temas importantes: la guerra, el deber del periodismo, el fino limite entre ficción y realidad, etc; y lo hace con frescura, con humor, con agilidad. Con una fotografía colorida y una puesta en escena que coquetea con lo videoclipero y lo publicitario; un poco a la manera de la reciente El Señor de la guerra, aunque sin el cinismo y el exceso de canchereo de aquella. Hasta acá todo bien, el problema es que con el correr de su relato cae en el más puro convencionalismo, tanto como para resolver situaciones como para justificar a sus personajes; lo que la va tornando cada vez más liviana hasta lograrla aburrida e intrascendente. Que el personaje de Richard Gere busque al tiránico de turno y se enfrente a las grandes cadenas de noticias, no por ideales, sino por que le mataron a su jermu (lo que es caer en el lugar más común del melodrama), pega para atrás. Y hay tantos momentos de esos que uno dice “esto ya lo vi en otro lado y no me puedo acordar donde” (ejemplo: cuando el pendejo hace zafar a los dos protagonistas haciéndolos pasar por miembros de la CIA o cuando el personaje de Gere reconoce a un viejo amigo segundos antes de que lo ejecuten) que la convierten en una pavada más, superficial y carente de riesgo. Pavada simpática, entretenida, de esas que amagan en algunos momentos con convertirse en algo interesante, pero pavada al fin. Calificación: 4

Viaje a Darjeeling

Vi hace unos días Petroleo Sangriento en el cine, lo que recomiendo que hagan todos aquellos que no lo hicieron todavía. Ya que tanto Paul Thomas Anderson director, como Daniel Day Lewis actor, son personas cuyo trabajo es de una grandilocuencia tal que solo puede ser bien apreciada en pantalla gigante. Terminada la proyección, estuve como dos horas hablando y gesticulando como el petrolero Daniel Plainview, y la película me dejó tan anonadado que no se que escribir, mas que un: ¡me encanto! Así que por ahora va la del otro Anderson amigos.

Viaje a Darjeeling (The Darjeeling Limited – EU – 2007 – Wes Anderson)

En su quinta película Anderson cambia de escenario viajando a la India, pero sin embargo, vuelve a repetirse. Desde lo temático: otra vez una familia disfuncional, otra vez conflictos entre hermanos, otra vez un padre ausente. Desde lo formal: fotografía colorida, ralentis, y la cámara puesta como siempre la supo poner. Hasta hay repetición en algunos detalles, como la presencia de un juego de maletines en escala. ¿Esto esta mal? No, para nada. Ser un autor como lo es él implica constancias tanto en un nivel como en otros. Lo que no deja de convencer del todo es que su última película nunca llega a tener eso que tanto han sabido tener sus trabajos anteriores incluso hasta Vida Acuatica. Eso que los hacían únicos, enormes: la emotividad. Y es porque en Viaje a Darjeeling los personajes nunca llegan a ser tan entrañables como los de Tres son multitud (Rushmore). O por que la elección del cancionero popular por parte del director tiene aciertos, pero no hay de esos temitas que erizan la piel como lo hacían Needle in the Hay de Elliot Smith o Hey Jude de The Beatles en Los Excéntricos Tenembaum. O por que las cámaras lentas están ahí pero nunca tienen el relieve que tenían, por ejemplo, en la escena final de Bottle Rocket con el personaje de Owen Wilson perdiéndose entre las rejas de una prisión. La película quiere, apunta al corazón, lo busca de a ratos; pero todo efecto que intenta conseguir en el espectador parece forzado, como que nunca surge naturalmente o de la mejor manera. Un buen ejemplo de esto es el modo abrupto en que sucede en pantalla el accidente que sufren los tres chicos indios en el rio a mitad del metraje. O el dialogo impostado que intercambia el personaje de Jasón Schwartzman a traves de una ventanilla con la camarera del tren, en el cual le dice cosas como: “Gracias por utilizarme”. Hay momentos placenteros en Viaje a Darjeeling, hay mucha belleza para los ojos (el diseño de producción, como siempre en el cine de Anderson, cuidadísimo hasta en el detalle más insignificante) y también hay, sigue habiendo, un autor querible. Aunque acá, no en su mejor forma. Calificación: 6

Nota: La edición en DVD Zona 1 viene con un cortito titulado Hotel Chevalier que sirve como prefacio a la película. No agrega mucho, pero es lindo de ver. Entre otras cosas esta Natalie Portman con la bombachita baja.

Rambo: Regreso al infierno

Siempre opine que el mejor lugar para ver una película es una sala de cine. Aunque hay muchas que si me dan a elegir prefiero el living de casa, cerquita de unas birras bien frias. Como con la que viene a continuación, que hasta tiene duración de telefilme: escasos ochenta minutos, y eso contando los títulos.

Rambo: Regreso al infierno (Rambo – EU / Alemania – 2008 – Silvestre Stallone)

El Sábado fui a un asado de amigos, y allí, alguien deslizó el comentario de que la película en cuestión es uno de esos extraños casos donde la ficción supera a la parodia. Es decir, a sus propias parodias. Algo bastante cierto: el rostro deformado de Stallone parece una mala caricatura de si mismo, hay tanta cantidad de carne picada y achura que recuerda a cualquier delirio gore de Peter Jackson, y tiene momentos tan de comedia involuntaria, que si uno se toma un par de tragos, se puede reír más que con cualquier momento de Hot Shots 2 o de Rambito y Rambón. Pero en realidad, terminada la película, uno se da cuenta que todo esto no es nada gracioso, sino más bien un poco triste. Ya que Stallone había tenido el epilogo perfecto para su carrera con Rocky Balboa, con la que se había amigado con el público y la pantalla, y con la que se había reivindicado tanto como personaje y como actor. Ahora quedó empantanado otra vez en la mierda, con una película carente de ideas, carente de carisma, y por sobre todo, absolutamente innecesaria. Calificación: 2

Sin lugar para los débiles

Los premios Oscar son cualquiera. Sí, lo se, no es nada peregrino señalarlo. Como premiación tiene cada vez menos prestigio, y como evento, cada vez menos emoción. ¿Cómo es que para la última edición nominan a Cassey Affleck como actor de reparto cuando su personaje en El Asesinato de Jesse James tiene más protagonismo que cualquier otro? ¿Cómo es que culminan el obituario con Heather Ledger sin decicarle antes unos minimos segundos a Brad Renfro: también joven, también prometedor, muerto casi al mismo tiempo y casi en las mismas circunstancias? (¡Que hijos de puta!) Cualquiera, sí, ninguna novedad. Lo que me preocupa es que hay actitudes en la premiación de los Oscars que se repiten casi de la misma manera en el público y hasta en la cinefilia actual. Hace pocos días pude ver Desaparecio una noche, debut tras las cámaras de Ben Affleck y una gran película, que para ser una adaptación de Dennis Lehane funciona bastante mejor que Rió Místico de Clint Eastwood. Cuando comenté a amigos y conocidos, cinéfilos y no tanto, lo mucho que me había gustado la película, varios me salieron con algo parecido a esto: “¡Naahhh, Ben Affleck, estas cada vez más enfermo Juan!”. Y los mismos que me dijeron esto son los que le prestaron buena atención a Rió Místico al momento de su estreno. Esa misma diferencia en la recepción de ambas películas se percibió en los Oscar. ¿Cuantas nominaciones recibió Desapareció una noche? Una, y apenas. ¿Cuántas Rió Místico en su oportunidad? Unas cuantas. Claro, una la hizo un tipo consagrado como Eastwood, la otra el boludo de Pearl Harbor. A lo que quiero llegar con esto, es que mucho de eso que es tan obvio y siempre se le critica a los Oscars, a veces se trata de lo mismo que practicamos nosotros como espectadores: la pereza, el preconcepto, el juicio mecánico e irreflexivo, la falta de riesgo.

La de Ben Affleck también me gusto mucho más que la que viene a continuación, otra de Oscars y tipos consagrados.

Sin lugar para los débiles (No Country for Old Men – EU – 2007 – Ethan Coen y Joel Coen)

No quiero hablar de errores de guión, sino, a que simplemente hay cosas en la película que no las creí. No creí nunca que el personaje de Josh Brolin después dejar a un mexicano herido a la espera de que se lo morfen los lobos le pueda agarrar remordimiento como para llevarle agua en el medio de la madrugada. Ni que siendo tan experimentado le costará tanto tiempo darse cuenta que el maletín lleno de dinero tuviera un rastreador. Tampoco le creí al personaje de Bardem. Tenía un profesor de guión que en relación a J.R. –el malo de la serie Dallas- nos dijo alguna vez que los mejores villanos son los que tienen alguna debilidad, los que muestran la hilacha, los más humanos, los más imperfectos; por ser más cercanos y más posibles. Antón Chigurh, el asesino que encarna Bardem (quién creo que tiene acá una muy buena actuación, pero no así un buen personaje) es siempre el mismo: monocorde, unidimensional, robotico. Genera mucha tensión en la pantalla en un principio, luego aburre. Le hubiese creído, sí, si en algún momento de la película le pegaran un tiro y revelase un endoesqueleto metálico alla Schwarzenegger, ya que nunca parece un ser humano, y de serlo, es uno bastante tarado y absurdo. Y Sin lugar para los débiles es un poco eso, vamos a ser sinceros, una reversión de Terminator, aunque con otras pretensiones artísticas. La diferencia es que a James Cameron le alcanzaba con hacer simplemente una película de género, pero a los Hermanos Coen no, ellos tienen que aspirar a más. Por eso su película lo tiene a Tommy Lee Jones (acaso como la voz misma de los Coen) con sus declamaciones a cámara y en volumen bien alto sobre como han cambiado los hombres con el paso del tiempo. ¿Y? ¿Esto se articula bien con el resto del relato? ¿Se ve en la historia y en las acciones que describe la película ese contraste entre el hombre de ayer y el de hoy? ¿Se reflexiona sobre esto? Para mi, solo un palabrerio que tiende a elevar la película a una altura a la que no esta. Palabras vacías con la que los Coen tratan de salvar otra obra cínica y carente alma. Podría ahondar mucho en aspectos que no me gustaron de Sin lugar para los débiles, pero me quedo con la escena en que a Bardem lo chocan y le rompen el brazo. Ahí, los Coen eligen mostrárnoslo todo sangrante con un plano picado en el que este asesino hijo de mil puta parece un cachorrito herido, como si buscarán que nos duela y nos apenemos por él. Como si este personaje que acaba con tantas vidas humanas de la manera más fria y forra fuera lo que más importa en ese mundo inútil que plantean. Misantropía pura. Prefiero películas con lugar para débiles, para dignos, para valientes, para seres humanos, para tipos con los que me pueda emocionar de verdad. Prefiero trenes a Yuma, prefiero películas como la de los Affleck. Calificación: 3

El tren de las 3:10 a Yuma

Vi la gran ganadora del Oscar, la última de los Coen, y me gusto poco, poquito y nada. Para contrarrestar su cinismo, su misantropía y las pretensiones de sus directores, acá va una de género genuina, con héroes y personajes de corazón.

El tren de las 3:10 a Yuma (3:10 to Yuma – EU – 2007 – James Mangold)

Hace no mucho la Revista Ñ saco una nota dedicada a la posible resurrección del western. Resurrección anunciada a causa del reciente y amontonado estreno de películas como Perseguidos por el pasado, El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, Propuesta de muerte o El tren de las 3:10 a Yuma. El responsable de la nota también colocaba a Sin lugar para los débiles como un western, algo con lo que no estoy de acuerdo por que esta no cuenta ni con los tópicos, los espacios, o los personajes que definen a este género. Otra cosa con la que no estoy de acuerdo, es esa misma posible resurrección que señalaba, ya que creo que no se trata más que de una simple coincidencia la que puso a varios estudios a producir películas del Lejano Oeste casi en paralelo. O ni siquiera eso, creo que la oleada de este grupito de westerns en los cines no es más que el efecto de que a estrellas como Brad Pitt, Russel Crowe o Pierce Brosman les halla pintado por calzarse las botas y un revolver en el cinturón. Ya que estoy convencido de que sino hubiese sido por la participación de estos tipos, estas películas muy probablemente hubiesen ido directo a video como pasó con la muy recomendable Propuesta de muerte, y por consiguiente, muy pocos les hubiesen prestado atención, o hablado de resurrección, revitalización, o lo que poronga sea que empiece con re. Ese western difícil, largo, enrarecido, pero a la vez interesantísimo, que es El asesinato de Jesse James, con total seguridad puedo afirmar que sino hubiese sido por la facha de Brad Pitt apenas aparecía pirateado en algún bolishopping.

De todas estas de cowboys nombradas, la única que rescata la tradición clásica del género es, justamente, El tren de las 3:10 a Yuma. Se podría decir que es una película de Fé. Fé en el western mismo y fé en la manera clásica de hacer cine. Lo que implica una creencia en que todavía se pueden hacer buenas películas sin tener que caer en guiones dependientes de vueltas de tuerca, desenlaces místicos que den significancia a su relato (como pasa en la ya citada Perseguidos por el pasado), o discursos en boca de los personajes que pretendan elevar la historia a una dimensión forzadamente trascendental (como pasa con las invocaciones con las que el personaje de Tommy Lee Jones abre y cierra Sin lugar para los débiles). Respetando, por otro lado, todo lo que caracteriza a un western arquetípico. Como son sus temas recurrentes: los lazos padre-hijo, la camaradería masculina, la guerra de secesión. Sus espacios: los saloons, las estaciones de tren, los ranchos poblando la aridez del paisaje. O sus personajes: el villano con más corazón que odio, o el héroe solitario como encarnación de los valores a predicar por la película. Por que una buena escena de asalto a una carreta transportadora de caudales, sigue siendo una buena escena de asalto a una carreta transportadora de caudales, por más que se hallan filmado cientas y cientas en la historia del cine. De la misma manera que una buena línea de dialogo nunca deja de ser una buena línea de dialogo. Y en la película abundan, como esa en que el personaje de Russell Crowe le dice al de Peter Fonda antes de acabar con él: “Hasta los hombres malos aman a sus madres”. De fé se trata. Por eso Christian Bale esta más medido que nunca, Crowe simplemente se vale de toda su presencia cinematográfica, y James Mangold presta un trabajo de cámara nunca por arriba de la historia o de sus personajes. Pero en el mundo del cine actual hay pocos hombres con esta fé, esta fé en el western y en la vigencia que puede tener este género en su corte más clásico. Es así como esta película se presenta solitaria, en un paisaje bien árido que le impide encontrar pares. Tanto, como se presenta el ranchero Dan Evans hacia el final de la película, con su nobleza, su heroísmo, y su fé en las posibilidades de un mundo mejor. Calificación: 8

Sweeney Todd

Un caso que se relaciona con una problemática actual del cine. Hace muy poquito nomás se anunció la próxima visita de Jarvis Cocker a nuestro país (para quienes no lo conocen, es el ex líder de la banda británica Pulp, pope del brit-pop de los noventa, quién dicho sea de paso es uno de mis songwriters preferidos). Lo que es una muy buena noticia, aunque esta acompañada de otra bastante amarga: las entradas para el show que va a dar en La Trastienda en el mes de Marzo oscilan entre los 200$ y los 410$, o sea, entre lo caro y lo inalcanzable. ¿Por qué? Las razones de estas cifras no están ni se justifican con el hecho de que Jarvis es ingles y cobra en dólares, libras o lo que mierda sea; sino, en una tendencia bien garca que se esta dando cada vez con más frecuencia en muchos eventos culturales y que hay que denunciar: la preferencia y conveniencia de los empresarios del espectáculo por trabajar para poca gente, pero gente con mucha plata. Me explico: Jarvis es un artista que bien puede tocar en el Luna Park, en Obras o en cualquier otro lugar con una capacidad para unas 5.000 personas, tranquilamente, a 100$ por cabeza. Pero prefieren presentarlo en un bolichito para 1.000, 1.500 personas con una entrada dos o tres veces más cara, así, de esta manera, ganan la misma cantidad de dinero aunque ahorrando en gastos de alquiler, de infraestructura, de personal, etc. Esto mismo ya pasó el año pasado con Bjork, con Coldplay y algo parecido pasa con muchos espectáculos deportivos, como también con las entradas de cine: con salas cada vez más chicas y precios cada vez más caros. Creo que en primer lugar le corresponde al Estado regular este tipo de actividades para que esto no se generalice, y segundo, a cada uno de nosotros pelear desde su trinchera para que la cosa cambie y este país no siga convirtiendose en un país para pocos. Acá, www.petitiononline.com/jarvis08 , Bernardo Diman hizo lo suyo y organizó un petitorio que todos pueden firmar para ver si la cosa cambia. Ya que puedo aguantar en los tiempos que corren ver más DVDs e ir un poco menos al cine, pero no que por una vez Jarvis toque en mi ciudad y me tenga que quedar sin poder ir a verlo.

Ahora, más sabor amargo, lo último de Tim Burton.

Sweeney Todd (Sweeney Todd: The Demon Barber of Fleet Street – EU / Reino Unido – 2007 – Tim Burton)

En mi relación con Burton, su cine se divide en dos grupos. Están las películas que me gustan en serio y las que me gustan solo en su superficie, es decir, en su diseño de arte, en su fotografía, en su vestuario, etc. Dentro de las que me gustan en serio, esas que me parecen interesantes en su esencia, en lo que cuentan -más allá de todo el placer visual que su cine siempre me provoca-, están El joven manos de tijera, Ed Wood o El Gran Pez. Dentro de las otras, esas que son muy lindas de observar pero que no me tocan un pelo: La leyenda del jinete sin cabeza, El cadáver de la novia, o El Planeta de los simios. Y Sweeney Todd se inscribe en este segundo grupo. En lo personal, lo que cuenta su nueva película poco me interesa. Y no es que la historia original del barbero vengador asociado a una cocinera que vende pastelillos rellenos de carne picada humana carezca de atractivos. Sino que me parece que Burton y sus guionistas desaprovechan todo su potencial, en por ejemplo, ver de que manera este cuentito hace eco en el presente, o en desarrollar con más profundidad esa lúgubre Inglaterra Victoriana que describen. En cambio, toda la atención parece estar enfocada en que los humitos que salen de las chimeneas no falten nunca en la post producción, en que las dentaduras de los personajes nunca dejen de lucir con mugre y podredumbre, o a que cada plano nunca le falte la medida proporción de oscuridad y rojo sangre. Esta película da la sensación de que a Burton y su gente le salió de taquito, bien fácil, con un equipo técnico y actoral bien aceitado, que ya lo conocen y repiten muchos aspectos estéticos ya definidos en otras de sus obras. Aunque por otro lado, hay algo muy destacable en Sweeney Todd y es que Burton sigue siendo fiel a sí mismo, a su universo, a los singulares seres que lo suelen habitar; pero a la vez, de alguna manera, renovandose. Si bien, por ejemplo, la truculencia no es un elemento nuevo en sus películas, en Sweeney Todd tiene un protagonismo inédito. En Marte Ataca hay cuerpos hechos mierda pero siempre por lo efectos especiales. En La leyenda del jinete sin cabeza hay mucha violencia pero es juguetona, nunca tan sangrienta, ni tan cruda como es ahora. Lo mismo pasa con el musical. Nadie olvida a los Oompa Loompa de Charlie y la Fábrica de Chocolates, pero en Sweeney Todd los números cantados vienen en otras dosis y bien se la puede definir como un musical, cosa que antes no pasaba con ninguna otra de sus películas (aunque lo lamentable es que se halla quedado en la idea de puesta en escena a lo Broadway y no halla explotado algunas otras posibilidades cinematográficas que da el género musical, por ejemplo, desde el montaje). Y también, por último, hay en Sweeney Todd un cambio en el tono de relato que antes no estaba presente en la filmografía del Burton. El tono es más negro, más pesimista, más desesperanzador. Ni siquiera se concreta en pantalla el amor sobre el final entre los dos personajes jóvenes, la tragedia termina de la peor manera sin darle espacio de redención a nadie, y hasta los niños no se salvan de la pesadilla de vida que les espera. Como si Burton se nos hubiera puesto viejo y le hubiera llegado la depresión y la falta de fe en el mundo. ¿Se lo pueden imaginar pelado, sin su característica porra? Calificación: 7

Liniers y Expiación

Aquí, en un tira publicada el Jueves pasado en La Nación, Liniers nos recrea el momento en que el Sr. encargado de traducir los títulos de las películas se las tiene que ver con "Atonement", para dar a luz esa aberración de título que es Expiación, deseo y pécado.

1408

Es temporada alta en las salas. Estrenan Cronenberg, Burton, los dos Coen, lo dos Anderson, y unas cuantas otras cositas de algunos que prometen. Seguramente se lo debemos a los Oscarcitos, que si bien nunca son sinónimo de calidad, por lo menos garantizan cine adulto -algo que no es abundante en el resto del año-, y a los mejores realizadores de la industria. Así que a preparar los 2x1 de los Pago Fácil. De momento, y antes de ir para algún cine, una que vi ayer y de la cual tenía algunas ganas de escribir.

1408 (EU – 2007 – Mikael Häfstrom)

Naomi Klein ya lo anunció hace rato: vivimos en una época donde a las compañías les preocupa vender más una marca, que productos de calidad. Y Stephen King es una marca, una marca como lo es James Bond, Terminator, Harry Potter o Winnieh the Pooh.Y como marca ya instaurada, esta se vende por sí sola. Así es que a los estudios poco les interesa quién este a cargo de lo que suelen llamar una franquicia, mientras que la persona que lo esté, entregue un producto vendible, respetable, comformable, y por cierto, no hinche las pelotas en el trámite. Por que saben que con una campaña publicitaria a gran escala, más un logo y una cara reconocible, el público la va a consumir igual, sin prestarle demasiada atención a quién esté por detrás del envase presentado, o a la verdadera calidad del producto. Tanto, como cualquiera que va a un Supermercado y sigue comprando cerveza Quilmes, sin importar que esta poco se diferencie de una Palermo, una Diosa, o cualquier otra cerveza de mierda que se pueda encontrar en una góndola.

Síntomas de nuestros tiempos: a James Bond lo dirigen tipos que no califican ni de artesanos, Harry Potter sigue teniendo su mejor entrega en la firmada por Cuaron, Terminator viene en degradación de apellidos (de Cameron pasamos a Mostow, y ahora McG: quién por lo menos esta anunciado para la cuarta entrega de la saga) y a Stephen King se lo encargan a un tipo como Häfstrom. Un sueco que aterrizo en Hollywood gracias a la nominación al Oscar de Solo contra sí mismo y ahí se quedo, para cagarla primero con Descarrilados, y después entregar un producto vendible, apenás respetable, apenas conformable, como es 1408. Que sí, es entretenida y zafa, para que negarlo, pero nunca se erige como una buena película en su género, por que para un tipo con falta de pericia y talento como Häfstrom, terror son golpes de efecto y efectos especiales impresionantes. Y ¡no, nene, no! Que quieren que les diga, sigo extrañando aquella época lejana donde a Stephen King lo adaptaban De Palmas, Cronenbergs, Carpenters y tipos que sabían de verdad. ¿Quién puede olvidar todavía hoy escenas como la caída de torrentes de sangre por los pasillos del hotel de El Resplandor, o espacios tan perturbadores como la carretera de Cementerio de animales, o personajes tan aterradores como la madre de Carrie? De 1408, apenas si me quedo grabado en la memoria a Samuel Jackson diciéndole al oído a un John Cusack desconfiado: “Its an evil fucking room”. Calificación: 5

Expiación, deseo y pecado

Puedo entender que a una película como Pulp Fiction le pongan Tiempos Violentos, aunque en el medio se pierda el sentido que encierra el título original . También puedo entender que a muchas películas la titulen con palabras como “familia”, “peligro”, “abismo”, o la tan clásica “sospecha”. Las razones, creo estar en lo cierto, son comerciales y tienen que ver más que nada con darle al espectador/consumidor una orientación, facilitar una idea sobre de que trata lo que va a ver y a que género pertenece. Pero lo que no puedo entender es que a partir de un título como Atonement (cuya traducción literal del ingles es simplemente “Expiación”) salgan con un Expiación, deseo y pecado; título antipático, difícil de recordar y absolutamente innecesario, que además, no presta ni la más mínima ayuda publicitaria. Porque ya en la cola de la boletería, todos los que querían comprar una entrada para esta película se referían a ella con ese simple “Expiación”, que por sí solo estaba perfecto. Hay que gritarlo: ¡los tipos que se encargan de traducir los nombres de las películas en la Argentina son unos mogólicos!

En fin, un título horrible para una película que es una belleza absoluta.

Expiación, deseo y pecado (Atonement – Reino Unido / Francia – 2007 – Joe Wright)

Hay películas que solo pueden ser hechas por directores talentosos. Pero hay otras que solo pueden ser hechas por directores talentosos, y que además, filmen en la actualidad, y tengan conciencia de la Historia del cine y un manejo de todos los recursos que este arte ha brindado desde sus comienzos hasta el día de hoy. Un director pos moderno, por decirlo de alguna manera. Tal es el caso de Baz Lührman con Moulin Rouge o de Tarantino con Kill Bill, por citar solo un par de ejemplos. Joe Wright –que ya había brillado con Orgullo y prejuicio- es uno de estos tipos, porque además de filmar como la concha de la lola, hace uso de una infinidad de recursos: estéticos, narrativos, técnicos; que solo alguien con mucho pero mucho cine, y que viva en el presente, puede hacer. Su Expiación es de una riqueza cinematográfica apabullante: imágenes generadas digitalmente, material de archivo, planos secuencias, escenas construidas desde distintas subjetivas; todo esto y muchísimo más esta a la orden del día para contar una historia de amor cruzada por la Historia con mayúscula: en este caso, la invasión nazi en Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Pero no se trata de una mezcla entre melodrama y épica alla Titanic, que da a la tragedia, al suceso histórico –en el caso de la de la James Cameron: el hundimiento del barco- un papel central. Sino que acá la Guerra tiene un lugar secundario, y la narración se centra en el universo interno y los sentimientos del triangulo amoroso protagonista, tanto como en (se intuye) la esencia de la novela que adapta . Ya desde la escena del comienzo en que Briony Tallis termina su primer obra, los travellings veloces cruzando los pasillos de la mansión, la música con un constante teclear de máquina de escribir; todo conspira para plasmar en imagen y sonido el universo interno y único de sus protagonistas, en esta escena en particular, una Briony en plena ebullición dramaturgica. O como en el montaje paralelo en que Robbie escribe su carta (¡Ay, ese avión volando a traves de la ventana!) y Cecilia se prepara frente al espejo, dejando claro cuales son los sentimientos de uno para el otro. O también el brillante plano secuencia del ejercito en la bahía francesa, donde la cámara imita el movimiento circular de una vuelta al mundo en ruinas que se ve a lo lejos, captando la espiral de decadencia que vive Robbie, para terminar en una puesta de sol que es capaz de sacar lágrimas a cualquiera. Cada cosita en la película es de un virtuosismo y una hermosura bestiales. Cualquiera que filme y edite sabe las dificultades de usar imagen en movimiento a la inversa, al revés, y que esto quede bien. Wright y su montajista hasta lo hacen y les sale perfecto, siempre en función de lo que le pasa a su personaje: un mismo Robbie que en agonía sueña con volver el tiempo atrás. El único momento en que la película deja de irradiar belleza y pura destreza cinematógrafica a la vez, es en la escena final con Vanesa Redgrave, que debe ser contada sin adornos, sin efectismos; por que el relato y el personaje así lo disponen. Una de esas películas que agradezco haberme avivado y haberla visto en el cine antes que en cualquier otro lado. Calificación: 10

SEAN PAUL: We be burning



Bueno, como avise, acá va para ustedes el primer trabajo audiovisual de mi autoría que decido subir al blog. En este caso, realizado en conjunto con mi novia Paula. Se trata de un video clip que hicimos para la canción We be burning de Sean Paul. Todo fue hecho con una vaquita bailarina traída desde Brasil, una bolita de espejos comprada en un emporio de baratijas importadas (otrora Todo por 2$) y unas cuantas horas de edición.

Solo imagínense lo que podríamos hacer con un poquitito más de presupuesto.

Soy Leyenda

Este último fin de semana asistí a la proyección gratuita de La señal, primera película programada para el autocine de Parque Centenario, organizado por el flamante Gobierno de la Ciudad bajo el lema “Aires Buenos Aires” (ya conocen la prosa macrista). Acerca de la película, tengo que decir que se trata de un despropósito, millones gastados en un mero ejercicio de imitación al policial negro clásico norteamericano, donde Darín se saca el capricho de jugar al Philip Marlowe y el peronismo solo juega un papel decorativo. En concecuencia: vieja, predecible, aburrida; lo único que explica que halla sido una de las películas argentinas más taquilleras del 2007, es la gran simpatía del público vernáculo por Ricardito. Mejor, aires nuevos aires para el cine nacional. Acerca del evento, muy mal organizado. La película estaba anunciada para las 21hs, cuando por estos días el sol recién desaparece un rato pasada esa hora, lo que hizo que en principio la pantalla no se vea nada bien. Y para complementar, el sonido fue un desastre: durante la primera media hora casi ni se escucho y luego parecía que se emitía desde una freidora rebosante de aceite espumosa. Esperemos que para la próxima los muchachos, aunque sea, hagan una prueba de sonido antes de largar. Por que a pesar de todo, ver algo de cine al aire libre, bajo un cielo estrellado y una multitud de gente alrededor, fue bastante estimulante.

Ahora, mi lector comunista, pasemos al cine estadounidense y pago.

Soy leyenda (I Am legend – EU – 2006 – Francis Lawrence)

El cine tiene que verse como un arte autónomo, sino, entre otras cosas, sería una rotura de huevos. Cada vez que uno desease discutir sobre una película tendría que clavarse la novela, el cuento, o cualquiera sea la obra en que se base. ¿Pero que pasa cuando la película adapta una de las novelas más leídas y queridas de la sección literatura fantástica y/o ciencia ficción? Esta bién, no vamos a pedir que la respete literalmente página por página, lo que también sería una rotura de huevos total, pero sí, que conserve el tronco, la esencia misma del texto. Eso que tan bien supieron hacer tipos como Coppola con El corazón de las tinieblas de Conrad, Cronenberg con Crash de Ballard, o más cercano al género, Peter Jackson con la trilogía El Seños de los Anillos de Tolkiem. Soy Leyenda es una buena película, pero esto independientemente de la gran novela homónima de Richard Matheson. Tiene una duración justa, ahorra en explicaciones innecesarias, trabaja tanto la complejidad psicológica de su protagonista como con la aventura física que este debe sufrir a diario, y tiene más de una escenita muy bien lograda; más alguna otra virtud que seguramente estoy dejando de lado. Pero como adaptación, es una garcha, una traición total al espíritu del texto. Más cercana a Bob Marley que a Matheson. Con un Robert Neville convertido en Cristo redentor en vez de excepción a la normalidad propuesta por ese nuevo mundo vampiro, en un final que arruina todo lo que la película bien construye durante un buen rato. Hollywood nos sigue debiendo una buena adaptación de Soy Leyenda. A seguir participando. Calificación: 6

Lo mejor del 2007

Antes de comenzar me gustaría comentar lo que me quito entusiasmo para escribir durante estos últimos meses y que fue mi alejamiento de la Revista Haciendo Cine. Luego de colaborar para esta publicación por casi dos años, decidí cortar al enterarme por otro medio gráfico de que la cabeza (o sea uno de los dueños) de esta Revista pertenecía al macrismo, segmento político con el que tengo poco y nada en común ideológicamente. Cabe destacar que todo lo que labure para este medio, que cuenta con sponsors multimillonarios, fue casi gratis (por que lo que me pagaron solo por alguna nota apenas si califica como “simbólico”) y que nunca, además, tuve un agradecimiento formal por parte de alguien más que el “gracias” de mi editora. Así es que a mi decisión de dejar de escribir, casi como que tengo que terminar a las trompadas para que me pagaran unos miserables pesos que me debían, y todo termino muy feo por otras razones que no tengo ni ganas de contar. Todo esto hizo que mirara alrededor y considerara lo ingrato que puede resultar dedicarse a la prensa cinematográfica, y por lo tanto, tratar de abrirme y volver a explorar mi faceta de realizador audiovisual, de la que también ya subiré algunos trabajos a este blog para que puedan ver. ¡Ya esta! He recuperado mis ganas de volver a escribir, así que acá estoy.

Las mejores películas del 2007 según El Odiante

Este fue el año en que el impacto de las nuevas tecnologías se sintió con más fuerza que nunca y principalmente dado al nivel de accesibilidad que alcanzaron las mismas. Unas cuantas compañías ofertaron conexiones de Internet rapidísimas por un abono mensual que no superó el precio de dos kilos de zapallitos durante el invierno, y monitores de LCD, Home theaters, y reproductores que leen hasta formato Divx pasaron a costar para el consumidor lo que cualquier electrodoméstico durante la era menemista. Además, por otro lado, el 70% de las películas de cartelera se pudo conseguir de manera pirata al momento de su llegada a las salas y el precio de las entradas de cine se hizo mucho más elitista, sumado a que lo estrenado –como ha pasado en los ultimos años- no dejó de ser otra vez insatisfactorio . Todo esto llevo a que durante el 2007 ver cine se convirtiera aún más en un acto hogareño, individual y egoísta. Personalmente, este fue uno de los años de mi vida en que más películas pude ver (casi a razón de una por día), pero mucho en DVD y poco en cine. Material muy bueno pero que en gran parte pude comentar solo con unas pocas personas, por que todos estaban viendo “su” cine: bajado de Internet, alquilado en algún videoclub con importados, o comprado en un bolishopping. Así que esta lista que viene a continuación (que no es de diez películas sino de nueve) es lo que me pareció más sobresaliente dentro de esa porción de cine que pude ver y a la vez pasó por las carteleras porteñas. Que aclaro, es muy distinta a la que podría armar contando todas las películas de producción reciente que pude ver a los largo del año pero que no pasaron por el cine o todavía no se estrenaron localmente en ningún formato (el caso de Promesas del este o Planet Terror). Con el paso del tiempo, nuestro mundo se acerca cada vez más al de aquella distopia planteada por Bradbury en Fahrenheit 451: cada vez más encerrados en nuestras casas, con pantallas cada vez más modernas y colosales, y cada vez más temerosos, reacios e incapaces de salir al mundo a compartir algo con el resto de los seres humanos que lo habitan.

Apocalypto: Al poco tiempo de hacer declaraciones dignas del primer mandatario iraní, Mel Gibson se mando con una demencia hablada en maya, sin actores conocidos y de una brutalidad pasmosa; lo que lo llevo a ser considerado un terrorista cinematográfico y a que su película halla sido malinterpretada, prejuzgada y vilipendiada. Digan lo que digan, se trata de la experiencia más pura, visceral y espectacular que se pudo ver en pantalla grande.

Black Book: Nazis, tiros y conchas. Verhoven volvió a su Holanda natal y a hacer una película como las que bien sabía hacer, esas en las que pasa de todo, y a puro ritmo, inteligencia y explicites. Tal vez su mayor mérito es el de narrar hechos relacionados con la segunda guerra mundial sin caer nunca en blancos y negros, como también mostrar que la pesadilla recién empezaba para algunos una vez terminada la contienda. Carice van Houten es la heroína del año.

Bucarest 12:08: La novedad (aunque luego de 4 meses, 3 semanas y 2 días, ya no tan novedad) de lo últimos tiempos, el cine rumano. Chiquita, minimalista, económica, pero dedicada a un tema complejísimo y de gran importancia: el tratamiento de la información y la Historia en los medios de comunicación. Una demostración de cómo con pocos recursos y un trípode en mal funcionamiento se puede hacer una película enormemente valiosa.

La conquista del honor: De las dos películas bélicas estrenadas por el gran Clint, esta seguramente es la más interesante, ya que apunta en varias direcciones y no en una sola como lo hace Cartas desde Iwo Jima. No se trata de un simple cuento antibélico, ni mucho menós de una aventura en el campo de batalla. Sino de algo mucho más complejo: un estudio sociológico sobre uno de los símbolos norteamericanos más importantes del siglo XX, narrado a partir del vínculo de un grupo de soldados y amigos.

The host: ¡Sí!, una película puede hacer reír, lagrimear, temblar, y también ser inteligente, divertida, política, poética y mucho más a la vez. Solo hace falta la gambeta, el corazón y todas las virtudes de un director como Bong Joon-Ho (de quién también se estreno Memorias de un asesino, de lo mejor directo-a-DVD del año). ¡Que lindo sería si el cine popular del mundo diera aunque sea un poquitito más seguido monstruos como este!

La noche del Sr. Lazarescu: El día que Argentina perdía la final de la Copa América frente a Brasil, me toco llevar a mi vieja a la guardia de un hospital a causa de una descompensación. Ahí tuve que sufrir la burocracia, la desidia y la falta de medios de un sistema de salud precarizado. Pero además, sentí lo mismo que sentí cuando vi Lazarescu. Lo que me hizo dar cuenta que la película de Cristi Puiu es una obra mayor sobre la medicina, la agonía y la muerte. Por suerte, mi vieja hoy esta bien saludable.

Ratatouille: Mientras las de animación en tres dimensiones estaban viniendo cada vez más estúpidas, Brad Bird se valió de la técnica digital y del trilladísimo cuentito de la rata que llega a triunfar en la ciudad para dar una película inteligente, más adulta que infantil. Sobre el arte, la crítica y la pasión por estas dos cosas. Al terminar de verla quede llenísimo de ganas por ver, hacer y escribir sobre cine. Exactamente todo lo contrario a lo que me paso con esa bazofia estrenada hace unos meses llamada UPA! Una Película Argentina.

Reyes y reinas: A pesar de que algunas cinematografías europeas hoy no pasan por el mejor momento, Francia supo estrenar buenos exponentes (Flandres; Corazones, del vigente Resnais). Pero esta película del 2004 es la que mejor demostró que el cine de este país esta bien vivo y que también puede estar lleno de ideas, ser entretenido y conquistar el corazón de cualquiera. Imposible no emocionarme con el desequilibrado Ismael, o el padre de Nora diciéndole a su hija que la odiaba en granuliento blanco y negro.

Supercool: Algunos ya la colocan como la comedia juvenil de la década. Ideal para verla borracho y vivir una regresión a esos días de culminación de secundaria donde garcharse a una mina parecía cuestión de vida o muerte. Con Appatow, Mottola, Rogen y cía., los nerds se han convertido en seres humanos y las películas sobre ellos han empezado a tener alma. La mirada de los dos protagonistas sobre el final en la escalera mecánica es capaz de poner la piel de gallina a cualquiera.