I´m not there

Agradezco a mi amigo a Juan Manuel Strassburger, licenciado en Bob Dylan, por haber visto la película a mi lado y prestarme asesoramiento. Por que sino, no hubiese entendido un carajo.

I´m not there (EU, Alemania – 2007 – Todd Haynes)

Desde hace no mucho se puede conseguir en DVD Zona 1 Walk Hard: The Dewey Cox Story, una sátira sobre los biopics de Hollywood dedicados a estrellas de la música norteamericana. Es muy divertida, la recomiendo. Puro delirio y desenfado de la mano de esa revelación de la comedia que es John C. Reilly. La cito, por que el caso pone en evidencia lo gastada y hasta ridícula que ya resulta la formula biopic. Una formula que en los últimos tiempos se encargó de homogeneizar la vida de Ray Charles, Johnny Cash y tantos otros. Con sus repetidas curvas de infancia traumatizada, ascenso a la fama, caída en las drogas, escándalos y redención. En este sentido, y por suerte, el bueno de Todd Haynes propone con I´m not there algo muy diferente, lejos de esos ejercicios rutinarios que ya cansaban y hasta daban para el chiste. Lo suyo es el anti-Biopic, es decir, el anti-Ray, el anti- Johnny y June. Su película sobre Dylan tiene identidad y personalidad bien propias. En verdad, tanto como la tienen cualquiera de todos estos artistas mencionados. La jodita es que el tipo se va a la mierda, totalmente al otro extremo. Evita hacer una de esas películas que reducen todo a una formula potable para el público masivo, y se manda con algo áspero, laberíntico, críptico. Algo que resulta, por lo menos para cualquiera que no conozca mucho sobre la vida y obra de Dylan, dificilísmo de leer. Por nuestra parte ya sabemos, como escuchas de música popular norteamericana los argentinos somos bastante ignorantes, y de Dylan poco, poquito y nada. Aunque hay que destacar que de todas maneras I´m not there tiene momentos muy placenteros para cualquiera ( personalmente lo que más disfrute son las entrevistas a ese Dylan encarnado por Cate Blanchett ) y está repleta de ideas cinematográficas brillantes. Y si es bien cierto que el gran Bob es una personalidad tanto compleja, contradictoria y caótica como para que una película sobre él también lo sea, algo que creo (espero no confundirme a pesar de mi ignorancia) es que no se trata de alguien inaccesible para el común del público. Consejo: a buscar el Bob Dylan para principiantes muchachos. Calificación: 7

El fin de los tiempos

Si quieren ver una gran película sobre suicidios colectivos, consigan esa maravilla ponja proyectada hace unos años en el BAFICI titulada Suicide Club, de un director a seguir llamado Sono Sion. Opción, pueden ir al cine a ver la nueva del indio Shyamalan, una de terror ecologista que –como ya han señalado por ahí- es puro clase B disfrazado de clase A.

El fin de los tiempos (The happening – EU, India – 2008 – M. Night Shyamalan)

Sí, esta mal actuada, mal guionada y hasta mal filmada, cosa que nunca antes me había parecido una película de Shymalan. Ver nomás la escena de la jaula de los leones, en la cual el chabón ni siquiera respeta la textura de las cámaras de los teléfonos celulares y consigue involuntariamente en el espectador un efecto más risorio que terrorífico. Pero a pesar de todo creo que hay algo bastante rescatable en The Happening. Primero, tiene originalidad, algo que escasea en el cine de terror de hoy en día. ¿Cuántas películas o directores del género le escapan a zombies, vampiros o monstruos babosos? Segundo, trabaja sobre temas que son la esencia de lo terrorífico: lo intangible, lo inidentificable, lo irreconocible. En relación a esto recomiendo leer los relatos de horror de Guy de Maupassant con los que el cine de Shyamalan tiene muchísimo en común. Y Tercero, hay momentos que asusta en serio. Por lo menos tres de los suicidios colectivos que producen las plantas (¡!) en la película me generaron una enorme sensación de malestar: el de la obra en construcción, el del embotellamiento y ese en que John Leguizamo se corta las venas con un pedazo de vidrio. Eso sí, por favor, que el indio hijo de puta este se baje del caballo y por lo menos se ponga a laburar sus guiones en conjunto con otra gente. Porque es una lástima, tiene muy buenas ideas pero tremendamente desaprovechadas. Calificación: 5

La Niebla

Otra adaptación mediocre y desaprovechada (¿y cuantas van en los últimos años?) de un texto de Stephen King.

La niebla (The mist – EU – 2007 – Frank Darabont)

A la manera de un John Alvin (que dicho sea de paso, falleció hace muy poquito), el protagonista de la película se encarga de diseñar afiches promocionales para Hollywood. En la primera escena, a partir de un travelling, vemos como trabaja sobre dibujos de películas de Sergio Leone y John Carpenter; y desde estos homenajes uno podía esperar lo mejor: una de terror hecha con respeto y amor hacia el cine de género. Y Darabont tal vez pregone este amor y este respeto: con la intención de generar climas y no sustos o buscando dar a los personajes ciertos rasgos humanos que logren interesar aunque sea un cachito al espectador. El problema son los errores que acompañan a estas intenciones, y que están presentes en la construcción de situaciones, diálogos y también de estos mismos personajes. Ver nomás las actitudes incrédulas que toma el abogado vecino de Thomas Jane, o la ridícula decisión de ahorcarse por parte de los soldados, o la manera en que esta justificado el hecho de que los protagonistas no se pueden comunicar con el exterior (como si el montajista le hubiera dicho a Darabont durante la posproducción: “negro, te olvidaste de explicar por que no pueden llamar por teléfono para pedir ayuda” y este le halla devuelto un: “bueno... metemos una voz fuera de campo y yo creo que zafamos”). Esto hace que la película este más invadida por la estupidez que por la niebla. Además de ser otra muestra de terror programático: a una escena de tentáculos gigantes sigue otra de abejas gigantes, después otras arañas gigantes, y así sigue hasta que lo único gigante es el desinterés que produce. Solo en los minutos finales (y hay que rescatar que la película tiene un final negrísimo y osadísimo para Hollywood y que puede despertar más de una polémica) las referencias a Carpenter parecen cuajar y la estupidez de sus personajes parece justificarse un poco. Por que en definitiva se trata de una película en la que el monstruo más peligroso es la estupidez humana. Aunque eso sí, lo que no se justifica nunca, es la estupidez de sus realizadores en el resto del metraje. Calificación: 4

Leonera

Fui a ver Leonera al Gaumont (A.K.A. Km 0), lugar que no visitaba desde hace muchísimo tiempo, y me sorprendió lo barata que sale la entrada: unos modicos 4$ que me obligan a volver en pronto. Un precio que me hizo sentir en deuda y tener la obligación de darle una propina al antipático acomodador que me corto la entrada a cambio de un programita chotísimo. Aunque claro, hay que decir que las salas podrían estar en mejores condiciones, por que el lugar es un poquito un bajón y no hay duda de que el cine argentino convocaría más si los sitios donde se proyectara conformaran un paseo agradable. Si es para combatir las manchas de humedad espantosas de las paredes o poner calefacción en las salas, creo que nadie se va a quejar si le suben uno o dos pesos la entrada, ya que seguiría siendo barato y mucho más saludable para todos. Por suerte, y para contrarrestar, la calidad de proyección fue bastante decente. Y lo más alegre de todo es que había una nutrida concurrencia, muy nutrida si se considera que era una función de las tres de la tarde de un día Miércoles. Hasta había, llamativamente, más gente que para ver Indiana Jones durante el día de su estreno en el Village. Lo que viene a demostrar que con buen cine y precios accesibles, el cine nacional convoca. Se puede.

Leonera (Argentina, Corea del Sur, Brasil – 2008 – Pablo Trapero)

Cuando Trapero aparece en la película de Trapero, es decir, cuando el director decide aparecer con un pequeño cameo en su propia película, lo hace vestido de jugador de fútbol. Lleva shorcito, medias y un bolso al hombro, y por lo poco que se lo puede ver (por que la escena transcurre arriba de un micro y es muy oscura, como varias partes del filme) esta sucio y parece volver de jugar un partido, de transpirar la camiseta (si no prestaron atención, es en la escena en que el personaje de Julia se encuentra con su amiga arriba del colectivo para que le de unos documentos truchos). Esta decisión no es azarosa, por que viene a definir a Trapero mismo como realizador de cine. Nos dice que se reconoce como un tipo que no ve el partido desde afuera, sino que le gusta salir a la cancha, a correr, ensuciarse y después volver a casa para continuar trabajando. Y así es como logra sus películas. La realización de Leonera tiene eso de salir a vivirla, de mover el cuerpo hacia los lugares donde nos va a ubicar como espectadores. Lo que la destaca es el enorme trabajo de campo que tiene, producto de eso mismo, de moverse, y que acá desemboca en un gran manejo del ambiente carcelario y el lenguaje marginal que allí se emplea. Es esto, tal como pasaba con El Bonaerense (más que con cualquier otra de su filmografía) lo que la hace brutalmente realista, inmediata, creíble. Es que Trapero habrá vestido smoking y caminado por la alfombra roja de Cannes, pero todavía no perdió el barrio, ni las ganas se salir a patearlo. Sea por sus casas, sus calles o sus cárceles.

Leonera ante todo es una película de denuncia social, concentrada en el sufrimiento y las miserias que deben vivir las madres presas y sus hijos en los penales de nuestro país: Olmos, Gorina, Ezeiza. Y así hay que entenderla. Creo que Trapero y Cía lo dejaron claro con cada aparición que tuvieron en televisión estas últimas semanas. Lo que cuenta la película ante todo es eso, lo mal que la pasan estas mujeres y sus hijos y lo mal que está que suceda esto. Por eso sus cuadros se encargan de pintar todo el tiempo la mugre, la sombra, la injusticia. Por eso la cámara se concentra gran parte del tiempo en el rostro triste y sufriente del personaje protagónico de Martina Gusmán. Mujer que hasta tal vez es inocente y a la que la separan de su hijo muy chiquito dado ha luz tras las rejas. Aunque en este personaje hay algo que parece calculado para que la actriz se destaque todo el tiempo. Se sabe, se trata de la esposa de Trapero y la productora de la película. Y hay que decir que hay escenas que son innecesarias, gratuitas o que se concentran en su cuerpo solo para resaltar lo valiente, lo comprometido y lo jugado de su labor. La mina esta muy bien (y en más de un sentido), es indiscutible, pero hay escenas que están ahí y parecen estar de más. Por ejemplo, esa donde ella aparece en bolas en una ducha con la panza de ocho meses y que no tiene ningún sentido, más que para potenciar su actuación. Es en estos momentos donde Trapero parece meter un pase de más, pero por suerte, no son tantos.

A diferencia de mucho del cine argentino, tal vez lo mejor es que se presenta una heroína. Sí, hay heroísmo en Leonera. Su protagonista se moviliza, se transforma, se juega, y por lo tanto se despega de los muchos personajes que habitan las películas del Nuevo Cine Argentino. Pero ojo, se trata de un heroísmo menguado, que nunca llega a explotar. Cuando veía la película me preguntaba cuanto podía haber ganado si la fuga de la madre y su hijo hacia Paraguay durara una mayor parte en el relato. Convirtiéndola en algo más visceral, más épico, más emocionante. Trapero opta por contar en la mayor parte del tiempo y con un estilo bastante contemplativo todas las miseria de la cárcel. Y hay momentos muy bien logrados en ese lugar, pero es una lástima que la cámara solo se ponga tras los hombros de su protagonista hacia el final del metraje. Que no se dedique más tiempo a la decisión arriesgada que asume la protagonista. La sensación que le queda a uno es que de esta manera, la película se hubiese potenciado más, incluso como denuncia. Pero es Trapero, y la sequedad de sus relatos son su marca de fábrica.

A todo esto estamos a diez años (o casi) de las películas fundacionales del Nuevo Cine Argentino, me refiero a Pizza Birra y Faso y Mundo Grua, y hoy la cosa parece estancarse cada vez más en una desalentadora mediocridad. Como consecuencia, y ante los gritos que claman renovación estética y temática, hace poco aparecieron, en el último BAFICI, Historias Extraordinarias y Los Paranoicos. Vamos a ver que pasa con ellas. Que respuesta tienen a su estreno. Pero, por otro lado, hay otras películas y otros directores que todavía apuestan a las bases de este cine y consiguen resultados muy valiosos, despegándose con creces de la mediocridad de un cine que cada vez estrena más y se ve menos. Tal es el caso de esta película y de Pablo Trapero. A la orden de todo aquello que definió al Nuevo Cine Argentino: naturalismo, actores que no son actores, compromiso con la realidad social, profesionalismo técnico y mucho criterio para la puesta en escena. Aquello en lo que tuvo dominio Trapero desde un principio. Así es que consigue, por ejemplo, travellings que son difíciles de ver en otras películas vernáculas (como en ese que le piden a Julia que calle el llanto de su bebe) o personajes inolvidables (como el de la gorda que muestra las tetas a los presos durante la escena del juzgado). Como también consigue poner su tema -el de las madres presas de la Argentina- en boca de todos. No será todavía, me da la sensación, toda la película que como público esperamos para nuestro cine, pero sí, una movilizadora y valiosa. Calificación: 8

88 minutos

A la película que viene a continuación la pude ver hace ya como un año en DVD. Y cuando vi los afiches en la calle que anunciaban su estreno en cines para este pasado Jueves, no lo pude creer. Por que la misma se trata, realmente, de todo un despropósito. Lo que me llevo a pensar una vez más en lo mal que se confunden los distribuidores a la hora de elegir que estrenar y que no. Por que hubiese sido hermoso ver Hacia rutas salvajes de Sean Penn en pantalla grande, o Las horas perdidas de Richard Kelly (película que para muchos también debe ser bastante floja, pero que cuenta con actores lo suficientemente publicitarios como para que la gente la vaya a ver). Aunque sea con un estreno mínimo, moderado, sin afiches en la calles. Pero no. A cambio tenemos esta bosta. Que ya sea en DVD o en cines, les recomiendo que la eviten. Y a los distribuidores una cosa: estamos en la era del DVD, midan mejor lo que van a estrenar, que las películas que vayan a proyectarse en una sala sean una experiencia cinematográfica valedera. Sino, ¿que sentido tiene?

88 minutos (88 minutes – Alemania, EU – 2007 – Jon Avnet)

No mucho que escribir. Thriller berretísimo, a la altura de esos que solían dar los Sábados por la tarde en la pantalla de Canal 9. Que tiene estreno en pantalla grande, se entiende, solo por que actúa Al Pacino. ¡Bah! Actúa... actúa es una manera de decir, por que el tipo solo hace de él mismo. O sea, pone la caripela y a cobrar. Y los ochenta y ocho minutos son apenas un gancho publicitario. Un engaña pichanga. ¡Malísimo! El punto que le pongo es solo por las minas que aconpañan a Pacino y que están para partirlas a todas. Calificación: 2

Los falsificadores

Segunda Guerra Mundial, Holocausto y Oscar. Viejos amigos.

Los falsificadores (Die Fälscher - Alemania, Austria - 2007 - Stefan Ruzowitsky)

De La lista de Schlinder para acá, ya son tres las películas sobre el Holocausto que ganaron el premio Oscar en menos de quince años: La vida es bella, El pianista, y en esta última entrega, Los Falsificadores. Y más allá de importar si fueron justas ganadoras o no de la estatuilla, lo que tal vez deja claro esto es que el Holocausto es un tema de tanta delicadeza y que implica tanto respeto, que muchas veces atenta contra toda distancia critica. Nadie puede discutir la calidad de La lista de Schlinder, una de las obras maestras de Spielberg; pero la de Roberto Benigni se trata de una película canalla, El pianista no esta ni por asomo entre lo mejor de Polanski, y la última de la lista, la que aquí nos convoca, simplemente se trata de una obra correcta, probablemente destinada a permanecer en la memoria de los espectadores por muy poco tiempo. Es cierto, hubo otras que trataron el tema y que no lograron lauros ni trascendencia. Allí están El noveno día de Volker Schlöndorff, la inédita The grey zone dirigida por el actor Tim Blake Nelson, o telefilmes como Insurrección de Jon Avnet. Pero también es cierto que varias de aquellas que apenas se despegaron de la medianía y lo televisivo, lograron ser sobrevaloradas por público, premios, y buena parte de la critica. Digámoslo, el Holocausto, como otros temas de símil importancia, ha sabido ser una ayudita para que algunos realizadores consigan lo que no hubieran conseguido de ninguna otra manera. ¿Acaso la Academia se hubiese amigado alguna vez con Polanski sino fuera gracias a esto? O fíjense como le fue a Benigni cuando quiso repetir la formula de La vida es bella pero mudándose de contexto a Iraq en ese esperpento titulado El tigre y la nieve. O mejor, alquilen en video Anatomia y averigüen en que andaba antes Stefan Ruzowitsky.

Ya que estabamos con El pianista, lo que cuenta Los falsificadores es muy parecido a la de Roman: la historia de judíos que sobrevivieron a los campos de concentración nazi gracias a un virtuoso desempeño de sus oficios. De hecho el tagline de una es “Music was his pasión. Survival was his masterpiece” y el de la otra “It takes a clever man to make money, it takes a genious to stay alive”. Con la gran diferencia que allí donde Polanski decidía narrar con una mirada distante y fría, Ruzowitsky opta por una mirada que nos coloca dentro del infierno mismo de la guerra. Su cámara sigue e imita gran parte del tiempo el punto de vista de sus protagonistas en los claustros de Auschwirz y Sachsenhausen y registra las miserias de estos lugares siempre desde lo que pueden capturar sus ojos, nunca reencuadrando de forma abyecta. Por eso todas las desgracias de los campos que se pueden percibir son las que pueden percibir también los personajes y muchas de estas suceden fuera de cuadro. Como en una de las mejores escenas de la película, en la que los protagonistas oyen como ejecutan a un prisionero a través de una pared. Otra diferencia, es que mientras El Pianista se reducía a una historia de supervivencia, Los falsificadores pone en el centro de la cuestión otro tema: la dignidad humana. Sorowitsch y su grupo de colegas deben plantearse entre obedecer las ordenes nazis impirmiendo dinero trucho o contradecirlas, evitando así seguir financiando la guerra. Y es tal vez en esta ambiguedad que propone donde la película pierde bastante. Sorowistch es un falsificador, un delincuente, y si bien tanto él como el resto de sus compañeros (la mayoría no criminales) nunca son condenados por esto, el director tampoco se arriesga en ponerse de lleno del lado de ellos. Razones por las cuales la película no logra una total empatia entre el espectador y los personajes y, por lo tanto, termina así por perder una buena carga de intensidad dramática. Esto se ve reflejado en la puesta en escena: hay más de un momento en que la cámara abandona el punto de vista de los prisioneros y toma el de los soldados nazis, como también se ubica en algunos lugares neutros (en algunos casos, casi como increpando a sus personajes). ¿Acaso un delincuente como Sorowistch no tenía el mismo derecho de vivir que cualquiera de los otros? ¿Acaso les quedaba otra opción a estos personajes más que seguir falsificando? ¿Acaso el director o nosotros mismos no hubiésemos hecho lo mismo en la situación que les tocó vivir? Seguir falsificando libras esterlinas y dólares para el nazismo y así, tal vez, seguir financiando su maquinaria de muerte, era un riesgo que estos personajes debían correr.

Y el indicar que se trata de una película correcta, es por todo el potencial que desaprovecha su director. Volviendo a lo señalado en el final del párrafo anterior, es por eso mismo que nunca se alza como una buena película de género, algo que también hubiera podido ser sin dejar de ser lo otro: una película respetuosa con el Holocausto y sus victimas . En Los falsificadores casi no hay tensión, aunque la muerte sea inminente en cada tramo de la historia. Porque no se nos involucra enteramente con los personajes. Por que no esta lograda desde la puesta en escena. Así es que se pierde ser una buena película de suspenso, como lo era, por ejemplo, Infierno 17 de Billy Wilder con sus soldados prisioneros a merced de la monstruosa maquinaria nazi. Y otro potencial que desaprovecha la película es, al tratarse de falsificadores, el del propio cine como falsificación misma. Aquello explorado por Orson Welles en F de Falso y también por algunos otros. En cambio, Stefan Ruzowitsky decide evitar riesgos y acudir a refugio de lugares seguros: lo verídico, lo ambiguo, el tema importante. El Oscar brilla en el living de su casa. Calificación: 6

Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal

Antes de empezar con la película, dos cuestiones. La primera, amo a Indiana Jones, pero no puede ser que su arribo a las salas sea tan masivo y tan invasivo que haga posponer a casi todo el resto de las películas con pretensiones de estreno para su mismo Jueves (salvo, claro, la de Tornattore, pensada para un público geronte). Una vez más: las cantidad de copias con que un tanque ingresa al mercado debería ser regulada por quién tiene la obligación de hacerlo. Segunda cuestión: otra vez subieron el precio de las entradas de cine. Fui a ver la película al Village de Caballito y me cobraron 15$ gracias a que tenía un cupón de descuento, sino, me hubieran cobrado 20$ cuando hace quince días había pagado 12$ en las misma condiciones. Estamos hablando de un 25% de aumento muchachos. Encima entre los trailers pasaron un spot antipirateria protagonizado por el robot Wall-e. ¿Pero qué mierda quieren con esos precios, que la gente no consuma copias truchas? ¿Qué vea cine apenas una elite cultural de la que seguro no vamos a formar parte? Insisto, amo Indiana Jones, amo el trabajo de Spielberg, amo ir a ver películas a una sala en excelentes condiciones de proyección; pero cuando a uno lo acorralan y no le dejan opciones, cuando todo viene a caballo de un imperialismo feroz; la relación que uno pueda tener con el séptimo arte se tiñe de un sabor agridulce, amargo, feito.

Hay que pelear por un cine popular, ¿por que de que se trata sino Indiana Jones? Con precios y opciones de cartelera para todos. ¡Pónganse las pilas la concha de su madre!

Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal (Indiana Jones and the Kingdom of Cristal Skull - EU - 2007 - Steven Spielberg)

En el momento en que la película llega a esa inigualable persecución por la selva peruana -esa entre los rusos de Cate Blanchett y la familia Jones- sentí ese gustito especial, aquel que no sentía desde hace muchísimo muchísimo tiempo. Aquel mismo que después de terminar de ver la tercera de la saga de Indiana, La Ultima Cruzada, nunca más pude hallar por ningún otro lado. Hubo gustitos parecidos, sensaciones que casi nos engañan, intentos esporádicos por imitarlo. En la era de las videocasateras tuvimos Tras la Esmeralda Perdida y Las minas del Rey Salomón; en la era de la digitalización: La Momia y Piratas del Caribe. Pero no, nada se le asemejaba. Lo que habían logrado Lucas y Spielberg de la mano de Harrison Ford era la formula de la Coca Cola. La formula del cine de aventuras hollywoodense por excelencia. Uno de los máximos logros del capitalismo moderno. Hubo Pepsis, Cunnington Cola, Cordoba Cola; pero nunca Coca Colas. Nunca más ese sabor inimitable con el cual muchos nos criamos y siempre habíamos intentado repetir en una sala de cine. Claro, hasta ahora.

Ante todo, quiero destacar que El Reino de la Calavera de Cristal no me parece la mejor de la serie y que si tuviera que hacer una tabla de posiciones muy probablemente la colocaría cuarta, tal como su número lo pide. Pero esta muy bien, no desentona, tiene el mismo estándar de calidad. Y tiene eso que parece fácil, pero es muy difícil: es un relojito, una máquina narrativa perfecta, no cae jamás de los jamases. Tildar de clásicas a las Indiana Jones puede ser complicado; pero si hay algo que hace esta película, tanto como sus antecesoras, es ser creyente en el Relato, en la Aventura, en el Cine; y todo con mayúsculas. Muy a diferencia de los grandes regresos de estos últimos tiempos, como el de Duro de matar o el de Rocky , la bueno de esta película es que no es revisionista, ni autoparodica, ni revanchista, ni nada de eso; sino que sigue la línea de sus antecesoras como si hubiesen pasado dos años desde que se terminó de filmar La Ultima Cruzada (a mi gusto, la mejor de todas). Y esto es por su confianza ciega en todo lo que señalo. Por que tanto Spielberg como su gente saben que temas como el Caso Rosswell, las expediciones de Pizarro hacia El Dorado, o la Guerra Fría son temas interesantes por sí solos si uno los sabe llevar bien. Como también una persecución por una selva o una expedición por una gruta indínega puede ser divertidísima si esta bien filmada. Sí, hay algunos guiños en esta última entrega. El hijo de Indiana se cuelga de lianas como su padre en el inicio de El Arca Perdida, y etc, etc, etc (cada uno tendrá en la cabeza los suyos). Y sí, también es nostálgica, pero... ¿como no serlo? Pero a cambio, y muy importante, no es nada pretenciosa. Ahora, esto en el año 2008 puede parecer poco, pero no lo es. En absoluto. Hacer una película como esta: respetuosa, noble, y de apariencia simple sigue siendo un logro difícil de imitar. Y que algunos se quejen, pero para mi esto para ya es demasiado.

A celebrarlo, volvió Indiana Jones, hay fernet y tengo una Coca Cola en la heladera. Calificación: 8

TOP MANTA: Mi Neurosis



Aquí nuestro primer video dirigido para una banda de rock, los ascendentes TOP MANTA. No soy muy partidario de que lo vean por Youtube, ya que nos hemos pelado el culo iluminando y haciendo todo lo posible para que se vea en la mejor calidad, pero bueh... sirve como difusión. Si lo quieren ver como Dios manda, pueden pasarse por casa que los invito con un fernet.

La técnica: fondo negro, lucecitas navideñas y todo el talento de Paula Funes al mando del After Effects.

Bajo anestesia

Y sí... para que te guste esta película la verdad es que tenes que estar anestesiado.

Bajo anestesia (Awake – EU – 2007 – Joby Harold)

Bajo anestesia es un caso de cine de slogan. Da la sensación de que algún productor se topó con uno bueno –que en este caso es “Cada año una de cada setecientas personas se despiertan cuando le dan anestesia total”- y dijo: dale para adelante que total lo demás... bueno, lo demás no importa, llamamos a un par de estrellitas, escribimos un guión firuletero y listo. A pesar de lo inquietante que puede resultar la estadística citada, en Bajo Anestesia no hay suspenso, ni terror, ni garcha. El personaje de Hayden Christensen se despierta de la anestesia durante un transplante de corazón pero esto no esta resuelto ni con una sola idea cinematográfica. Este pibe se levanta en una especie de realidad alterna y comienza a deambular por momentos y lugares de la trama de la manera más arbitraria y cualunque que existe, con el fin de darle al director la oportunidad de resolver todo de una manera bien canalla. La película hasta es engañosa desde un principio, con el uso de la voz en off del personaje de Terence Howard que se nos confiesa como amigo y después es todo lo contrario. Y lo peor es que no hay en todo el metraje un personaje que interese al espectador: los que asoman en un principio como queribles terminan siendo los malos, y aquellos con los que es imposible de generar empatía terminan siendo los buenos. ¿Que identificación se puede conseguir a partir de un protagonista multimillonario, apegado a su madre, que habla japonés y tiene cero carisma? Es claro: un cine que se precia de piola pero que de piola no tiene un sorete. O apenas, solo un slogan. Calificación: 2

Retrato de amor

Película de época. Actúa Keira Knightley. Uno se ilusiona.

Retrato de amor (Silk – Canada / Francia / Italia / Japón / Reino Unido – 2007 – François Girard)

La profesión del protagonista se podría decir que es la de gusanero: el muchacho se encarga de viajar por el mundo con el objetivo de conseguir huevos de gusanos para la producción de seda. Pero por más interesante que pueda sonar esto, la película es todo lo contrario. Otra historia de cruce de culturas, de amor prohibido contada de la manera más fría y chata posible. Qualite, exotismo... un bodrio. Esta película es la prueba rotunda de porqué directores como Joe Wright tienen que cotizar millones. Ya que ponerlo al lado de François Girard es como querer comparar a un delantero como Messi con otro como Del Orte: falto de talento, de pasión, de desequilibrio, de magia, de espectáculo. Fíjense lo que les digo, lo mejor de la película es que Keira Knightley muestra las tetas. Y eso que la chica casi no tiene. Calificación: 3

Meteoro

Si bien de momento ni la taquilla ni las criticas son muy favorables a la última película de los Wachowski, creo que se trata de la manera ideal en que debía ser adaptada la tira.

Meteoro (Speed Racer – EU – 2008 – Andy Wachowski, Larry Wachowski)

All you need is pop. Esto lo señalo alguna vez El Salmón y lo mismo parecen creer los Hnos. Wachowski. Meteroro es una película pop, totalmente pop, bellamente pop. Sus vívidos colores, sus primeros planos empapados en fluorescencia, sus mercancías Royalton multiplicadas por doquier son algunos de los elementos que fácilmente nos pueden conectar con el Pop Art de Andy Warhol o Roy Lichtenstein. Por otro lado, los Hnos. se encargan una vez más de procesar y combinar la cultura popular toda: carreras de autos, música techno, anime desaforado, luchas de catch, parques de diversiones, mafia italiana, etc, etc, etc. Meteoro no es tanto una película sobre el mundo de los fierros, sino eso: cine pop. Por eso sus circuitos no se parecen a pistas de verdad sino a montañas rusas, y los coches no responden a otra lógica más que a la de la irrealidad. Y tal vez el secreto para disfrutarla resida en entender esto mismo.

Al contrario de muchas de las adaptaciones sobre series de dibujos animados que Hollywood produzco últimamente, Meteoro no traslada el mundo del cartoon al mundo real, sino que apuesta a la operación inversa. Se trata casi de un dibujo animado pero protagonizado por seres de carne y hueso. Con una gran virtud, el respeto por el mundo que representaba el material original con todas sus reglas incluidas. Acá no se trata de los Transformers invadiendo el mundo de los hombres (o mejor dicho invadiendo EU), sino de los hombres invadiendo el mundo del color, de la fantasía, de la libertad. Y los Wachos aprovechan todas las posibilidades que el universo de la animación propone. Ahí están los delirantes y divertidísimos momentos protagonizados por Chito y Chispita perseguidos por los pasillos de Royalton o fusionándose en animes a lo Dragon Ball Z, o la excelente secuencia de apertura en el que un Meteoro niño se imagina en una carrera de autos pintada por sus propios trazos. Esto explica la decisión de los directores por filmar todo (o casi todo) en green screen. Aunque hay que resaltar que los Wachos han ido más lejos que George Lucas o Robert Rodríguez en materia de cine hecho en galpones, aprovechando esta técnica para lograr un montaje totalmente innovador. Eso sí, las reglas propuestas son claras y no tramposas, se sigue tratando de seres de carne y hueso en un mundo animado. Tuvimos a un Scooby Doo diseñado en CGI, a un Garfield diseñado en CGI, pero acá el mono Chito es un mono chimpancé posta posta. Y son tanto Chito como Chispita los que se afanan la película.

Ahora bien, muy a pesar de que Meteoro es una película basada en los de efectos especiales, en el vértigo y en el marketing, hay en ella una historia que vale la pena ser contada. Eso que no había en Transformers y en tantas otras pedorreadas que nos han sabido vender en los últimos tiempos. Además de contar una historia familiar que esta bastante bien llevada, los Wachos, como lo hicieron ya en la trilogía de Matrix y en el guión de V de Venganza, vuelven a contar la historia de un personaje que plantea una revolución contra el orden establecido (y ojo, con esto no pretendo postularlos como autores). Aunque hay que decir que la revolución que propone Meteoro contra las corporaciones en pos de las PYMES familiares y la independencia económica, no deja de hacer ruido. Ya que sus realizadores trabajan para una major voraz que tiene negocios multimillonarios desde la producción hasta la distribución, y con esto hablo de Warner-Village. Aunque sí, por otra parte, esta revolución puede ser pensada como acompañamiento tanto a la innovación estética que propone la película como a una ruptura frente a cánones cinematográficos, por lo menos en lo que a adaptación de tiras animadas se refiere. Y es gracias a todo esto, y al hecho de que los muchachos han dejado la filosofía barata de sus trabajos anteriores de lado y se han tomado las cosas menos en serio, que dan su película más feliz y estimulante hasta la fecha. Y sí, como suele suceder en estos tiempos, muy bien parece que no les esta yendo. Calificación: 8

Los dueños de la noche

Otra vez la realidad ha superado a la ficción. Estuve pensando en antecedentes cinematográficos sobre personas que han mantenido a otras bajo llave por muchísimo tiempo (se me vinieron a la cabeza El enigma de Kasper Hauser de Herzog y Oldboy de Park Chan-wook) y nada supera en imaginación el caso del austriaco Josef Fritzl. Por favor: ¡quiero ya su película!

Los dueños de la noche (We own the night – EU – 2007 – James Gray)

Al igual que la reciente Antes que el diablo sepa que estas muerto, Los dueños de la noche se trata de un policial que narra sucesos más bien convencionales dentro del género. En el caso de la de Lumet, un choreo a una joyeria que sale para el orto, en la de Gray, el enfrentamiento entre la ley y la siempre guachísima mafia rusa. Nada fuera de lo común. Pero lo que las hace fuertes tanto a una como a otra son la manera en que los lazos familiares se entremezclan en sus tramas. Padres, hijos, hermanos, todos se ven metidos en el quilombo; y es gracias a esto que cada uno de los lugares comunes que repiten se dotan de una dosis melodramática, de una intensidad que las hace distintivas. Redadas policiales, operaciones encubiertas, tiroteos; cada escena de Los dueños de la noche vale más por los gestos de cariño con que el personaje de Robert Duvall trata a sus dos hijos, o como estos dos mismos hermanos pelean por dejar de lado sus diferencias, que por cualquier otro cosa. Es que si uno revisa la filmografía de Gray –que se completa con Una cuestión de sangre y La Traición (la cual también cuenta con la dupla Mark Wahlberg / Joaquin Phoenix)- descubrirá que lo que más le interesa a este director son los lazos sanguíneos y como la idea de familia determina la identidad de sus personajes. Se puede ver algo reaccionario en la película. Puede ser. Pero creo que más que tener una mirada conservadora, tradicionalista sobre la familia, la película lo que hace es señalarla como un lastre, como un peso al que tarde o temprano es imposible de eludir. Es claro, el mundo cálido (reparen en las elecciones fotográficas), divertido, interesante, es el mundo de la noche, el mundo de la marginalidad, el mundo de la familia adoptiva. Para el personaje de Wahlberg tener que alejarse de esto es un bajón, es trágico. Y Gray acompaña lo que le pasa, como si también lo lamentara. Con cada alejamiento de este personaje su película pierde erotismo, nostalgia, onda. Abandona la sensualidad desbordante de Eva Mendez, las canciones de The Clash, Blondie y David Bowie que tan buen aire le dan. Pero, y por otro lado, al centrarse en la familia sanguínea y sus inevitables consecuencias, se vuelve realmente emocionante.
Resumiendo, se trata de un policial de corte clásico, con buenos y malos bien definidos, situaciones predecibles y fuertes componentes melodramáticos; que no por todas estas características deja de ser enormemente atrapante. Hay una persecución de coches bajo la lluvia que seguramente estará entre las mejores escenas del año. Calificación: 7

El inadaptado

Aquí va la primera critica escrita para http://www.cineismo.com/ ,un sitio que recomiendo por la calidad de los articulos de quienes escriben ahí, entre ellos, los del amigo Marcos Vieytes.

Pero antes, una anecdota: fui a ver la película que viene a continuación a la última función de un Domingo al Arteplex de Caballito. Resulta que la función se suspendió por que yo era el único espectador de la sala y esto no alcanzaba para comenzarla. ¡El único! ¡Domingo, diez de la noche! ¿Lo pueden creer? Me tuve que volver a mi casa sin película y con una crisis existencial digna de un personaje de la Nouvelle Vague. Crisis de la cual solo pude salir gracias a un cuarto de helado artesanal de Bambini y su dulce de leche bombón. Esto va en serio: el cine como lugar, como evento, como rito, se nos esta muriendo.

El inadaptado (Den Brysomme mannen - Noruega / Islandia - 2006 - Jens Lien)

El mundo (o infierno) que describe El inadaptado es gélido, aséptico, mortuorio. Uno donde los seres que lo habitan han perdido su capacidad de sorprenderse y emocionarse. Donde se han vuelto impermeables a la sangre, al dolor, a la muerte; donde ni siquiera los conmueve hallar un cadáver en la calle, perder un compañero de trabajo, o terminar una relación amorosa. Un mundo con humanos pero carente de humanidad, casi como aquel planteado hacia el final de Los usurpadores de cuerpo por un nuevo orden extraterrestre. Un mundo, que parece decirnos Jens Lien y su guionista, se parece cada vez más al mundo moderno, ese que nos toca vivir día a día.

Andreas -el protagonista del film- llega allí luego de suicidarse (o querer suicidarse, lo mismo da) arrojándose a las vías del metro después de observar perturbadoramente durante un largo rato como una pareja se besa en la estación (comiendose uno a otro como si se tratase de dos zombies de una película de G. Romero). Lo transportan en un micro en el que viaja él solo y lo depositan allí, a las puertas de una ciudad donde lo reciben con un departamento, un empleo, la posibilidad de conocer mujeres y todo el paquete armadito. Una vez en este lugar, le toca habitar espacios etéreos, compartir charlas intrascendentes con sus compañeros de oficina, cenar platos desprovistos de gusto y aroma, y coger con su novia siempre en la posición misionera (posición vulgar y rutinaria si las hay). Y lo peor: soportar que toda la gente que lo rodea le manifieste insólitamente ser feliz bajo esas condiciones. Hasta que, pronto, se pudre.

La incapacidad de adaptación de este Andreas, o su rebelión, surge ante la tendencia del mundo moderno por hacer de todo algo homogeneizado y pasteurizado (no por nada la estación de servicio donde lo esperan en el comienzo es marca “Standard”): la arquitectura, las mercancias, las relaciones humanas. Por eso, durante el climax del relato, persigue el olor de un plato que sospecha como artesanal, abundante, sabroso, único. La película nunca arroja hipótesis sobre el por qué de este estado de las cosas (esto tal vez halla que buscarlo en otras, como el reciente documental Mondovino, que ahonda específicamente en la cuestión de la standardización de la producción vitivinícola a partir del neoliberalismo y la globalización), pero sí, ofrece una mirada melancólica hacia la necesidad de plantarse frente a esto. A esos temibles y tan presentes “da lo mismo” o “esta todo bien” bien tipicos de la posmodernidad que son hoy la reacción común ante cualquier fenómeno, ya sea positivo o negativo.

Es cierto que lo que plantea El inadaptado no es ni muy original ni muy novedoso: su Andreas recuerda bastante a aquel Sam Lowry de Brazil de Terry William perdido entre tareas burocráticas y una sociedad indiferente, como la imposibilidad de escaparse de su infierno a pesar de llegar hasta el acto del suicidio, hace pensar en el Bill Murray de Hechizo del tiempo. Pero sí, hay que decir que no por eso deja de ser interesante como parábola de lo que sucede en la actualidad, especialmente, con la vida en las ciudades. Y lo hace con coherencia: con actores que contagian la languidez necesaria a cada uno de sus personajes, con una iluminación que da la sensación de estar todo el tiempo dentro de una heladera, con una banda sonora que genera climas terroríficos (originalmente su guionista, Per Schreiner, concibió el texto como una pieza radiofónica de terror), con una cámara colocada siempre a la distancia prudencial.

Y con todo esto Jens Lien tal vez no logra un plato copioso en matices, sabores y sensaciones, como el que busca su protagonista (sin encontrar nunca) y como el que parece anhelar su película para el mundo en que vivimos. Pero también es cierto que con medidos y escasos condimentos, como lo son sus escenas netamente surrealistas, su explicitez gore, y su humor negro, dista bastante de ser uno de esos platos insípidos, inodoros e incoloros que son muchos de esos que nos suelen llegar rutinariamente todos los Jueves. Calificación: 7

Tropa de Elite

Cuando hace unas semanas termine de ver la película que viene a continuación, sentí que me estaba perdiendo algo, que le estaba prestando una lectura errónea. Millones de espectadores, premios en Europa, buen puntaje en sitios importantes: estas eran algunas de las causas que me hacían desconfiar de mi mismo y preguntarme si no era que la estaba entendiendo mal; ya que hasta entonces me había parecido absolutamente nefasta. Pasaron los días, y para mi tranquilidad, toda duda quedo disipada cuando me comentaron que fragmentos de la misma eran utilizados en el Canal de Noticias C5N, el canal de Danielito Hadad, con el objetivo de ilustrar una fuerza policial ejemplar: más dura, más efectiva, menos corrupta. Claro, esa que para muchos es necesaria en Buenos Aires para que se acabe de una vez por todas ese maldito tema de la inseguridad que tanto nos tiene preocupados.

Y sí, siniestramente, su estreno se da a poquito nomás de que la Policía Porteña Macrista irrumpa en nuestras calles.

Tropa de Elite (Brazil – 2007 – Jose Padilha)

Recuerdo pocos casos en los cuales el uso de la voz en off juega tan en contra a una película como en este caso. En Tropa de Elite este recurso esta omnipresente, asfixiando las imágenes, explicitando lo que le pasa a los personajes, obligándonos a interpretar todo en una sola dirección. Un factor que pareciera hablar, en principio, de la incapacidad de un director para narrar a partir de cada plano. Padilha y su cámara están ahí, pero pueden estar en cualquier otro lado: dos metros a la izquierda, en plano general, arriba de una grúa o donde garcha sea. El criterio en la puesta escena es nulo, ya que lo mismo da, por que elige contar todo desde otro lugar: desde el montaje, y por sobre todo, desde esa fucking voz en off que nunca se calla. Ahora, lo raro, es que tengo muy buenas referencias de Ómnibus 174, el anterior largo de Padilha, el cual no pude ver. Lo que puede indicar que tal vez no estemos ante un realizador incapaz, sino ante algo peor: ante un tipo que cree que su público es tan estúpido e inferior que tiene la necesidad de que todo se lo expliquen y lo hagan en voz alta. Algo que considerando el carácter fascistoide de la película, se hace un poco más verosimil.

Tropa de Elite funciona como una celebración, como una publicidad de casi dos horas de duración sobre la BOPE: un grupo de elite paramilitar entrenado especialmente para combatir el narcotráfico en la favelas de Rio de Janeiro. Esta BOPE es dura, incorruptible, impiadosa e implacable en la lucha contra el crimen, y tiene licencia para torturar y matar sin ningún tipo de cuestionamiento. Ok, lo mismo se da en personajes como James Bond, pero la diferencia es que acá, lo que se vende, es la Realidad misma. Y esto es lo extremadamente molesto, como también lo era en Ciudad de Dios, película con la que todo el mundo relaciona esta. Pero si en Ciudad de Dios lo que jodía era la manera cool en que se mostraba una realidad para nada cool, en TdE es el discurso ultraderechista, hijo de puta y vigilante con que se lo hace. Si Ciudad de Dios es la realidad de la Villa del Bajo Flores o de Dock Sud contada por algún boludo palermitano que hace videos para MTV, en TdE lo es pero contada por un Bloomberg o un Hadad. La BOPE mata y después pregunta, al pobre y al narcotraficante hay que meterle bala por que son malos y su maldad es innata, nada tiene que ver con la condición en que viven. ¿Se pueden imaginar lo que sería un cuerpo de Policia como este en nuestro país? Hay un solo momento en que la película parece cuestionar su proceder. Es cuando en una redada la BOPE mata a un pibe y luego tortura a otro hasta que le canta el aguantadero de su jefe. A partir de esto, en una escena siguiente, la madre de este pibe torturado se presenta al protagonista de la película y, cual Priamo ante Aquiles, le pide por favor el cuerpo de su hijo desaparecido. Desaparecido a mano de los propios narcos por haber cantado su ubicación y traicionarlos, cuando no le quedará otra por que sino lo mataba la propia BOPE. Ahí parece que la cosa va tomar otro tono, que se va a despertar un drama sobre la miseria, el crimen y la culpa alla Dostoievsky, y donde se va a reflexionar sobre la condición humana. Pero no, estos miembros de la BOPE, con el protagonista de la película a la cabeza, reafirman su violencia y su posición haciendo un par de submarinos secos y dejando algunos cadáveres en el camino hasta dar con el cuerpo del pobre pibe este. Lo llamativo es que la película empieza con una frase de Stanley Milgran que dice que no es el carácter de una persona la que determina como actúa, sino la situación en la que se encuentra. Lo que pareciera indicar que la película de Padilha cree que fenómenos como la delincuencia y la corrupción son ante todo un problema estructural, en el sentido marxista. Pero tanto la BOPE como la película en sí nunca le da a sus personajes una posibilidad de redimirse, o de salir de la situación que los ha convertido en lo que son, sino que acaba con ellos y lo hace de la peor manera: cruelmente, a sangre fría y gatillo fácil. Nunca plantea o reflexiona el hecho de que los malos son malos por todo lo que les ha tocado vivir. Por lo tanto, se trata de una mentira absoluta. Un cine de gente que cree que la violencia se acaba con más violencia, que cree y reafirma a países partidos en dos en donde a los ricos no les queda otra salida que hacerle la guerra a los pobres, y así, viceversa. Y que esta convencida que la solución al problema no es la inclusión social sino la imposición de más mano dura. Muchachos: ¡guarda con fumarse un porro a ver si los agarra la BOPE! Calificación: 1

Corresponsales del peligro

Habrá desabastecimiento de carne, verdura y granos, pero no de EL ODIANTE.

Corresponsales del peligro (The hunting party – EU / Croacia / Bosnia – 2007 – Richard Shepard)

Corresponsales del peligro parte de una pregunta, un poco ingenua, que muchos alguna vez nos hicimos: ¿por qué no ir y acabar directamente con los Saddam Husseim o los Bin Laden del mundo si tanto mal le hacen a la humanidad? Total, nos dice, como también nos hemos dicho a nosotros mismos en más de una ocasión: a EU y a los países de bien les sobra inteligencia y capacidad militar como para hacerlo. La película indaga en este planteo, como también en otros temas importantes: la guerra, el deber del periodismo, el fino limite entre ficción y realidad, etc; y lo hace con frescura, con humor, con agilidad. Con una fotografía colorida y una puesta en escena que coquetea con lo videoclipero y lo publicitario; un poco a la manera de la reciente El Señor de la guerra, aunque sin el cinismo y el exceso de canchereo de aquella. Hasta acá todo bien, el problema es que con el correr de su relato cae en el más puro convencionalismo, tanto como para resolver situaciones como para justificar a sus personajes; lo que la va tornando cada vez más liviana hasta lograrla aburrida e intrascendente. Que el personaje de Richard Gere busque al tiránico de turno y se enfrente a las grandes cadenas de noticias, no por ideales, sino por que le mataron a su jermu (lo que es caer en el lugar más común del melodrama), pega para atrás. Y hay tantos momentos de esos que uno dice “esto ya lo vi en otro lado y no me puedo acordar donde” (ejemplo: cuando el pendejo hace zafar a los dos protagonistas haciéndolos pasar por miembros de la CIA o cuando el personaje de Gere reconoce a un viejo amigo segundos antes de que lo ejecuten) que la convierten en una pavada más, superficial y carente de riesgo. Pavada simpática, entretenida, de esas que amagan en algunos momentos con convertirse en algo interesante, pero pavada al fin. Calificación: 4

Viaje a Darjeeling

Vi hace unos días Petroleo Sangriento en el cine, lo que recomiendo que hagan todos aquellos que no lo hicieron todavía. Ya que tanto Paul Thomas Anderson director, como Daniel Day Lewis actor, son personas cuyo trabajo es de una grandilocuencia tal que solo puede ser bien apreciada en pantalla gigante. Terminada la proyección, estuve como dos horas hablando y gesticulando como el petrolero Daniel Plainview, y la película me dejó tan anonadado que no se que escribir, mas que un: ¡me encanto! Así que por ahora va la del otro Anderson amigos.

Viaje a Darjeeling (The Darjeeling Limited – EU – 2007 – Wes Anderson)

En su quinta película Anderson cambia de escenario viajando a la India, pero sin embargo, vuelve a repetirse. Desde lo temático: otra vez una familia disfuncional, otra vez conflictos entre hermanos, otra vez un padre ausente. Desde lo formal: fotografía colorida, ralentis, y la cámara puesta como siempre la supo poner. Hasta hay repetición en algunos detalles, como la presencia de un juego de maletines en escala. ¿Esto esta mal? No, para nada. Ser un autor como lo es él implica constancias tanto en un nivel como en otros. Lo que no deja de convencer del todo es que su última película nunca llega a tener eso que tanto han sabido tener sus trabajos anteriores incluso hasta Vida Acuatica. Eso que los hacían únicos, enormes: la emotividad. Y es porque en Viaje a Darjeeling los personajes nunca llegan a ser tan entrañables como los de Tres son multitud (Rushmore). O por que la elección del cancionero popular por parte del director tiene aciertos, pero no hay de esos temitas que erizan la piel como lo hacían Needle in the Hay de Elliot Smith o Hey Jude de The Beatles en Los Excéntricos Tenembaum. O por que las cámaras lentas están ahí pero nunca tienen el relieve que tenían, por ejemplo, en la escena final de Bottle Rocket con el personaje de Owen Wilson perdiéndose entre las rejas de una prisión. La película quiere, apunta al corazón, lo busca de a ratos; pero todo efecto que intenta conseguir en el espectador parece forzado, como que nunca surge naturalmente o de la mejor manera. Un buen ejemplo de esto es el modo abrupto en que sucede en pantalla el accidente que sufren los tres chicos indios en el rio a mitad del metraje. O el dialogo impostado que intercambia el personaje de Jasón Schwartzman a traves de una ventanilla con la camarera del tren, en el cual le dice cosas como: “Gracias por utilizarme”. Hay momentos placenteros en Viaje a Darjeeling, hay mucha belleza para los ojos (el diseño de producción, como siempre en el cine de Anderson, cuidadísimo hasta en el detalle más insignificante) y también hay, sigue habiendo, un autor querible. Aunque acá, no en su mejor forma. Calificación: 6

Nota: La edición en DVD Zona 1 viene con un cortito titulado Hotel Chevalier que sirve como prefacio a la película. No agrega mucho, pero es lindo de ver. Entre otras cosas esta Natalie Portman con la bombachita baja.

Rambo: Regreso al infierno

Siempre opine que el mejor lugar para ver una película es una sala de cine. Aunque hay muchas que si me dan a elegir prefiero el living de casa, cerquita de unas birras bien frias. Como con la que viene a continuación, que hasta tiene duración de telefilme: escasos ochenta minutos, y eso contando los títulos.

Rambo: Regreso al infierno (Rambo – EU / Alemania – 2008 – Silvestre Stallone)

El Sábado fui a un asado de amigos, y allí, alguien deslizó el comentario de que la película en cuestión es uno de esos extraños casos donde la ficción supera a la parodia. Es decir, a sus propias parodias. Algo bastante cierto: el rostro deformado de Stallone parece una mala caricatura de si mismo, hay tanta cantidad de carne picada y achura que recuerda a cualquier delirio gore de Peter Jackson, y tiene momentos tan de comedia involuntaria, que si uno se toma un par de tragos, se puede reír más que con cualquier momento de Hot Shots 2 o de Rambito y Rambón. Pero en realidad, terminada la película, uno se da cuenta que todo esto no es nada gracioso, sino más bien un poco triste. Ya que Stallone había tenido el epilogo perfecto para su carrera con Rocky Balboa, con la que se había amigado con el público y la pantalla, y con la que se había reivindicado tanto como personaje y como actor. Ahora quedó empantanado otra vez en la mierda, con una película carente de ideas, carente de carisma, y por sobre todo, absolutamente innecesaria. Calificación: 2

Sin lugar para los débiles

Los premios Oscar son cualquiera. Sí, lo se, no es nada peregrino señalarlo. Como premiación tiene cada vez menos prestigio, y como evento, cada vez menos emoción. ¿Cómo es que para la última edición nominan a Cassey Affleck como actor de reparto cuando su personaje en El Asesinato de Jesse James tiene más protagonismo que cualquier otro? ¿Cómo es que culminan el obituario con Heather Ledger sin decicarle antes unos minimos segundos a Brad Renfro: también joven, también prometedor, muerto casi al mismo tiempo y casi en las mismas circunstancias? (¡Que hijos de puta!) Cualquiera, sí, ninguna novedad. Lo que me preocupa es que hay actitudes en la premiación de los Oscars que se repiten casi de la misma manera en el público y hasta en la cinefilia actual. Hace pocos días pude ver Desaparecio una noche, debut tras las cámaras de Ben Affleck y una gran película, que para ser una adaptación de Dennis Lehane funciona bastante mejor que Rió Místico de Clint Eastwood. Cuando comenté a amigos y conocidos, cinéfilos y no tanto, lo mucho que me había gustado la película, varios me salieron con algo parecido a esto: “¡Naahhh, Ben Affleck, estas cada vez más enfermo Juan!”. Y los mismos que me dijeron esto son los que le prestaron buena atención a Rió Místico al momento de su estreno. Esa misma diferencia en la recepción de ambas películas se percibió en los Oscar. ¿Cuantas nominaciones recibió Desapareció una noche? Una, y apenas. ¿Cuántas Rió Místico en su oportunidad? Unas cuantas. Claro, una la hizo un tipo consagrado como Eastwood, la otra el boludo de Pearl Harbor. A lo que quiero llegar con esto, es que mucho de eso que es tan obvio y siempre se le critica a los Oscars, a veces se trata de lo mismo que practicamos nosotros como espectadores: la pereza, el preconcepto, el juicio mecánico e irreflexivo, la falta de riesgo.

La de Ben Affleck también me gusto mucho más que la que viene a continuación, otra de Oscars y tipos consagrados.

Sin lugar para los débiles (No Country for Old Men – EU – 2007 – Ethan Coen y Joel Coen)

No quiero hablar de errores de guión, sino, a que simplemente hay cosas en la película que no las creí. No creí nunca que el personaje de Josh Brolin después dejar a un mexicano herido a la espera de que se lo morfen los lobos le pueda agarrar remordimiento como para llevarle agua en el medio de la madrugada. Ni que siendo tan experimentado le costará tanto tiempo darse cuenta que el maletín lleno de dinero tuviera un rastreador. Tampoco le creí al personaje de Bardem. Tenía un profesor de guión que en relación a J.R. –el malo de la serie Dallas- nos dijo alguna vez que los mejores villanos son los que tienen alguna debilidad, los que muestran la hilacha, los más humanos, los más imperfectos; por ser más cercanos y más posibles. Antón Chigurh, el asesino que encarna Bardem (quién creo que tiene acá una muy buena actuación, pero no así un buen personaje) es siempre el mismo: monocorde, unidimensional, robotico. Genera mucha tensión en la pantalla en un principio, luego aburre. Le hubiese creído, sí, si en algún momento de la película le pegaran un tiro y revelase un endoesqueleto metálico alla Schwarzenegger, ya que nunca parece un ser humano, y de serlo, es uno bastante tarado y absurdo. Y Sin lugar para los débiles es un poco eso, vamos a ser sinceros, una reversión de Terminator, aunque con otras pretensiones artísticas. La diferencia es que a James Cameron le alcanzaba con hacer simplemente una película de género, pero a los Hermanos Coen no, ellos tienen que aspirar a más. Por eso su película lo tiene a Tommy Lee Jones (acaso como la voz misma de los Coen) con sus declamaciones a cámara y en volumen bien alto sobre como han cambiado los hombres con el paso del tiempo. ¿Y? ¿Esto se articula bien con el resto del relato? ¿Se ve en la historia y en las acciones que describe la película ese contraste entre el hombre de ayer y el de hoy? ¿Se reflexiona sobre esto? Para mi, solo un palabrerio que tiende a elevar la película a una altura a la que no esta. Palabras vacías con la que los Coen tratan de salvar otra obra cínica y carente alma. Podría ahondar mucho en aspectos que no me gustaron de Sin lugar para los débiles, pero me quedo con la escena en que a Bardem lo chocan y le rompen el brazo. Ahí, los Coen eligen mostrárnoslo todo sangrante con un plano picado en el que este asesino hijo de mil puta parece un cachorrito herido, como si buscarán que nos duela y nos apenemos por él. Como si este personaje que acaba con tantas vidas humanas de la manera más fria y forra fuera lo que más importa en ese mundo inútil que plantean. Misantropía pura. Prefiero películas con lugar para débiles, para dignos, para valientes, para seres humanos, para tipos con los que me pueda emocionar de verdad. Prefiero trenes a Yuma, prefiero películas como la de los Affleck. Calificación: 3

El tren de las 3:10 a Yuma

Vi la gran ganadora del Oscar, la última de los Coen, y me gusto poco, poquito y nada. Para contrarrestar su cinismo, su misantropía y las pretensiones de sus directores, acá va una de género genuina, con héroes y personajes de corazón.

El tren de las 3:10 a Yuma (3:10 to Yuma – EU – 2007 – James Mangold)

Hace no mucho la Revista Ñ saco una nota dedicada a la posible resurrección del western. Resurrección anunciada a causa del reciente y amontonado estreno de películas como Perseguidos por el pasado, El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, Propuesta de muerte o El tren de las 3:10 a Yuma. El responsable de la nota también colocaba a Sin lugar para los débiles como un western, algo con lo que no estoy de acuerdo por que esta no cuenta ni con los tópicos, los espacios, o los personajes que definen a este género. Otra cosa con la que no estoy de acuerdo, es esa misma posible resurrección que señalaba, ya que creo que no se trata más que de una simple coincidencia la que puso a varios estudios a producir películas del Lejano Oeste casi en paralelo. O ni siquiera eso, creo que la oleada de este grupito de westerns en los cines no es más que el efecto de que a estrellas como Brad Pitt, Russel Crowe o Pierce Brosman les halla pintado por calzarse las botas y un revolver en el cinturón. Ya que estoy convencido de que sino hubiese sido por la participación de estos tipos, estas películas muy probablemente hubiesen ido directo a video como pasó con la muy recomendable Propuesta de muerte, y por consiguiente, muy pocos les hubiesen prestado atención, o hablado de resurrección, revitalización, o lo que poronga sea que empiece con re. Ese western difícil, largo, enrarecido, pero a la vez interesantísimo, que es El asesinato de Jesse James, con total seguridad puedo afirmar que sino hubiese sido por la facha de Brad Pitt apenas aparecía pirateado en algún bolishopping.

De todas estas de cowboys nombradas, la única que rescata la tradición clásica del género es, justamente, El tren de las 3:10 a Yuma. Se podría decir que es una película de Fé. Fé en el western mismo y fé en la manera clásica de hacer cine. Lo que implica una creencia en que todavía se pueden hacer buenas películas sin tener que caer en guiones dependientes de vueltas de tuerca, desenlaces místicos que den significancia a su relato (como pasa en la ya citada Perseguidos por el pasado), o discursos en boca de los personajes que pretendan elevar la historia a una dimensión forzadamente trascendental (como pasa con las invocaciones con las que el personaje de Tommy Lee Jones abre y cierra Sin lugar para los débiles). Respetando, por otro lado, todo lo que caracteriza a un western arquetípico. Como son sus temas recurrentes: los lazos padre-hijo, la camaradería masculina, la guerra de secesión. Sus espacios: los saloons, las estaciones de tren, los ranchos poblando la aridez del paisaje. O sus personajes: el villano con más corazón que odio, o el héroe solitario como encarnación de los valores a predicar por la película. Por que una buena escena de asalto a una carreta transportadora de caudales, sigue siendo una buena escena de asalto a una carreta transportadora de caudales, por más que se hallan filmado cientas y cientas en la historia del cine. De la misma manera que una buena línea de dialogo nunca deja de ser una buena línea de dialogo. Y en la película abundan, como esa en que el personaje de Russell Crowe le dice al de Peter Fonda antes de acabar con él: “Hasta los hombres malos aman a sus madres”. De fé se trata. Por eso Christian Bale esta más medido que nunca, Crowe simplemente se vale de toda su presencia cinematográfica, y James Mangold presta un trabajo de cámara nunca por arriba de la historia o de sus personajes. Pero en el mundo del cine actual hay pocos hombres con esta fé, esta fé en el western y en la vigencia que puede tener este género en su corte más clásico. Es así como esta película se presenta solitaria, en un paisaje bien árido que le impide encontrar pares. Tanto, como se presenta el ranchero Dan Evans hacia el final de la película, con su nobleza, su heroísmo, y su fé en las posibilidades de un mundo mejor. Calificación: 8

Sweeney Todd

Un caso que se relaciona con una problemática actual del cine. Hace muy poquito nomás se anunció la próxima visita de Jarvis Cocker a nuestro país (para quienes no lo conocen, es el ex líder de la banda británica Pulp, pope del brit-pop de los noventa, quién dicho sea de paso es uno de mis songwriters preferidos). Lo que es una muy buena noticia, aunque esta acompañada de otra bastante amarga: las entradas para el show que va a dar en La Trastienda en el mes de Marzo oscilan entre los 200$ y los 410$, o sea, entre lo caro y lo inalcanzable. ¿Por qué? Las razones de estas cifras no están ni se justifican con el hecho de que Jarvis es ingles y cobra en dólares, libras o lo que mierda sea; sino, en una tendencia bien garca que se esta dando cada vez con más frecuencia en muchos eventos culturales y que hay que denunciar: la preferencia y conveniencia de los empresarios del espectáculo por trabajar para poca gente, pero gente con mucha plata. Me explico: Jarvis es un artista que bien puede tocar en el Luna Park, en Obras o en cualquier otro lugar con una capacidad para unas 5.000 personas, tranquilamente, a 100$ por cabeza. Pero prefieren presentarlo en un bolichito para 1.000, 1.500 personas con una entrada dos o tres veces más cara, así, de esta manera, ganan la misma cantidad de dinero aunque ahorrando en gastos de alquiler, de infraestructura, de personal, etc. Esto mismo ya pasó el año pasado con Bjork, con Coldplay y algo parecido pasa con muchos espectáculos deportivos, como también con las entradas de cine: con salas cada vez más chicas y precios cada vez más caros. Creo que en primer lugar le corresponde al Estado regular este tipo de actividades para que esto no se generalice, y segundo, a cada uno de nosotros pelear desde su trinchera para que la cosa cambie y este país no siga convirtiendose en un país para pocos. Acá, www.petitiononline.com/jarvis08 , Bernardo Diman hizo lo suyo y organizó un petitorio que todos pueden firmar para ver si la cosa cambia. Ya que puedo aguantar en los tiempos que corren ver más DVDs e ir un poco menos al cine, pero no que por una vez Jarvis toque en mi ciudad y me tenga que quedar sin poder ir a verlo.

Ahora, más sabor amargo, lo último de Tim Burton.

Sweeney Todd (Sweeney Todd: The Demon Barber of Fleet Street – EU / Reino Unido – 2007 – Tim Burton)

En mi relación con Burton, su cine se divide en dos grupos. Están las películas que me gustan en serio y las que me gustan solo en su superficie, es decir, en su diseño de arte, en su fotografía, en su vestuario, etc. Dentro de las que me gustan en serio, esas que me parecen interesantes en su esencia, en lo que cuentan -más allá de todo el placer visual que su cine siempre me provoca-, están El joven manos de tijera, Ed Wood o El Gran Pez. Dentro de las otras, esas que son muy lindas de observar pero que no me tocan un pelo: La leyenda del jinete sin cabeza, El cadáver de la novia, o El Planeta de los simios. Y Sweeney Todd se inscribe en este segundo grupo. En lo personal, lo que cuenta su nueva película poco me interesa. Y no es que la historia original del barbero vengador asociado a una cocinera que vende pastelillos rellenos de carne picada humana carezca de atractivos. Sino que me parece que Burton y sus guionistas desaprovechan todo su potencial, en por ejemplo, ver de que manera este cuentito hace eco en el presente, o en desarrollar con más profundidad esa lúgubre Inglaterra Victoriana que describen. En cambio, toda la atención parece estar enfocada en que los humitos que salen de las chimeneas no falten nunca en la post producción, en que las dentaduras de los personajes nunca dejen de lucir con mugre y podredumbre, o a que cada plano nunca le falte la medida proporción de oscuridad y rojo sangre. Esta película da la sensación de que a Burton y su gente le salió de taquito, bien fácil, con un equipo técnico y actoral bien aceitado, que ya lo conocen y repiten muchos aspectos estéticos ya definidos en otras de sus obras. Aunque por otro lado, hay algo muy destacable en Sweeney Todd y es que Burton sigue siendo fiel a sí mismo, a su universo, a los singulares seres que lo suelen habitar; pero a la vez, de alguna manera, renovandose. Si bien, por ejemplo, la truculencia no es un elemento nuevo en sus películas, en Sweeney Todd tiene un protagonismo inédito. En Marte Ataca hay cuerpos hechos mierda pero siempre por lo efectos especiales. En La leyenda del jinete sin cabeza hay mucha violencia pero es juguetona, nunca tan sangrienta, ni tan cruda como es ahora. Lo mismo pasa con el musical. Nadie olvida a los Oompa Loompa de Charlie y la Fábrica de Chocolates, pero en Sweeney Todd los números cantados vienen en otras dosis y bien se la puede definir como un musical, cosa que antes no pasaba con ninguna otra de sus películas (aunque lo lamentable es que se halla quedado en la idea de puesta en escena a lo Broadway y no halla explotado algunas otras posibilidades cinematográficas que da el género musical, por ejemplo, desde el montaje). Y también, por último, hay en Sweeney Todd un cambio en el tono de relato que antes no estaba presente en la filmografía del Burton. El tono es más negro, más pesimista, más desesperanzador. Ni siquiera se concreta en pantalla el amor sobre el final entre los dos personajes jóvenes, la tragedia termina de la peor manera sin darle espacio de redención a nadie, y hasta los niños no se salvan de la pesadilla de vida que les espera. Como si Burton se nos hubiera puesto viejo y le hubiera llegado la depresión y la falta de fe en el mundo. ¿Se lo pueden imaginar pelado, sin su característica porra? Calificación: 7