
Memorias de un asesino (Salinui chueok – Corea del Sur – 2003 – Bong Joon-ho)
Memorias de un asesino no tiene nada de original ni rebuscado, sino que todo más bien tira hacia lo común. Argumento de lo más común: en una pequeña ciudad un grupo de detectives investiga el caso de un asesino serial. Victimas de lo más comunes: mujeres jóvenes que suelen andar solas de noche y visten ropa roja. Modus operandi de lo más común: el asesino las ahorca durante días de lluvia después de pedir una canción por la radio. Todo común. Pero momento, el que esta detrás de esto es Bong Joon-ho (el mismo de ese monstruo de película que es The Host), y sí, todo es común pero a la vez maravilloso, todo es ordinario pero a la vez extraordinario. A contracorriente de lo que suelen ser por estos tiempos las películas sobre asesinos seriales norteamericanas (apoyadas en las vueltas de tuerca, las trampas de guión, los dobles finales y siempre concentradas en la mecánica de cada crimen y la revelación de la identidad del asesino sobre el desenlace), en Memorias de un asesino, como pasa casualmente también en la reciente Zodiaco de David Fincher, no importa en definitiva tanto quién es el asesino y sus ardiles criminales, sino los investigadores y lo que les ocurre en su vida cotidianamente. Personajes, que de paso, son seres humanos y no marionetas de algún guionista pelotudo haciéndose el pistola frente a la computadora. Si bien lo citado de Fincher probablemente sea madurez (esta claro, muy atrás quedaron los tiempos de Pecados Capitales o The game), lo de Bong parece tratarse de una plantada de bandera frente al mainstream y el cantar de Hollywood (más si tenemos en cuenta también el espíritu de The Host), pero, por sobre todo, a unas ganas tremendas de demostrar que todavía se pueden hacer thrillers brillantes sin necesidad de ser rebuscado, artificioso y cancherito, sino siendo clásico y dandole verdadero cariño a los personajes y la historia que protagonizan, por más veces que esta misma parezca haber sido contada. Así es que en Memorias de un asesino hay mucho humor, suspenso, emoción... en fín: mucho sentimiento; por que insisto, sus personajes tienen volumen, carnadura, sangre, están forjados con muchísimo amor (tanto por el director como por su actores: indispensable destacar al gordito Song Kang-ho). Y a partir de ellos (como también ocurre en The Host) Bong vuelve a plantear tanto los problemas de su país, -una Corea del Sur dependiente de Estados Unidos que debe aprender a resolver lo que le toca por sí sola- como sus interrogantes filosóficos; presentandonos un misterio tan grande e irresoluto como la vida misma. Calificación: 9