Planet Terror

¿Qué mejor ocasión para volver al ruedo?

Planet Terror (EU - 2007 - Robert Rodriguez)

Aunque muchos ya estén enterados, es necesario hacer unas aclaraciones importantes antes de comenzar. Lo que en la Argentina se estrena como Planet Terror, fue en un principio concebido como parte de un filme doble, es decir, un filme compuesto a su vez por dos largometrajes, titulado Grindhouse. El otro largo que lo completaba es Death Proof de Quentin Tarantino -que por ahora permanece inédito en nuestro país -, y ambos estaban unidos por cuatro trailers falsos dirigidos por Rob Zombie, Eli Roth, Edgar Wright y el mismo Robert Rodríguez. Grindhouse proponía recrear los programas de las salas de cine en continuado que décadas atrás supieron llevar ese mismo nombre en los Estados Unidos, dedicadas a proyectar comúnmente producciones clase B centradas en temáticas violentas y de explotación sexual. Pero el fracaso comercial en su país de origen al momento de su estreno fue tal que los hermanos Weinstein –productores ejecutivos de la dupla Tarantino-Rodriguez- decidieron distribuirla, tanto en el resto del mundo como en DVD, por separado y en versión extendida, ávidos por salvar algunos millones de sus cuentas bancarias. Una operación similar a la hecha con los dos volúmenes de Kill Bill. Por lo tanto lo que podemos ver en pantalla grande, es, lamentablemente, una parte mutilada de la experiencia Grindhouse. Algo que bien podía verse como un mero revival, pero también como el lugar de resistencia de un cierto modo de ver y vivir cine que está prácticamente extinto. Claro está, ya nadie tiene tiempo, ni dinero, ni ganas como para ver dos películas seguidas en una misma sala. Es más, ya nadie parece ni siquiera ir al cine por estos días.

Por suerte, la que nos llega -aunque con mucho retraso y muy a pesar de las ventajas publicitarias que proporcionaba el apellido Tarantino- es la mejor de las dos mitades de la torta, la de Robert Rodríguez. Si hubiera que buscar una imagen para definir su película se podría señalar que es una ametralladora. Una ametralladora rápida, furiosa y humeante como la que ostenta su protagonista en los afiches promocionales que se pueden ver por las calles. Una que no para ni por un minuto de disparar citas cinéfilas, como también acción, humor, vísceras y, lo más importante, ideas cinematográficas.

Con Planet Terror Rodríguez propone recrear a pura talento y velocidad aquellas películas de terror y zombies de bajo presupuesto de los setenta y ochenta, apoderándose del verosímil instaurado por estas mismas. Lo que le permite correr con una ventaja: todo lo que está mal en ella, está bien; porque remite a un tipo de cine donde lo “mal hecho” era una marca definitoria y distintiva. Por eso tal vez sea una de las películas más felices del director, por que todo lo que hacía ruido en sus trabajos anteriores y podía verse como un defecto (caso Erase una vez en México, por dar un ejemplo), como ser los diálogos risibles que pone en boca de sus personajes o esas escenas de acción delirantes que tanto suelen gustarle, terminan calzando perfectamente en esta ocasión. Aunque cabe destacar que como director, Rodríguez sabe hacer mal las cosas con un virtuosismo único. Así lo demuestra con la ridícula conversación que les hace intercambiar a Cherry y El Wray en la escena del bar, esa en que él le dice: “For me... you will ever be Palomita”, y que no tiene desperdicio. O la manera con que están armadas algunas escenas de efectos especiales, que permiten notar la truca barata de montaje tal como sucedía en ese cine de hace unas décadas. O hasta el momento con que decide hacer el número del “rollo perdido”, omitiendo información importantísima, pero haciendo ganar ritmo y vértigo a la trama. Lo único que parece fuera de lugar en todo este zafarrancho es el componente digital siempre presente en el cine del director, por que el cine al que le rinde tributo es el cine de lo analógico y lo artesanal. Uno en el cual oficios como los de maquetista o maquillador todavía no estaban reemplazados por nerds y programas de computadora.

Ahora si bien a todo esto hay una historia en Planet Terror, una en donde un grupo diverso de gente debe pelear por sobrevivir ante un holocausto zombie, Rodríguez sabe que el tipo de cine al que hace referencia no es uno que se halla caracterizado alguna vez por la densidad dramática de sus guiones o la profundidad psicológica de sus personajes. Sino, más bien, uno recordado por otros motivos, tal vez menores o anecdóticos; es decir: por alguna escenita aislada o por algún determinado tic de sus personajes. Películas que podían tener no mucho más que un par de modos interesantes de asesinar a sus victimas o algún choque de autos espectacular, y que con esto solo les alcanzaba para permanecer en la cabeza de los espectadores durante un buen tiempo. En este sentido, un caso ejemplar es el de toda la filmografia de Dario Argento, un tipo que siempre se dedicó a filmar la misma historia, pero diseñando una tras otra película asesinatos memorables. Tal es así, que Planet Terror no cuenta ni con una gran historia ni grandes personajes, pero se recuerda y se recordará como esa película en la que una mina lleva por pierna una ametralladora, o en la que a Tarantino se le derrite -literalmente- la pija, o en la que un tipo subido a una moto de juguete destroza a decenas de zombies a través de una carretera.

Pero tal vez lo que convierte en una muy buena película a Planet Terror (a diferencia de lo que ocurre con Death Proof), no es solo la calidad y la destreza con que Robert Rodríguez reproduce la superficie de este tipo de cine, sino a que nunca descuida parte constitutiva de su esencia: aquel tinte político con que muchas veces directores como George Romero o John Carpenter (a quién en un inicio Rodríguez convocó para que componga la música del filme y con quién comparte su interés por producir un cine de género en autonomía y libertad) supieron impregnarlo. Por eso en ella, este director texano no deja de hacer sus comentarios sobre la desconfianza que le genera la versión oficial sobre las Torres Gemelas y la Guerra contra el Terrorismo del gobierno de Bush, o el error que le parece el envió de tropas a Irak o Afganistán. Ni mucho menos, manifestarse sobre la podredumbre que siente emanar de las zanjas de su país. Un país capaz de atacar a sus propios soldados por no hacer lo debido durante la guerra, como a sus películas por no ser lo suficientemente eficientes en la taquilla. Calificación: 9

El reino prohibido

Este blog pedorro sigue con su cobertura de los estrenos más irrelevantes

El reino prohibido (The forbidden kingdom - EU - 2007 - Rob Minkoff)

Tal vez el gran mérito de El Reino Prohibido es que permite al público occidental (y sobre todo al públio pendejo) una incursión por el querido Wu Xia Pian (género chino de espada y brujería que se caracteriza por combinar artes marciales con elementos fantásticos) sin caer en la sátira ramplona de títulos como Kung-Pow o el qualite de los últimos trabajos de Zhang Yimou, ni tampoco trasladar la acción al gueto americano. Sino que lo hace desde un lugar mucho más noble y respetuoso: el género de aventuras. Ese terreno de lo extraño, lo exótico y lo mitológico. Acá, a diferencia de otras películas producidas por Hollywood con estrellas de Oriente, es el rubiecito norteamericano el que tiene que viajar a la china imperial; y no al revés: el maestro del kung-fu quién debe sacar la visa para ir a resolver un crimen diplomático o vengar a algún amigo asesinado por los narcos. Lo que hace que la película, a pesar de no escapar en ningún momento al lugar común y a toda convencionalidad, entretenga sin problemas durante todo su metraje. Además cuenta con un gran plus: Jackie Chan y Jet Li juntos por primera vez en pantalla grande. Dos tipos que a pesar de los años y sus panzas no dejan de prestar toda su gracia escénica y destreza física, ni mucho menos volar por los aires. Calificación: 6

Dani, un tipo de suerte

Solo algo podía salvar a esta película, y era que el personaje Juliete Binoche se destapara en los últimos minutos como una psicópata hija de mil puta, secuestrara a Steve Carrell, lo anestesiara, y le cortara una gamba con un cable de acero mientras le decía kiri kiri kiri al oído. Pero esto es Hollywood muchachos.

Dani, un tipo de suerte (Dan in the real life – EU – 2007 – Peter Hedges)

Este Grande Pa de Steve Carrell no difiere mucho de aquel de Arturo Puig: es viudo, tiene tres chancles, pero en vez de enamorarse de su muki se enamora de la novia de su hermano. Lo que de entrada ya es un problemita ¿Por qué a quién se le puede ocurrir poner a Carrell como padre de familia? Un tipo conocido por haber sido virgen a los cuarenta años y un jefe de oficina incapaz de lograr el mínimo vinculo afectivo con cualquier otro ser humano. Y segundo: ¿A quien se le puede ocurrir emparentarlo con Juliete Binoche? Lo que es como decir milanesa con dulce de leche. Por lo tanto, si hay algo que produce esta película, eso es incomodidad. Por que se nota todo el tiempo que los actores no tienen nada que hacer ahí, que no se la creen, que no la sienten. Binoche, por lo menos, la zafa con un poquito más de dignidad (por que la minita tiene más experiencia en trabajar en cualquier cosa). Pero Carrell no mete ni siquiera un chiste gracioso, que es lo menos que se le puede pedir a un tipo con su jeta y su curriculum. Y los dos, como pareja, pegan menos que la efedrina de Sebastián Forza. Solo resta mencionar que se trata de otra de esas comedias familiares norteamericanas tan tediosas y pacatas, que lo mejor que uno puede hacer con ellas es imaginar mientras la ve modos en los que podrían asesinar a sus personajes. Calificación: 3

Licencia Numero Uno

La película del concurso era Bambi nomás. Lo que significa que debo un DVD a un par de personas (la administración ya se pondrá en contacto con ellos). ¿Por que Bambi? Bien, aquí el dato curioso, por que es la única (o por lo menos más celebre) película donde el Hombre -así en mayusculas, Hombre como especie- es el villano. Ese mismo villano destructor de ecosistemas del que se vengan nuestros justicieros enanos en el videoclip de Banda Criolla.

La critica que viene a continuación también la pueden leer en la Revista Cinemania.

Licencia Número Uno (Argentina / Alemania - 2008 - Matilde Michanie)

Vaya si es interesante la figura de La Tigresa Acuña. Pionera del box femenino en la Argentina. Erigida a la fama desde la pobreza y la lejanía formoseña. Casada con su entrenador, un hombre mucho más mayor que ella. Y hasta estrella de programas de televisión como Bailando por un sueño. Pero a pesar de tan buena materia prima, de tan rico personaje para un documental, Licencia Número Uno nunca llega a conformarse como una pieza atractiva. Matilde Michanie queda casi siempre a mitad de camino entre lo televisivo (entrevistas en primeros planos + material de archivo) y lo meramente informativo. Tocando unos cuantos temas, pero sin profundizar en ninguno. Dejando que se le escapen cuestiones que solo asoman en la superficie, como la polémica que despierta el boxeo femenino en un amplio sector de la prensa y la actividad pugilística , la falta de una política seria de financiamiento a nuestros deportistas, el siniestro papel de los representantes, o la mismísima relación que tiene La Tigresa con su esposo. Optando por el tono condescendiente y el puro homenaje. Como si la directora temiese todo el tiempo un cross a la mandíbula de La Tigresa o que algún Don King le mande un par de monchos a tocarle la puerta de la casa. Calificación: 4

Lars y la chica real

En un año extraño para las carteleras (en el que el astronómico binomio Scorsese-Rolling Stones se convirtió en un fracaso comercial rotundo) hubo una gran sorpresa en la taquilla argentina: la británica Muerte en un funeral. Inesperadamente, esta comedia chiquita, carente de estrellas y con apenas algún que otro momento de comicidad bien logrado (ah, y me olvidaba, ¡un enano!) logró ser todo un éxito, sobreviviendo sendos meses en cartel. Esto sin contar con una campaña publicitaria costosa y teniendo que pelear contra las copias truchas que ya estaban dando vuelta en la calle al momento de su estreno. ¿Cuál es la explicación de este fenómeno? Nadie lo sabe con certeza. Pero acá no faltaron los distribuidores oportunistas que aprovecharon su éxito para estrenar una película de alguna manera relacionada con esta. Así es que acá está Lars y la chica real. Que es de los mismos productores de Muerte en un funeral (tal como reza su afiche publicitario) pero que de británica, cómica o bien lograda no tiene nada.

Lars y la chica real (Lars and the real girl – EU – 2007 – Craig Gillespie)

Lars y la chica real trata sobre un hombre que se enamora de una muñeca inflable. Un tema que seguramente daba para lo que algunos llaman la NCA (Nueva Comedia Americana), el humor más absurdo o cualquier otra cosa menos para ser abordado desde la seriedad, el drama y lo indie. ¿Por qué? Por que llevar adelante esa idea desde esta optica es insostenible, ridículo. Por que insisto: su protagonista se enamora, no es que adquiere esta muñeca para complacerse sexualmente como es común en los hombres que van en busca de este tipo de objetos. Y por más que esto se pueda dar en la realidad, el personaje –que sufre una suerte de esquizofrenia- no tiene una buena construcción psicologica como para que funcione y sea verosímil dentro del relato. Además, y acá lo más molesto del caso, es que como película indie no deja de hacer su discurso sobre la tolerancia, aceptación y comunidad típico de este tipo de cine, siempre a favor de las minorías y los diferentes. Pero resulta que lo que hace en verdad con el personaje de Lars no es exactamente eso. Sino que digamos que le tiene un poco de rechazo, de vergüencita. De alguna manera lo discrimina. Lo que se justifica con la manera en que la cámara siempre nos oculta cualquier encuentro intimo-sexual que pueda tener Lars con la muñecota. Aceptando, sí, que este personaje se pueda enamorar ridículamente de una cosa plástica pero no que se satisfaga sexualmente con esta. Algo que puede resultar mucho más incomodo. Pero claro, hay que tener huevo para ser norteamericano y mostrarle a la sociedad esta posibilidad; y la gente a cargo de esta porquería no lo tiene. Lo que habla de una película falsa, pacata y complaciente con el público progre que quiere saberse abierto y tolerante pero que sinceramente no lo es.

Tan decepcionante, como que llegue la noche y uno tenga que meter la pija en un pedazo de hule con tetas. Calificación: 2

BANDA CRIOLLA: Lo que tenes



Bueno, aquí, finalmente, nuestro nuevo video clip. Pertenece a los Banda Criolla. Unos "pibes" que hacen rock folclorico y, si todo va bien, pronto estarán rotando por algún canal. Es un trabajo muy artesanal, hecho con muy poca gente y, por supuesto, sin un mango. Para que se den una idea, pasamos tres días pintando los enanos a mano uno por uno. Todo para que un hijo de puta durante en el rodaje nos terminara afanando seis de ellos. La maldición eterna lo perseguirá.

Al que adivina cual es la película animada que ven los enanos en la escena del televisor le regalo un DVD.

La escafandra y la mariposa

La siguiente nota esta dedicada a mi viejo, quién hace doce años caía en un hospital a causa de un derrame cerebral.

La escafandra y la mariposa (Le scaphandre et le papillon - Francia, Estados Unidos - 2007 - Julian Schnabel)

Los ataques cerebrales son anti-cinematográficos. Simplemente suceden. De un día para el otro, sin previo aviso. Son el anti-relato. No conocen de clímax, ni se ajustan a estructuras narrativas. Abruptamente dejan a las personas sin vida o imposibilitadas en una cama para la mayoría de los actos físicos. Sin dejarles oportunidad de que se reconcilien con ese familiar que no ven hace años, de que terminen de construir su casa, de que completen su novela, o de que viajen a visitar las pirámides. Los dejan sin esa última historia que contar, sin la posibilidad de cumplir con las deudas y los sueños de su vida. A comparación de otras maneras de irse del mundo, más postergadas o más lentas, en un derrame cerebral (como en otros embates súbitos a la salud humana) no hay nada de épica. Salvo, claro está, en aquella persona que logra sobrevivir y emprender una recuperación.

He aquí el desafío. Hacer una película sobre un personaje joven al que una embolia lo deja postrado en la cama de un hospital con apenas la mínima capacidad para mover y pestañear su ojo izquierdo. En un principio, que se extiende a la primera media hora de película, Julian Schnabel apela a una buena elección: fusionar su cámara con el único ojo de su cuasi inerte personaje (interpretado por Mathieu Almaric, el mismo de Reyes y Reina y La Cuestión Humana) que despierta luego de un letargo de profundo coma. Cuando él pestañea, la cámara también lo hace. Cuando lagrimea, la lente se empaña. Pero no son estos recursos formales lo más interesante, sino la manera en que fluye el relato a partir de esta decisión. Aprovechando muy bien el fuera de campo y la banda de sonido y haciéndonos sentir como espectadores el encierro que vive este personaje dentro de esa metafórica escafandra a la que alude el título y de la cual le es imposible escapar.

Pero luego Schnabel decide abandonar el punto de vista del ojo de su protagonista y ahí es cuando se vuelve menos atractiva y, por supuesto, menos arriesgada. Acompañando el alegato que pregona la película, que nos dice que siempre se puede vivir (o sobrevivir) en la imaginación, pase lo que pase, nos pasea en buena parte del metraje por recuerdos, sueños y todo tipo de pensamientos ocurridos en la cabeza de este personaje. Ahí es cuando se convierte en un desfile de imágenes bellas, cautivantes, pero sin peso, sin espesor. Dándole al director la oportunidad que tenía vedada en un principio de desplegar toda su imaginería visual ya presentada en sus trabajos anteriores: Basquiat y Antes que anochezca. Y tal como ocurría también con el reciente thriller Bajo Anestesia –otra de protagonista postrado en una cama- esto también le da la libertad para moverse de manera arbitraria por cualquier lugar del relato, y por sobre todo, manipular las emociones del espectador a su antojo y sin ataduras. Lo que le termina, indefectiblemente, jugando en contra.

De cualquier manera hay en La escafandra y la mariposa momentos de una emotividad lograda y genuina, sin llegar a ser lo suficientemente lastimera o abusar del golpe bajo. Como en ese en que el protagonista, un ateo estoico, se enfrenta a la religiosidad al observar la figura incandescente de una virgen a través de una vidriera. O en el que él mismo se comunica esforzadamente por teléfono con su padre (encarnado por un desgarrador Max von Sydow). Pero tal vez la mejor escena de toda la película es, justamente, la que nos muestra el instante en que este protagonista sufre el ataque cerebral arriba de su coche y en compañía de si hijo. Por que es la que muestra la manera banal, estúpida y hasta ridícula que mucha veces se nos puede presentar la muerte. Solo dejándonos –como alguna vez lo plantearon Borges o Bioy, a quién mi viejo alguna vez le supo arreglar la televisión- la posibilidad de elegir en nuestra imaginación como queremos partir. Calificación: 6

La Otra Bolena

Vamos a ser sinceros, una película donde actúen dos bellezas como Natalie Portman y Scarlett Johansson y ambas no terminen dándose besos o practicando la tijerita, nunca puede estar buena. Encima hacen de hermanas. ¿Vieron la nariz de una y los labios de la otra? ¡¿Como van a hacer de hermanas?!

La Otra Bolena (The Other Boylen Girl – EU, Reino Unido – 2008 – Justin Chadwick)

¿Cual es la diferencia entre La Otra Bolena y cualquier telefilme de “época” que se pueda ver por Hallmark o People & Arts? Ninguna. Correctita, con mucho interior en alcoba, exteriores baratos recreados por computadora y nulo relieve social o político. Mejor me corrijo, hay una diferencia. Y es que esta está protagonizada por varias estrellas de cine: la Portman, la Johansson y Eric “despues de Chopper nunca pegue una” Bana. Pero volviendo al comentario machista y pajero, ninguna de estas dos muchachitas mencionadas se ve linda en pantalla. Lo que es un problema. No solo para el deleite de la butaca masculina, sino también para la historia que se nos cuenta. Por que estas dos pibitas tienen que embelesar nada menos que al Rey Enrique VIII de Inglaterra, un tipo que podía elegir garcharse a cuanta perra medieval andaba dando vueltas. Sino, en reemplazo a esto, y para que sea creíble que este hombre pudiera caer en la red de estas hermanitas, ellas se tendrían que mostrar verdaderamente seductoras. Y si hay algo que nunca llega a ser esta película es lo suficientemente erótica o lo suficientemente osada como para que esto ocurra. Hay algo de eso en la Ana Bolena de la Portman cuando vuelve de su viaje por Francia, por que esta actriz ya sabe perrear desde nenita (recuerden El perfecto asesino). Pero poquito, muy poquito. Lo que hace que uno se vaya de la sala deseando que la película la hubiese dirigido un Stephen Frears o un Paul Verhoeven. Sí, ¡Verhoeven por lo menos las hubiese puesto en pelotas a las dos! Calificación: 4

Wall-e

Haber visto Wall-e en el cine me hizo pensar un poco más en el porqué de que Batman: El caballero de la noche no me parece una obra maestra, categoría a la que muchos por ahí se esfuerzan en elevarla y algo que me interesa debatir. Sí, creo que se trata de una muy buena película, como lo pueden ser otras de su mismo director como Memento o El gran truco. Esto principalmente por que desde Following –su opera prima- las películas de Christopher Nolan siempre fueron demasiado cerebrales, demasiado calculadas, demasiado frías; siempre apoyadas en los vericuetos de sus guiones antes que en cualquier otro aspecto. Cito un comentario que me quedo grabado de Juan Manuel Domínguez sobre El gran truco en la Revista El amante de Diciembre del 2006: “Nolan agota la coherencia y potencia de El gran truco con su pantomima de mostrar todo por aquí y por allá para finalizar sacando de la galera otro conejo fílmico, otro film dominado por sus vueltas de tuerca”. Algo parecido creo que pasa con la nueva del batipibe, como en todas sus otras películas. Eso, que están dominadas por sus guiones. Aunque acá está Heath Ledger que con su Guasón prende fuego la pantalla cada vez que aparece, y esto parece provocar la euforia ciega en cada uno que la ve para salir gritando: ¡Un 10!¡Una obra maestra! ¡Excelente pibe! Pero lamentablemente uno se las tiene que ver más tiempo del metraje con Nolan que con ese Guasón, villano que uno hasta quiere que triunfe y nos hace lamentar, y mucho, que Ledger se halla ido. Nolan sigue siendo un director que se luce desde sus guiones, pero no desde la puesta en escena, ni desde la construcción de una Ciudad Gótica personal (como era aquella de Burton), o desde la creación de un Batman entrañable que nos pueda conmover con su decisión en el final de la película. Para la obra maestra, creo, le falta.

Wall-e, puesta en contraste, demuestra que no importa la técnica, ni el género, ni el nivel de complejidad del guión, ni de si se trata de hombres de carne y hueso o bichos generados por una computadora. Lo que importa, en el fondo para hacer una gran película, es el corazón que uno le ponga.

Wall-e (EU – 2008 – Andrew Stanton)

Apenas terminada Wall-e estuve convencido durante un rato largo de que uno podía encontrar un robotito chatarrero como el de la película a la venta en una veterinaria descansando al lado de un cachorro de ovejero alemán u otro animalillo. Que ese pedazo de hojalata vivía en nuestro mundo. Que en algún lugar de la tierra algunos de su especie estaban caminando y haciendo sus cosas. Que uno podía hacerse amigo de uno y llevarlo a su casa para mirar juntos un musical o jugar al pong. Sí, que Wall-e existía de verdad, en algún lugar fuera de esa pantalla que en algún momento estaba condenada a apagarse. Es que la gente de Pixar parece tener bien claro eso que señalaba el gran Jan Svankmajer, que animar es invocar vida. Algo distinto a lo de los muchachos de Dreamworks que parecen estar convencidos con cada nueva película de que animar es igual a antropoformizar, o a generar personajes que se parezcan a Will Smith, Jack Black o algún otro de la farándula. Al igual que ocurre con Toy Story o con Ratatouille, Wall-e es una película conmovedora por eso mismo, por el amor y la vida que ponen en cada uno de los personajes sus creadores, los Sres. Pixar.

Esta gente se ha decidido por lo cualitativo y no por lo cuantitativo. Pocas películas, pero trabajadísimas. Así es que en Wall-e la técnica alcanza niveles de la putísima madre (viéndola en filmico hay momentos que uno no puede creer que lo que esta viendo es pura animación). O que el relato roza la perfección, dando lugar a escenas mágicas como esa en que Wall-e baila con Eva a través del espacio impulsado por un matafuego. O que la critica social se entremezcla a varios niveles con la historia de amor más clásica y encantadora. Una critica que, de paso, presenta un futuro peligrosamente cercano y alarmante. Un poco al estilo de aquel que presentaba La Idiocracia, aunque acá la cosa tiene otra fuerza por el alcance que puede tomar en una película de la magnitud de Wall-e, sobre todo en los pendejos. Y lo mejor, es que por sobre todo lo descripto, los de Pixar creen que la animación también puede ser un vehículo para hacer arte, como también lo cree en otra parte del mundo ese viejo llamado Hayao Miyazaki, y no solo meros negocios para vender muñequitos dentro de cajitas felices. Eso, sí, la felicidad. ¡Larga vida a Pixar! Calificación: 10

Batman: El Caballero de la Noche

Nunca simpaticé con el personaje de Batman. Siempre creí que es una suerte de Mauricio Macri que disfrazado de antifaz combate el crimen por las noches por que le mataron a papá Franco. Un multimillonario obsesionado con hacer la justicia pero que por su propia posición no ayuda a su gente en la otra justicia, la justicia social. En definitiva, un careta. Contrariamente, siempre gusté del Hombre Araña, el arquetipo de héroe de la clase trabajadora. Ese que sale a laburar todos los días para ganarse la plata para pagar el alquiler, en vez de vivir de las acciones que genera su compañía y la plusvalía de sus empleados. Pero los comentarios eran muy positivos y muy a pesar de mi total falta de empatía con el murciélago oligarca tenía que ir a ver su nueva película, la cual debo decir que me pareció muy buena. Aunque ya saben, si para algunos El Caballero de la Noche merece una consideración aún más alta, posiblemente estén en lo cierto. Mi problema siempre fue con Batman.

Batman: el caballero de la noche (The Dark Knight – EU – 2008 – Christopher Nolan)

Es interesante, horas antes ir a a ver la nueva de Batman al cine pude leer un artículo en http://www.imdb.com/ titulado “Digital killed the movie star”, sobre la tendencia que hay en los grandes estudios de producir cada vez más películas basadas en los efectos digitales y las pantallitas azules, y menos en sus actores-estrellas. Entre otras cosas, este artículo se explaya en el gran negocio que fueron películas como 300, la cual no contaba con ningún actor conocido entre sus filas, o en como la única estrella que sigue siendo verdaderamente rentable en Hollywood es apenas Will Smith. Afortunadamente, llegó El Caballero de la Noche para devolver un revés a la industria y a esa dentadura de metal CGI que parece querer devorarlo todo. Se convirtió en record de taquilla en su primer fin de semana siendo una película que esta apoyada en sus actores y los personajes que estos llevan adelante, y nunca en los efectos digitales. Hay en ella bastante trabajo hecho por computadora, sí, pero nada comparado con los que hay en cualquiera de los otros tanques que se estrenan en pantalla grande todos los jueves. Una película que se luce solo cuando sus actores de carne y hueso hacen de las suyas frente a escenarios reales y no cuando el CGI irrumpe en pantalla. Así ocurre, por ejemplo, cada vez que aparece Heath Ledger encarnando al Guasón (el cual comentan es una cruza del Alex de La Naranja Mecánica y Sid Vicious, pero que para mi tiene que ver más con otro difunto punk rocker: el revantadísimo G.G. Allin) o cuando Michael Caine, Gary Oldman, Aarón Eckhart o Christian Bale meten la nota justa para cada una de sus líneas. Una de las mejores escenas es esa del ataque del guasón al Hospital (la gente en la sala fue la que más aplaudió) y esas hechas en 3D cuando Batman se pone unos anteojos con sonar de murciélago, justamente, son las menos atractivas. Lo que viene a demostrar cuanto valen todavía los buenos actores, con una buena historia y buenos diálogos que los acompañen. Por lo tanto, El Caballero de la Noche no solo es una ganadora en la taquilla, sino también en esa otra batalla, que es la de la carne contra la máquina.

Ahora, como señalaba, el otro pilar en el que se apoya la película, además de un grupo de buenos actores, es una buena historia. El guión que consiguieron los hermanos Nolan es complejo, político, oscuro. Y se aleja de ese lugar común que repiten muchas mediocridades sobre superhéroes que es la simple confrontación entre el bien y el mal. Acá, el tema que más se destaca es la importancia de héroes tangibles en la fundación de una sociedad, en este caso la de Ciudad Gótica (una ciudad que pintada por Nolan ya no tiene ni un atisbo de Gótica, pero bueh...). Aquello mismo que John Ford trataba en Un tiro en la noche, con la cual El Caballero de la Noche tiene más de un punto en común. Hasta Harvey Dent acá es abogado, al igual que el personaje de Jimmy Stewart en aquella. Y ambas, además, clausuran el relato de una manera similar. Si no las vieron y no quieren saber como terminan, NO SIGAN LEYENDO. Y es acá, en este final, donde para mi la película tiene sus únicas fallas. No por que le choree a la de Ford. Sino, en parte, por que no es necesario que Batman se eche la culpa a sí mismo por los crímenes que comete Harvey Dent-Dos Caras en los últimos tramos de la película, ya que le podían echar la culpa al Guasón o a cualquier otro personaje. Digamos que es bastante al pedo y forzado. Y en otra, por que Batman no es John Wayne. Es decir, no es un héroe populista, como lo eran la mayoría de los encarnados por el Duke. Batman siempre estuvo más obsesionado en cumplir su venganza personal, que en el bien común de su pueblo. Y si en todo caso algún conocedor del comic me dice que no es así, que Bruce Wayne dedique su fortuna a combatir el mal con inclusión social y no tanto con mano dura. Por lo tanto ese final sacrificial por parte de este nuevo Batman de Nolan, no es ni verosímil, ni mucho menos conmevedor. Aunque Insisto, tal vez esto se deba simplemente al problema que tengo con este personaje en particular y no a la película que, también insisto, realmente vale la pena. Calificación: 8

I´m not there

Agradezco a mi amigo a Juan Manuel Strassburger, licenciado en Bob Dylan, por haber visto la película a mi lado y prestarme asesoramiento. Por que sino, no hubiese entendido un carajo.

I´m not there (EU, Alemania – 2007 – Todd Haynes)

Desde hace no mucho se puede conseguir en DVD Zona 1 Walk Hard: The Dewey Cox Story, una sátira sobre los biopics de Hollywood dedicados a estrellas de la música norteamericana. Es muy divertida, la recomiendo. Puro delirio y desenfado de la mano de esa revelación de la comedia que es John C. Reilly. La cito, por que el caso pone en evidencia lo gastada y hasta ridícula que ya resulta la formula biopic. Una formula que en los últimos tiempos se encargó de homogeneizar la vida de Ray Charles, Johnny Cash y tantos otros. Con sus repetidas curvas de infancia traumatizada, ascenso a la fama, caída en las drogas, escándalos y redención. En este sentido, y por suerte, el bueno de Todd Haynes propone con I´m not there algo muy diferente, lejos de esos ejercicios rutinarios que ya cansaban y hasta daban para el chiste. Lo suyo es el anti-Biopic, es decir, el anti-Ray, el anti- Johnny y June. Su película sobre Dylan tiene identidad y personalidad bien propias. En verdad, tanto como la tienen cualquiera de todos estos artistas mencionados. La jodita es que el tipo se va a la mierda, totalmente al otro extremo. Evita hacer una de esas películas que reducen todo a una formula potable para el público masivo, y se manda con algo áspero, laberíntico, críptico. Algo que resulta, por lo menos para cualquiera que no conozca mucho sobre la vida y obra de Dylan, dificilísmo de leer. Por nuestra parte ya sabemos, como escuchas de música popular norteamericana los argentinos somos bastante ignorantes, y de Dylan poco, poquito y nada. Aunque hay que destacar que de todas maneras I´m not there tiene momentos muy placenteros para cualquiera ( personalmente lo que más disfrute son las entrevistas a ese Dylan encarnado por Cate Blanchett ) y está repleta de ideas cinematográficas brillantes. Y si es bien cierto que el gran Bob es una personalidad tanto compleja, contradictoria y caótica como para que una película sobre él también lo sea, algo que creo (espero no confundirme a pesar de mi ignorancia) es que no se trata de alguien inaccesible para el común del público. Consejo: a buscar el Bob Dylan para principiantes muchachos. Calificación: 7

El fin de los tiempos

Si quieren ver una gran película sobre suicidios colectivos, consigan esa maravilla ponja proyectada hace unos años en el BAFICI titulada Suicide Club, de un director a seguir llamado Sono Sion. Opción, pueden ir al cine a ver la nueva del indio Shyamalan, una de terror ecologista que –como ya han señalado por ahí- es puro clase B disfrazado de clase A.

El fin de los tiempos (The happening – EU, India – 2008 – M. Night Shyamalan)

Sí, esta mal actuada, mal guionada y hasta mal filmada, cosa que nunca antes me había parecido una película de Shymalan. Ver nomás la escena de la jaula de los leones, en la cual el chabón ni siquiera respeta la textura de las cámaras de los teléfonos celulares y consigue involuntariamente en el espectador un efecto más risorio que terrorífico. Pero a pesar de todo creo que hay algo bastante rescatable en The Happening. Primero, tiene originalidad, algo que escasea en el cine de terror de hoy en día. ¿Cuántas películas o directores del género le escapan a zombies, vampiros o monstruos babosos? Segundo, trabaja sobre temas que son la esencia de lo terrorífico: lo intangible, lo inidentificable, lo irreconocible. En relación a esto recomiendo leer los relatos de horror de Guy de Maupassant con los que el cine de Shyamalan tiene muchísimo en común. Y Tercero, hay momentos que asusta en serio. Por lo menos tres de los suicidios colectivos que producen las plantas (¡!) en la película me generaron una enorme sensación de malestar: el de la obra en construcción, el del embotellamiento y ese en que John Leguizamo se corta las venas con un pedazo de vidrio. Eso sí, por favor, que el indio hijo de puta este se baje del caballo y por lo menos se ponga a laburar sus guiones en conjunto con otra gente. Porque es una lástima, tiene muy buenas ideas pero tremendamente desaprovechadas. Calificación: 5

La Niebla

Otra adaptación mediocre y desaprovechada (¿y cuantas van en los últimos años?) de un texto de Stephen King.

La niebla (The mist – EU – 2007 – Frank Darabont)

A la manera de un John Alvin (que dicho sea de paso, falleció hace muy poquito), el protagonista de la película se encarga de diseñar afiches promocionales para Hollywood. En la primera escena, a partir de un travelling, vemos como trabaja sobre dibujos de películas de Sergio Leone y John Carpenter; y desde estos homenajes uno podía esperar lo mejor: una de terror hecha con respeto y amor hacia el cine de género. Y Darabont tal vez pregone este amor y este respeto: con la intención de generar climas y no sustos o buscando dar a los personajes ciertos rasgos humanos que logren interesar aunque sea un cachito al espectador. El problema son los errores que acompañan a estas intenciones, y que están presentes en la construcción de situaciones, diálogos y también de estos mismos personajes. Ver nomás las actitudes incrédulas que toma el abogado vecino de Thomas Jane, o la ridícula decisión de ahorcarse por parte de los soldados, o la manera en que esta justificado el hecho de que los protagonistas no se pueden comunicar con el exterior (como si el montajista le hubiera dicho a Darabont durante la posproducción: “negro, te olvidaste de explicar por que no pueden llamar por teléfono para pedir ayuda” y este le halla devuelto un: “bueno... metemos una voz fuera de campo y yo creo que zafamos”). Esto hace que la película este más invadida por la estupidez que por la niebla. Además de ser otra muestra de terror programático: a una escena de tentáculos gigantes sigue otra de abejas gigantes, después otras arañas gigantes, y así sigue hasta que lo único gigante es el desinterés que produce. Solo en los minutos finales (y hay que rescatar que la película tiene un final negrísimo y osadísimo para Hollywood y que puede despertar más de una polémica) las referencias a Carpenter parecen cuajar y la estupidez de sus personajes parece justificarse un poco. Por que en definitiva se trata de una película en la que el monstruo más peligroso es la estupidez humana. Aunque eso sí, lo que no se justifica nunca, es la estupidez de sus realizadores en el resto del metraje. Calificación: 4

Leonera

Fui a ver Leonera al Gaumont (A.K.A. Km 0), lugar que no visitaba desde hace muchísimo tiempo, y me sorprendió lo barata que sale la entrada: unos modicos 4$ que me obligan a volver en pronto. Un precio que me hizo sentir en deuda y tener la obligación de darle una propina al antipático acomodador que me corto la entrada a cambio de un programita chotísimo. Aunque claro, hay que decir que las salas podrían estar en mejores condiciones, por que el lugar es un poquito un bajón y no hay duda de que el cine argentino convocaría más si los sitios donde se proyectara conformaran un paseo agradable. Si es para combatir las manchas de humedad espantosas de las paredes o poner calefacción en las salas, creo que nadie se va a quejar si le suben uno o dos pesos la entrada, ya que seguiría siendo barato y mucho más saludable para todos. Por suerte, y para contrarrestar, la calidad de proyección fue bastante decente. Y lo más alegre de todo es que había una nutrida concurrencia, muy nutrida si se considera que era una función de las tres de la tarde de un día Miércoles. Hasta había, llamativamente, más gente que para ver Indiana Jones durante el día de su estreno en el Village. Lo que viene a demostrar que con buen cine y precios accesibles, el cine nacional convoca. Se puede.

Leonera (Argentina, Corea del Sur, Brasil – 2008 – Pablo Trapero)

Cuando Trapero aparece en la película de Trapero, es decir, cuando el director decide aparecer con un pequeño cameo en su propia película, lo hace vestido de jugador de fútbol. Lleva shorcito, medias y un bolso al hombro, y por lo poco que se lo puede ver (por que la escena transcurre arriba de un micro y es muy oscura, como varias partes del filme) esta sucio y parece volver de jugar un partido, de transpirar la camiseta (si no prestaron atención, es en la escena en que el personaje de Julia se encuentra con su amiga arriba del colectivo para que le de unos documentos truchos). Esta decisión no es azarosa, por que viene a definir a Trapero mismo como realizador de cine. Nos dice que se reconoce como un tipo que no ve el partido desde afuera, sino que le gusta salir a la cancha, a correr, ensuciarse y después volver a casa para continuar trabajando. Y así es como logra sus películas. La realización de Leonera tiene eso de salir a vivirla, de mover el cuerpo hacia los lugares donde nos va a ubicar como espectadores. Lo que la destaca es el enorme trabajo de campo que tiene, producto de eso mismo, de moverse, y que acá desemboca en un gran manejo del ambiente carcelario y el lenguaje marginal que allí se emplea. Es esto, tal como pasaba con El Bonaerense (más que con cualquier otra de su filmografía) lo que la hace brutalmente realista, inmediata, creíble. Es que Trapero habrá vestido smoking y caminado por la alfombra roja de Cannes, pero todavía no perdió el barrio, ni las ganas se salir a patearlo. Sea por sus casas, sus calles o sus cárceles.

Leonera ante todo es una película de denuncia social, concentrada en el sufrimiento y las miserias que deben vivir las madres presas y sus hijos en los penales de nuestro país: Olmos, Gorina, Ezeiza. Y así hay que entenderla. Creo que Trapero y Cía lo dejaron claro con cada aparición que tuvieron en televisión estas últimas semanas. Lo que cuenta la película ante todo es eso, lo mal que la pasan estas mujeres y sus hijos y lo mal que está que suceda esto. Por eso sus cuadros se encargan de pintar todo el tiempo la mugre, la sombra, la injusticia. Por eso la cámara se concentra gran parte del tiempo en el rostro triste y sufriente del personaje protagónico de Martina Gusmán. Mujer que hasta tal vez es inocente y a la que la separan de su hijo muy chiquito dado ha luz tras las rejas. Aunque en este personaje hay algo que parece calculado para que la actriz se destaque todo el tiempo. Se sabe, se trata de la esposa de Trapero y la productora de la película. Y hay que decir que hay escenas que son innecesarias, gratuitas o que se concentran en su cuerpo solo para resaltar lo valiente, lo comprometido y lo jugado de su labor. La mina esta muy bien (y en más de un sentido), es indiscutible, pero hay escenas que están ahí y parecen estar de más. Por ejemplo, esa donde ella aparece en bolas en una ducha con la panza de ocho meses y que no tiene ningún sentido, más que para potenciar su actuación. Es en estos momentos donde Trapero parece meter un pase de más, pero por suerte, no son tantos.

A diferencia de mucho del cine argentino, tal vez lo mejor es que se presenta una heroína. Sí, hay heroísmo en Leonera. Su protagonista se moviliza, se transforma, se juega, y por lo tanto se despega de los muchos personajes que habitan las películas del Nuevo Cine Argentino. Pero ojo, se trata de un heroísmo menguado, que nunca llega a explotar. Cuando veía la película me preguntaba cuanto podía haber ganado si la fuga de la madre y su hijo hacia Paraguay durara una mayor parte en el relato. Convirtiéndola en algo más visceral, más épico, más emocionante. Trapero opta por contar en la mayor parte del tiempo y con un estilo bastante contemplativo todas las miseria de la cárcel. Y hay momentos muy bien logrados en ese lugar, pero es una lástima que la cámara solo se ponga tras los hombros de su protagonista hacia el final del metraje. Que no se dedique más tiempo a la decisión arriesgada que asume la protagonista. La sensación que le queda a uno es que de esta manera, la película se hubiese potenciado más, incluso como denuncia. Pero es Trapero, y la sequedad de sus relatos son su marca de fábrica.

A todo esto estamos a diez años (o casi) de las películas fundacionales del Nuevo Cine Argentino, me refiero a Pizza Birra y Faso y Mundo Grua, y hoy la cosa parece estancarse cada vez más en una desalentadora mediocridad. Como consecuencia, y ante los gritos que claman renovación estética y temática, hace poco aparecieron, en el último BAFICI, Historias Extraordinarias y Los Paranoicos. Vamos a ver que pasa con ellas. Que respuesta tienen a su estreno. Pero, por otro lado, hay otras películas y otros directores que todavía apuestan a las bases de este cine y consiguen resultados muy valiosos, despegándose con creces de la mediocridad de un cine que cada vez estrena más y se ve menos. Tal es el caso de esta película y de Pablo Trapero. A la orden de todo aquello que definió al Nuevo Cine Argentino: naturalismo, actores que no son actores, compromiso con la realidad social, profesionalismo técnico y mucho criterio para la puesta en escena. Aquello en lo que tuvo dominio Trapero desde un principio. Así es que consigue, por ejemplo, travellings que son difíciles de ver en otras películas vernáculas (como en ese que le piden a Julia que calle el llanto de su bebe) o personajes inolvidables (como el de la gorda que muestra las tetas a los presos durante la escena del juzgado). Como también consigue poner su tema -el de las madres presas de la Argentina- en boca de todos. No será todavía, me da la sensación, toda la película que como público esperamos para nuestro cine, pero sí, una movilizadora y valiosa. Calificación: 8

88 minutos

A la película que viene a continuación la pude ver hace ya como un año en DVD. Y cuando vi los afiches en la calle que anunciaban su estreno en cines para este pasado Jueves, no lo pude creer. Por que la misma se trata, realmente, de todo un despropósito. Lo que me llevo a pensar una vez más en lo mal que se confunden los distribuidores a la hora de elegir que estrenar y que no. Por que hubiese sido hermoso ver Hacia rutas salvajes de Sean Penn en pantalla grande, o Las horas perdidas de Richard Kelly (película que para muchos también debe ser bastante floja, pero que cuenta con actores lo suficientemente publicitarios como para que la gente la vaya a ver). Aunque sea con un estreno mínimo, moderado, sin afiches en la calles. Pero no. A cambio tenemos esta bosta. Que ya sea en DVD o en cines, les recomiendo que la eviten. Y a los distribuidores una cosa: estamos en la era del DVD, midan mejor lo que van a estrenar, que las películas que vayan a proyectarse en una sala sean una experiencia cinematográfica valedera. Sino, ¿que sentido tiene?

88 minutos (88 minutes – Alemania, EU – 2007 – Jon Avnet)

No mucho que escribir. Thriller berretísimo, a la altura de esos que solían dar los Sábados por la tarde en la pantalla de Canal 9. Que tiene estreno en pantalla grande, se entiende, solo por que actúa Al Pacino. ¡Bah! Actúa... actúa es una manera de decir, por que el tipo solo hace de él mismo. O sea, pone la caripela y a cobrar. Y los ochenta y ocho minutos son apenas un gancho publicitario. Un engaña pichanga. ¡Malísimo! El punto que le pongo es solo por las minas que aconpañan a Pacino y que están para partirlas a todas. Calificación: 2

Los falsificadores

Segunda Guerra Mundial, Holocausto y Oscar. Viejos amigos.

Los falsificadores (Die Fälscher - Alemania, Austria - 2007 - Stefan Ruzowitsky)

De La lista de Schlinder para acá, ya son tres las películas sobre el Holocausto que ganaron el premio Oscar en menos de quince años: La vida es bella, El pianista, y en esta última entrega, Los Falsificadores. Y más allá de importar si fueron justas ganadoras o no de la estatuilla, lo que tal vez deja claro esto es que el Holocausto es un tema de tanta delicadeza y que implica tanto respeto, que muchas veces atenta contra toda distancia critica. Nadie puede discutir la calidad de La lista de Schlinder, una de las obras maestras de Spielberg; pero la de Roberto Benigni se trata de una película canalla, El pianista no esta ni por asomo entre lo mejor de Polanski, y la última de la lista, la que aquí nos convoca, simplemente se trata de una obra correcta, probablemente destinada a permanecer en la memoria de los espectadores por muy poco tiempo. Es cierto, hubo otras que trataron el tema y que no lograron lauros ni trascendencia. Allí están El noveno día de Volker Schlöndorff, la inédita The grey zone dirigida por el actor Tim Blake Nelson, o telefilmes como Insurrección de Jon Avnet. Pero también es cierto que varias de aquellas que apenas se despegaron de la medianía y lo televisivo, lograron ser sobrevaloradas por público, premios, y buena parte de la critica. Digámoslo, el Holocausto, como otros temas de símil importancia, ha sabido ser una ayudita para que algunos realizadores consigan lo que no hubieran conseguido de ninguna otra manera. ¿Acaso la Academia se hubiese amigado alguna vez con Polanski sino fuera gracias a esto? O fíjense como le fue a Benigni cuando quiso repetir la formula de La vida es bella pero mudándose de contexto a Iraq en ese esperpento titulado El tigre y la nieve. O mejor, alquilen en video Anatomia y averigüen en que andaba antes Stefan Ruzowitsky.

Ya que estabamos con El pianista, lo que cuenta Los falsificadores es muy parecido a la de Roman: la historia de judíos que sobrevivieron a los campos de concentración nazi gracias a un virtuoso desempeño de sus oficios. De hecho el tagline de una es “Music was his pasión. Survival was his masterpiece” y el de la otra “It takes a clever man to make money, it takes a genious to stay alive”. Con la gran diferencia que allí donde Polanski decidía narrar con una mirada distante y fría, Ruzowitsky opta por una mirada que nos coloca dentro del infierno mismo de la guerra. Su cámara sigue e imita gran parte del tiempo el punto de vista de sus protagonistas en los claustros de Auschwirz y Sachsenhausen y registra las miserias de estos lugares siempre desde lo que pueden capturar sus ojos, nunca reencuadrando de forma abyecta. Por eso todas las desgracias de los campos que se pueden percibir son las que pueden percibir también los personajes y muchas de estas suceden fuera de cuadro. Como en una de las mejores escenas de la película, en la que los protagonistas oyen como ejecutan a un prisionero a través de una pared. Otra diferencia, es que mientras El Pianista se reducía a una historia de supervivencia, Los falsificadores pone en el centro de la cuestión otro tema: la dignidad humana. Sorowitsch y su grupo de colegas deben plantearse entre obedecer las ordenes nazis impirmiendo dinero trucho o contradecirlas, evitando así seguir financiando la guerra. Y es tal vez en esta ambiguedad que propone donde la película pierde bastante. Sorowistch es un falsificador, un delincuente, y si bien tanto él como el resto de sus compañeros (la mayoría no criminales) nunca son condenados por esto, el director tampoco se arriesga en ponerse de lleno del lado de ellos. Razones por las cuales la película no logra una total empatia entre el espectador y los personajes y, por lo tanto, termina así por perder una buena carga de intensidad dramática. Esto se ve reflejado en la puesta en escena: hay más de un momento en que la cámara abandona el punto de vista de los prisioneros y toma el de los soldados nazis, como también se ubica en algunos lugares neutros (en algunos casos, casi como increpando a sus personajes). ¿Acaso un delincuente como Sorowistch no tenía el mismo derecho de vivir que cualquiera de los otros? ¿Acaso les quedaba otra opción a estos personajes más que seguir falsificando? ¿Acaso el director o nosotros mismos no hubiésemos hecho lo mismo en la situación que les tocó vivir? Seguir falsificando libras esterlinas y dólares para el nazismo y así, tal vez, seguir financiando su maquinaria de muerte, era un riesgo que estos personajes debían correr.

Y el indicar que se trata de una película correcta, es por todo el potencial que desaprovecha su director. Volviendo a lo señalado en el final del párrafo anterior, es por eso mismo que nunca se alza como una buena película de género, algo que también hubiera podido ser sin dejar de ser lo otro: una película respetuosa con el Holocausto y sus victimas . En Los falsificadores casi no hay tensión, aunque la muerte sea inminente en cada tramo de la historia. Porque no se nos involucra enteramente con los personajes. Por que no esta lograda desde la puesta en escena. Así es que se pierde ser una buena película de suspenso, como lo era, por ejemplo, Infierno 17 de Billy Wilder con sus soldados prisioneros a merced de la monstruosa maquinaria nazi. Y otro potencial que desaprovecha la película es, al tratarse de falsificadores, el del propio cine como falsificación misma. Aquello explorado por Orson Welles en F de Falso y también por algunos otros. En cambio, Stefan Ruzowitsky decide evitar riesgos y acudir a refugio de lugares seguros: lo verídico, lo ambiguo, el tema importante. El Oscar brilla en el living de su casa. Calificación: 6

Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal

Antes de empezar con la película, dos cuestiones. La primera, amo a Indiana Jones, pero no puede ser que su arribo a las salas sea tan masivo y tan invasivo que haga posponer a casi todo el resto de las películas con pretensiones de estreno para su mismo Jueves (salvo, claro, la de Tornattore, pensada para un público geronte). Una vez más: las cantidad de copias con que un tanque ingresa al mercado debería ser regulada por quién tiene la obligación de hacerlo. Segunda cuestión: otra vez subieron el precio de las entradas de cine. Fui a ver la película al Village de Caballito y me cobraron 15$ gracias a que tenía un cupón de descuento, sino, me hubieran cobrado 20$ cuando hace quince días había pagado 12$ en las misma condiciones. Estamos hablando de un 25% de aumento muchachos. Encima entre los trailers pasaron un spot antipirateria protagonizado por el robot Wall-e. ¿Pero qué mierda quieren con esos precios, que la gente no consuma copias truchas? ¿Qué vea cine apenas una elite cultural de la que seguro no vamos a formar parte? Insisto, amo Indiana Jones, amo el trabajo de Spielberg, amo ir a ver películas a una sala en excelentes condiciones de proyección; pero cuando a uno lo acorralan y no le dejan opciones, cuando todo viene a caballo de un imperialismo feroz; la relación que uno pueda tener con el séptimo arte se tiñe de un sabor agridulce, amargo, feito.

Hay que pelear por un cine popular, ¿por que de que se trata sino Indiana Jones? Con precios y opciones de cartelera para todos. ¡Pónganse las pilas la concha de su madre!

Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal (Indiana Jones and the Kingdom of Cristal Skull - EU - 2007 - Steven Spielberg)

En el momento en que la película llega a esa inigualable persecución por la selva peruana -esa entre los rusos de Cate Blanchett y la familia Jones- sentí ese gustito especial, aquel que no sentía desde hace muchísimo muchísimo tiempo. Aquel mismo que después de terminar de ver la tercera de la saga de Indiana, La Ultima Cruzada, nunca más pude hallar por ningún otro lado. Hubo gustitos parecidos, sensaciones que casi nos engañan, intentos esporádicos por imitarlo. En la era de las videocasateras tuvimos Tras la Esmeralda Perdida y Las minas del Rey Salomón; en la era de la digitalización: La Momia y Piratas del Caribe. Pero no, nada se le asemejaba. Lo que habían logrado Lucas y Spielberg de la mano de Harrison Ford era la formula de la Coca Cola. La formula del cine de aventuras hollywoodense por excelencia. Uno de los máximos logros del capitalismo moderno. Hubo Pepsis, Cunnington Cola, Cordoba Cola; pero nunca Coca Colas. Nunca más ese sabor inimitable con el cual muchos nos criamos y siempre habíamos intentado repetir en una sala de cine. Claro, hasta ahora.

Ante todo, quiero destacar que El Reino de la Calavera de Cristal no me parece la mejor de la serie y que si tuviera que hacer una tabla de posiciones muy probablemente la colocaría cuarta, tal como su número lo pide. Pero esta muy bien, no desentona, tiene el mismo estándar de calidad. Y tiene eso que parece fácil, pero es muy difícil: es un relojito, una máquina narrativa perfecta, no cae jamás de los jamases. Tildar de clásicas a las Indiana Jones puede ser complicado; pero si hay algo que hace esta película, tanto como sus antecesoras, es ser creyente en el Relato, en la Aventura, en el Cine; y todo con mayúsculas. Muy a diferencia de los grandes regresos de estos últimos tiempos, como el de Duro de matar o el de Rocky , la bueno de esta película es que no es revisionista, ni autoparodica, ni revanchista, ni nada de eso; sino que sigue la línea de sus antecesoras como si hubiesen pasado dos años desde que se terminó de filmar La Ultima Cruzada (a mi gusto, la mejor de todas). Y esto es por su confianza ciega en todo lo que señalo. Por que tanto Spielberg como su gente saben que temas como el Caso Rosswell, las expediciones de Pizarro hacia El Dorado, o la Guerra Fría son temas interesantes por sí solos si uno los sabe llevar bien. Como también una persecución por una selva o una expedición por una gruta indínega puede ser divertidísima si esta bien filmada. Sí, hay algunos guiños en esta última entrega. El hijo de Indiana se cuelga de lianas como su padre en el inicio de El Arca Perdida, y etc, etc, etc (cada uno tendrá en la cabeza los suyos). Y sí, también es nostálgica, pero... ¿como no serlo? Pero a cambio, y muy importante, no es nada pretenciosa. Ahora, esto en el año 2008 puede parecer poco, pero no lo es. En absoluto. Hacer una película como esta: respetuosa, noble, y de apariencia simple sigue siendo un logro difícil de imitar. Y que algunos se quejen, pero para mi esto para ya es demasiado.

A celebrarlo, volvió Indiana Jones, hay fernet y tengo una Coca Cola en la heladera. Calificación: 8

TOP MANTA: Mi Neurosis



Aquí nuestro primer video dirigido para una banda de rock, los ascendentes TOP MANTA. No soy muy partidario de que lo vean por Youtube, ya que nos hemos pelado el culo iluminando y haciendo todo lo posible para que se vea en la mejor calidad, pero bueh... sirve como difusión. Si lo quieren ver como Dios manda, pueden pasarse por casa que los invito con un fernet.

La técnica: fondo negro, lucecitas navideñas y todo el talento de Paula Funes al mando del After Effects.

Bajo anestesia

Y sí... para que te guste esta película la verdad es que tenes que estar anestesiado.

Bajo anestesia (Awake – EU – 2007 – Joby Harold)

Bajo anestesia es un caso de cine de slogan. Da la sensación de que algún productor se topó con uno bueno –que en este caso es “Cada año una de cada setecientas personas se despiertan cuando le dan anestesia total”- y dijo: dale para adelante que total lo demás... bueno, lo demás no importa, llamamos a un par de estrellitas, escribimos un guión firuletero y listo. A pesar de lo inquietante que puede resultar la estadística citada, en Bajo Anestesia no hay suspenso, ni terror, ni garcha. El personaje de Hayden Christensen se despierta de la anestesia durante un transplante de corazón pero esto no esta resuelto ni con una sola idea cinematográfica. Este pibe se levanta en una especie de realidad alterna y comienza a deambular por momentos y lugares de la trama de la manera más arbitraria y cualunque que existe, con el fin de darle al director la oportunidad de resolver todo de una manera bien canalla. La película hasta es engañosa desde un principio, con el uso de la voz en off del personaje de Terence Howard que se nos confiesa como amigo y después es todo lo contrario. Y lo peor es que no hay en todo el metraje un personaje que interese al espectador: los que asoman en un principio como queribles terminan siendo los malos, y aquellos con los que es imposible de generar empatía terminan siendo los buenos. ¿Que identificación se puede conseguir a partir de un protagonista multimillonario, apegado a su madre, que habla japonés y tiene cero carisma? Es claro: un cine que se precia de piola pero que de piola no tiene un sorete. O apenas, solo un slogan. Calificación: 2

Retrato de amor

Película de época. Actúa Keira Knightley. Uno se ilusiona.

Retrato de amor (Silk – Canada / Francia / Italia / Japón / Reino Unido – 2007 – François Girard)

La profesión del protagonista se podría decir que es la de gusanero: el muchacho se encarga de viajar por el mundo con el objetivo de conseguir huevos de gusanos para la producción de seda. Pero por más interesante que pueda sonar esto, la película es todo lo contrario. Otra historia de cruce de culturas, de amor prohibido contada de la manera más fría y chata posible. Qualite, exotismo... un bodrio. Esta película es la prueba rotunda de porqué directores como Joe Wright tienen que cotizar millones. Ya que ponerlo al lado de François Girard es como querer comparar a un delantero como Messi con otro como Del Orte: falto de talento, de pasión, de desequilibrio, de magia, de espectáculo. Fíjense lo que les digo, lo mejor de la película es que Keira Knightley muestra las tetas. Y eso que la chica casi no tiene. Calificación: 3

Meteoro

Si bien de momento ni la taquilla ni las criticas son muy favorables a la última película de los Wachowski, creo que se trata de la manera ideal en que debía ser adaptada la tira.

Meteoro (Speed Racer – EU – 2008 – Andy Wachowski, Larry Wachowski)

All you need is pop. Esto lo señalo alguna vez El Salmón y lo mismo parecen creer los Hnos. Wachowski. Meteroro es una película pop, totalmente pop, bellamente pop. Sus vívidos colores, sus primeros planos empapados en fluorescencia, sus mercancías Royalton multiplicadas por doquier son algunos de los elementos que fácilmente nos pueden conectar con el Pop Art de Andy Warhol o Roy Lichtenstein. Por otro lado, los Hnos. se encargan una vez más de procesar y combinar la cultura popular toda: carreras de autos, música techno, anime desaforado, luchas de catch, parques de diversiones, mafia italiana, etc, etc, etc. Meteoro no es tanto una película sobre el mundo de los fierros, sino eso: cine pop. Por eso sus circuitos no se parecen a pistas de verdad sino a montañas rusas, y los coches no responden a otra lógica más que a la de la irrealidad. Y tal vez el secreto para disfrutarla resida en entender esto mismo.

Al contrario de muchas de las adaptaciones sobre series de dibujos animados que Hollywood produzco últimamente, Meteoro no traslada el mundo del cartoon al mundo real, sino que apuesta a la operación inversa. Se trata casi de un dibujo animado pero protagonizado por seres de carne y hueso. Con una gran virtud, el respeto por el mundo que representaba el material original con todas sus reglas incluidas. Acá no se trata de los Transformers invadiendo el mundo de los hombres (o mejor dicho invadiendo EU), sino de los hombres invadiendo el mundo del color, de la fantasía, de la libertad. Y los Wachos aprovechan todas las posibilidades que el universo de la animación propone. Ahí están los delirantes y divertidísimos momentos protagonizados por Chito y Chispita perseguidos por los pasillos de Royalton o fusionándose en animes a lo Dragon Ball Z, o la excelente secuencia de apertura en el que un Meteoro niño se imagina en una carrera de autos pintada por sus propios trazos. Esto explica la decisión de los directores por filmar todo (o casi todo) en green screen. Aunque hay que resaltar que los Wachos han ido más lejos que George Lucas o Robert Rodríguez en materia de cine hecho en galpones, aprovechando esta técnica para lograr un montaje totalmente innovador. Eso sí, las reglas propuestas son claras y no tramposas, se sigue tratando de seres de carne y hueso en un mundo animado. Tuvimos a un Scooby Doo diseñado en CGI, a un Garfield diseñado en CGI, pero acá el mono Chito es un mono chimpancé posta posta. Y son tanto Chito como Chispita los que se afanan la película.

Ahora bien, muy a pesar de que Meteoro es una película basada en los de efectos especiales, en el vértigo y en el marketing, hay en ella una historia que vale la pena ser contada. Eso que no había en Transformers y en tantas otras pedorreadas que nos han sabido vender en los últimos tiempos. Además de contar una historia familiar que esta bastante bien llevada, los Wachos, como lo hicieron ya en la trilogía de Matrix y en el guión de V de Venganza, vuelven a contar la historia de un personaje que plantea una revolución contra el orden establecido (y ojo, con esto no pretendo postularlos como autores). Aunque hay que decir que la revolución que propone Meteoro contra las corporaciones en pos de las PYMES familiares y la independencia económica, no deja de hacer ruido. Ya que sus realizadores trabajan para una major voraz que tiene negocios multimillonarios desde la producción hasta la distribución, y con esto hablo de Warner-Village. Aunque sí, por otra parte, esta revolución puede ser pensada como acompañamiento tanto a la innovación estética que propone la película como a una ruptura frente a cánones cinematográficos, por lo menos en lo que a adaptación de tiras animadas se refiere. Y es gracias a todo esto, y al hecho de que los muchachos han dejado la filosofía barata de sus trabajos anteriores de lado y se han tomado las cosas menos en serio, que dan su película más feliz y estimulante hasta la fecha. Y sí, como suele suceder en estos tiempos, muy bien parece que no les esta yendo. Calificación: 8

Los dueños de la noche

Otra vez la realidad ha superado a la ficción. Estuve pensando en antecedentes cinematográficos sobre personas que han mantenido a otras bajo llave por muchísimo tiempo (se me vinieron a la cabeza El enigma de Kasper Hauser de Herzog y Oldboy de Park Chan-wook) y nada supera en imaginación el caso del austriaco Josef Fritzl. Por favor: ¡quiero ya su película!

Los dueños de la noche (We own the night – EU – 2007 – James Gray)

Al igual que la reciente Antes que el diablo sepa que estas muerto, Los dueños de la noche se trata de un policial que narra sucesos más bien convencionales dentro del género. En el caso de la de Lumet, un choreo a una joyeria que sale para el orto, en la de Gray, el enfrentamiento entre la ley y la siempre guachísima mafia rusa. Nada fuera de lo común. Pero lo que las hace fuertes tanto a una como a otra son la manera en que los lazos familiares se entremezclan en sus tramas. Padres, hijos, hermanos, todos se ven metidos en el quilombo; y es gracias a esto que cada uno de los lugares comunes que repiten se dotan de una dosis melodramática, de una intensidad que las hace distintivas. Redadas policiales, operaciones encubiertas, tiroteos; cada escena de Los dueños de la noche vale más por los gestos de cariño con que el personaje de Robert Duvall trata a sus dos hijos, o como estos dos mismos hermanos pelean por dejar de lado sus diferencias, que por cualquier otro cosa. Es que si uno revisa la filmografía de Gray –que se completa con Una cuestión de sangre y La Traición (la cual también cuenta con la dupla Mark Wahlberg / Joaquin Phoenix)- descubrirá que lo que más le interesa a este director son los lazos sanguíneos y como la idea de familia determina la identidad de sus personajes. Se puede ver algo reaccionario en la película. Puede ser. Pero creo que más que tener una mirada conservadora, tradicionalista sobre la familia, la película lo que hace es señalarla como un lastre, como un peso al que tarde o temprano es imposible de eludir. Es claro, el mundo cálido (reparen en las elecciones fotográficas), divertido, interesante, es el mundo de la noche, el mundo de la marginalidad, el mundo de la familia adoptiva. Para el personaje de Wahlberg tener que alejarse de esto es un bajón, es trágico. Y Gray acompaña lo que le pasa, como si también lo lamentara. Con cada alejamiento de este personaje su película pierde erotismo, nostalgia, onda. Abandona la sensualidad desbordante de Eva Mendez, las canciones de The Clash, Blondie y David Bowie que tan buen aire le dan. Pero, y por otro lado, al centrarse en la familia sanguínea y sus inevitables consecuencias, se vuelve realmente emocionante.
Resumiendo, se trata de un policial de corte clásico, con buenos y malos bien definidos, situaciones predecibles y fuertes componentes melodramáticos; que no por todas estas características deja de ser enormemente atrapante. Hay una persecución de coches bajo la lluvia que seguramente estará entre las mejores escenas del año. Calificación: 7

El inadaptado

Aquí va la primera critica escrita para http://www.cineismo.com/ ,un sitio que recomiendo por la calidad de los articulos de quienes escriben ahí, entre ellos, los del amigo Marcos Vieytes.

Pero antes, una anecdota: fui a ver la película que viene a continuación a la última función de un Domingo al Arteplex de Caballito. Resulta que la función se suspendió por que yo era el único espectador de la sala y esto no alcanzaba para comenzarla. ¡El único! ¡Domingo, diez de la noche! ¿Lo pueden creer? Me tuve que volver a mi casa sin película y con una crisis existencial digna de un personaje de la Nouvelle Vague. Crisis de la cual solo pude salir gracias a un cuarto de helado artesanal de Bambini y su dulce de leche bombón. Esto va en serio: el cine como lugar, como evento, como rito, se nos esta muriendo.

El inadaptado (Den Brysomme mannen - Noruega / Islandia - 2006 - Jens Lien)

El mundo (o infierno) que describe El inadaptado es gélido, aséptico, mortuorio. Uno donde los seres que lo habitan han perdido su capacidad de sorprenderse y emocionarse. Donde se han vuelto impermeables a la sangre, al dolor, a la muerte; donde ni siquiera los conmueve hallar un cadáver en la calle, perder un compañero de trabajo, o terminar una relación amorosa. Un mundo con humanos pero carente de humanidad, casi como aquel planteado hacia el final de Los usurpadores de cuerpo por un nuevo orden extraterrestre. Un mundo, que parece decirnos Jens Lien y su guionista, se parece cada vez más al mundo moderno, ese que nos toca vivir día a día.

Andreas -el protagonista del film- llega allí luego de suicidarse (o querer suicidarse, lo mismo da) arrojándose a las vías del metro después de observar perturbadoramente durante un largo rato como una pareja se besa en la estación (comiendose uno a otro como si se tratase de dos zombies de una película de G. Romero). Lo transportan en un micro en el que viaja él solo y lo depositan allí, a las puertas de una ciudad donde lo reciben con un departamento, un empleo, la posibilidad de conocer mujeres y todo el paquete armadito. Una vez en este lugar, le toca habitar espacios etéreos, compartir charlas intrascendentes con sus compañeros de oficina, cenar platos desprovistos de gusto y aroma, y coger con su novia siempre en la posición misionera (posición vulgar y rutinaria si las hay). Y lo peor: soportar que toda la gente que lo rodea le manifieste insólitamente ser feliz bajo esas condiciones. Hasta que, pronto, se pudre.

La incapacidad de adaptación de este Andreas, o su rebelión, surge ante la tendencia del mundo moderno por hacer de todo algo homogeneizado y pasteurizado (no por nada la estación de servicio donde lo esperan en el comienzo es marca “Standard”): la arquitectura, las mercancias, las relaciones humanas. Por eso, durante el climax del relato, persigue el olor de un plato que sospecha como artesanal, abundante, sabroso, único. La película nunca arroja hipótesis sobre el por qué de este estado de las cosas (esto tal vez halla que buscarlo en otras, como el reciente documental Mondovino, que ahonda específicamente en la cuestión de la standardización de la producción vitivinícola a partir del neoliberalismo y la globalización), pero sí, ofrece una mirada melancólica hacia la necesidad de plantarse frente a esto. A esos temibles y tan presentes “da lo mismo” o “esta todo bien” bien tipicos de la posmodernidad que son hoy la reacción común ante cualquier fenómeno, ya sea positivo o negativo.

Es cierto que lo que plantea El inadaptado no es ni muy original ni muy novedoso: su Andreas recuerda bastante a aquel Sam Lowry de Brazil de Terry William perdido entre tareas burocráticas y una sociedad indiferente, como la imposibilidad de escaparse de su infierno a pesar de llegar hasta el acto del suicidio, hace pensar en el Bill Murray de Hechizo del tiempo. Pero sí, hay que decir que no por eso deja de ser interesante como parábola de lo que sucede en la actualidad, especialmente, con la vida en las ciudades. Y lo hace con coherencia: con actores que contagian la languidez necesaria a cada uno de sus personajes, con una iluminación que da la sensación de estar todo el tiempo dentro de una heladera, con una banda sonora que genera climas terroríficos (originalmente su guionista, Per Schreiner, concibió el texto como una pieza radiofónica de terror), con una cámara colocada siempre a la distancia prudencial.

Y con todo esto Jens Lien tal vez no logra un plato copioso en matices, sabores y sensaciones, como el que busca su protagonista (sin encontrar nunca) y como el que parece anhelar su película para el mundo en que vivimos. Pero también es cierto que con medidos y escasos condimentos, como lo son sus escenas netamente surrealistas, su explicitez gore, y su humor negro, dista bastante de ser uno de esos platos insípidos, inodoros e incoloros que son muchos de esos que nos suelen llegar rutinariamente todos los Jueves. Calificación: 7

Tropa de Elite

Cuando hace unas semanas termine de ver la película que viene a continuación, sentí que me estaba perdiendo algo, que le estaba prestando una lectura errónea. Millones de espectadores, premios en Europa, buen puntaje en sitios importantes: estas eran algunas de las causas que me hacían desconfiar de mi mismo y preguntarme si no era que la estaba entendiendo mal; ya que hasta entonces me había parecido absolutamente nefasta. Pasaron los días, y para mi tranquilidad, toda duda quedo disipada cuando me comentaron que fragmentos de la misma eran utilizados en el Canal de Noticias C5N, el canal de Danielito Hadad, con el objetivo de ilustrar una fuerza policial ejemplar: más dura, más efectiva, menos corrupta. Claro, esa que para muchos es necesaria en Buenos Aires para que se acabe de una vez por todas ese maldito tema de la inseguridad que tanto nos tiene preocupados.

Y sí, siniestramente, su estreno se da a poquito nomás de que la Policía Porteña Macrista irrumpa en nuestras calles.

Tropa de Elite (Brazil – 2007 – Jose Padilha)

Recuerdo pocos casos en los cuales el uso de la voz en off juega tan en contra a una película como en este caso. En Tropa de Elite este recurso esta omnipresente, asfixiando las imágenes, explicitando lo que le pasa a los personajes, obligándonos a interpretar todo en una sola dirección. Un factor que pareciera hablar, en principio, de la incapacidad de un director para narrar a partir de cada plano. Padilha y su cámara están ahí, pero pueden estar en cualquier otro lado: dos metros a la izquierda, en plano general, arriba de una grúa o donde garcha sea. El criterio en la puesta escena es nulo, ya que lo mismo da, por que elige contar todo desde otro lugar: desde el montaje, y por sobre todo, desde esa fucking voz en off que nunca se calla. Ahora, lo raro, es que tengo muy buenas referencias de Ómnibus 174, el anterior largo de Padilha, el cual no pude ver. Lo que puede indicar que tal vez no estemos ante un realizador incapaz, sino ante algo peor: ante un tipo que cree que su público es tan estúpido e inferior que tiene la necesidad de que todo se lo expliquen y lo hagan en voz alta. Algo que considerando el carácter fascistoide de la película, se hace un poco más verosimil.

Tropa de Elite funciona como una celebración, como una publicidad de casi dos horas de duración sobre la BOPE: un grupo de elite paramilitar entrenado especialmente para combatir el narcotráfico en la favelas de Rio de Janeiro. Esta BOPE es dura, incorruptible, impiadosa e implacable en la lucha contra el crimen, y tiene licencia para torturar y matar sin ningún tipo de cuestionamiento. Ok, lo mismo se da en personajes como James Bond, pero la diferencia es que acá, lo que se vende, es la Realidad misma. Y esto es lo extremadamente molesto, como también lo era en Ciudad de Dios, película con la que todo el mundo relaciona esta. Pero si en Ciudad de Dios lo que jodía era la manera cool en que se mostraba una realidad para nada cool, en TdE es el discurso ultraderechista, hijo de puta y vigilante con que se lo hace. Si Ciudad de Dios es la realidad de la Villa del Bajo Flores o de Dock Sud contada por algún boludo palermitano que hace videos para MTV, en TdE lo es pero contada por un Bloomberg o un Hadad. La BOPE mata y después pregunta, al pobre y al narcotraficante hay que meterle bala por que son malos y su maldad es innata, nada tiene que ver con la condición en que viven. ¿Se pueden imaginar lo que sería un cuerpo de Policia como este en nuestro país? Hay un solo momento en que la película parece cuestionar su proceder. Es cuando en una redada la BOPE mata a un pibe y luego tortura a otro hasta que le canta el aguantadero de su jefe. A partir de esto, en una escena siguiente, la madre de este pibe torturado se presenta al protagonista de la película y, cual Priamo ante Aquiles, le pide por favor el cuerpo de su hijo desaparecido. Desaparecido a mano de los propios narcos por haber cantado su ubicación y traicionarlos, cuando no le quedará otra por que sino lo mataba la propia BOPE. Ahí parece que la cosa va tomar otro tono, que se va a despertar un drama sobre la miseria, el crimen y la culpa alla Dostoievsky, y donde se va a reflexionar sobre la condición humana. Pero no, estos miembros de la BOPE, con el protagonista de la película a la cabeza, reafirman su violencia y su posición haciendo un par de submarinos secos y dejando algunos cadáveres en el camino hasta dar con el cuerpo del pobre pibe este. Lo llamativo es que la película empieza con una frase de Stanley Milgran que dice que no es el carácter de una persona la que determina como actúa, sino la situación en la que se encuentra. Lo que pareciera indicar que la película de Padilha cree que fenómenos como la delincuencia y la corrupción son ante todo un problema estructural, en el sentido marxista. Pero tanto la BOPE como la película en sí nunca le da a sus personajes una posibilidad de redimirse, o de salir de la situación que los ha convertido en lo que son, sino que acaba con ellos y lo hace de la peor manera: cruelmente, a sangre fría y gatillo fácil. Nunca plantea o reflexiona el hecho de que los malos son malos por todo lo que les ha tocado vivir. Por lo tanto, se trata de una mentira absoluta. Un cine de gente que cree que la violencia se acaba con más violencia, que cree y reafirma a países partidos en dos en donde a los ricos no les queda otra salida que hacerle la guerra a los pobres, y así, viceversa. Y que esta convencida que la solución al problema no es la inclusión social sino la imposición de más mano dura. Muchachos: ¡guarda con fumarse un porro a ver si los agarra la BOPE! Calificación: 1

Corresponsales del peligro

Habrá desabastecimiento de carne, verdura y granos, pero no de EL ODIANTE.

Corresponsales del peligro (The hunting party – EU / Croacia / Bosnia – 2007 – Richard Shepard)

Corresponsales del peligro parte de una pregunta, un poco ingenua, que muchos alguna vez nos hicimos: ¿por qué no ir y acabar directamente con los Saddam Husseim o los Bin Laden del mundo si tanto mal le hacen a la humanidad? Total, nos dice, como también nos hemos dicho a nosotros mismos en más de una ocasión: a EU y a los países de bien les sobra inteligencia y capacidad militar como para hacerlo. La película indaga en este planteo, como también en otros temas importantes: la guerra, el deber del periodismo, el fino limite entre ficción y realidad, etc; y lo hace con frescura, con humor, con agilidad. Con una fotografía colorida y una puesta en escena que coquetea con lo videoclipero y lo publicitario; un poco a la manera de la reciente El Señor de la guerra, aunque sin el cinismo y el exceso de canchereo de aquella. Hasta acá todo bien, el problema es que con el correr de su relato cae en el más puro convencionalismo, tanto como para resolver situaciones como para justificar a sus personajes; lo que la va tornando cada vez más liviana hasta lograrla aburrida e intrascendente. Que el personaje de Richard Gere busque al tiránico de turno y se enfrente a las grandes cadenas de noticias, no por ideales, sino por que le mataron a su jermu (lo que es caer en el lugar más común del melodrama), pega para atrás. Y hay tantos momentos de esos que uno dice “esto ya lo vi en otro lado y no me puedo acordar donde” (ejemplo: cuando el pendejo hace zafar a los dos protagonistas haciéndolos pasar por miembros de la CIA o cuando el personaje de Gere reconoce a un viejo amigo segundos antes de que lo ejecuten) que la convierten en una pavada más, superficial y carente de riesgo. Pavada simpática, entretenida, de esas que amagan en algunos momentos con convertirse en algo interesante, pero pavada al fin. Calificación: 4

Viaje a Darjeeling

Vi hace unos días Petroleo Sangriento en el cine, lo que recomiendo que hagan todos aquellos que no lo hicieron todavía. Ya que tanto Paul Thomas Anderson director, como Daniel Day Lewis actor, son personas cuyo trabajo es de una grandilocuencia tal que solo puede ser bien apreciada en pantalla gigante. Terminada la proyección, estuve como dos horas hablando y gesticulando como el petrolero Daniel Plainview, y la película me dejó tan anonadado que no se que escribir, mas que un: ¡me encanto! Así que por ahora va la del otro Anderson amigos.

Viaje a Darjeeling (The Darjeeling Limited – EU – 2007 – Wes Anderson)

En su quinta película Anderson cambia de escenario viajando a la India, pero sin embargo, vuelve a repetirse. Desde lo temático: otra vez una familia disfuncional, otra vez conflictos entre hermanos, otra vez un padre ausente. Desde lo formal: fotografía colorida, ralentis, y la cámara puesta como siempre la supo poner. Hasta hay repetición en algunos detalles, como la presencia de un juego de maletines en escala. ¿Esto esta mal? No, para nada. Ser un autor como lo es él implica constancias tanto en un nivel como en otros. Lo que no deja de convencer del todo es que su última película nunca llega a tener eso que tanto han sabido tener sus trabajos anteriores incluso hasta Vida Acuatica. Eso que los hacían únicos, enormes: la emotividad. Y es porque en Viaje a Darjeeling los personajes nunca llegan a ser tan entrañables como los de Tres son multitud (Rushmore). O por que la elección del cancionero popular por parte del director tiene aciertos, pero no hay de esos temitas que erizan la piel como lo hacían Needle in the Hay de Elliot Smith o Hey Jude de The Beatles en Los Excéntricos Tenembaum. O por que las cámaras lentas están ahí pero nunca tienen el relieve que tenían, por ejemplo, en la escena final de Bottle Rocket con el personaje de Owen Wilson perdiéndose entre las rejas de una prisión. La película quiere, apunta al corazón, lo busca de a ratos; pero todo efecto que intenta conseguir en el espectador parece forzado, como que nunca surge naturalmente o de la mejor manera. Un buen ejemplo de esto es el modo abrupto en que sucede en pantalla el accidente que sufren los tres chicos indios en el rio a mitad del metraje. O el dialogo impostado que intercambia el personaje de Jasón Schwartzman a traves de una ventanilla con la camarera del tren, en el cual le dice cosas como: “Gracias por utilizarme”. Hay momentos placenteros en Viaje a Darjeeling, hay mucha belleza para los ojos (el diseño de producción, como siempre en el cine de Anderson, cuidadísimo hasta en el detalle más insignificante) y también hay, sigue habiendo, un autor querible. Aunque acá, no en su mejor forma. Calificación: 6

Nota: La edición en DVD Zona 1 viene con un cortito titulado Hotel Chevalier que sirve como prefacio a la película. No agrega mucho, pero es lindo de ver. Entre otras cosas esta Natalie Portman con la bombachita baja.

Rambo: Regreso al infierno

Siempre opine que el mejor lugar para ver una película es una sala de cine. Aunque hay muchas que si me dan a elegir prefiero el living de casa, cerquita de unas birras bien frias. Como con la que viene a continuación, que hasta tiene duración de telefilme: escasos ochenta minutos, y eso contando los títulos.

Rambo: Regreso al infierno (Rambo – EU / Alemania – 2008 – Silvestre Stallone)

El Sábado fui a un asado de amigos, y allí, alguien deslizó el comentario de que la película en cuestión es uno de esos extraños casos donde la ficción supera a la parodia. Es decir, a sus propias parodias. Algo bastante cierto: el rostro deformado de Stallone parece una mala caricatura de si mismo, hay tanta cantidad de carne picada y achura que recuerda a cualquier delirio gore de Peter Jackson, y tiene momentos tan de comedia involuntaria, que si uno se toma un par de tragos, se puede reír más que con cualquier momento de Hot Shots 2 o de Rambito y Rambón. Pero en realidad, terminada la película, uno se da cuenta que todo esto no es nada gracioso, sino más bien un poco triste. Ya que Stallone había tenido el epilogo perfecto para su carrera con Rocky Balboa, con la que se había amigado con el público y la pantalla, y con la que se había reivindicado tanto como personaje y como actor. Ahora quedó empantanado otra vez en la mierda, con una película carente de ideas, carente de carisma, y por sobre todo, absolutamente innecesaria. Calificación: 2

Sin lugar para los débiles

Los premios Oscar son cualquiera. Sí, lo se, no es nada peregrino señalarlo. Como premiación tiene cada vez menos prestigio, y como evento, cada vez menos emoción. ¿Cómo es que para la última edición nominan a Cassey Affleck como actor de reparto cuando su personaje en El Asesinato de Jesse James tiene más protagonismo que cualquier otro? ¿Cómo es que culminan el obituario con Heather Ledger sin decicarle antes unos minimos segundos a Brad Renfro: también joven, también prometedor, muerto casi al mismo tiempo y casi en las mismas circunstancias? (¡Que hijos de puta!) Cualquiera, sí, ninguna novedad. Lo que me preocupa es que hay actitudes en la premiación de los Oscars que se repiten casi de la misma manera en el público y hasta en la cinefilia actual. Hace pocos días pude ver Desaparecio una noche, debut tras las cámaras de Ben Affleck y una gran película, que para ser una adaptación de Dennis Lehane funciona bastante mejor que Rió Místico de Clint Eastwood. Cuando comenté a amigos y conocidos, cinéfilos y no tanto, lo mucho que me había gustado la película, varios me salieron con algo parecido a esto: “¡Naahhh, Ben Affleck, estas cada vez más enfermo Juan!”. Y los mismos que me dijeron esto son los que le prestaron buena atención a Rió Místico al momento de su estreno. Esa misma diferencia en la recepción de ambas películas se percibió en los Oscar. ¿Cuantas nominaciones recibió Desapareció una noche? Una, y apenas. ¿Cuántas Rió Místico en su oportunidad? Unas cuantas. Claro, una la hizo un tipo consagrado como Eastwood, la otra el boludo de Pearl Harbor. A lo que quiero llegar con esto, es que mucho de eso que es tan obvio y siempre se le critica a los Oscars, a veces se trata de lo mismo que practicamos nosotros como espectadores: la pereza, el preconcepto, el juicio mecánico e irreflexivo, la falta de riesgo.

La de Ben Affleck también me gusto mucho más que la que viene a continuación, otra de Oscars y tipos consagrados.

Sin lugar para los débiles (No Country for Old Men – EU – 2007 – Ethan Coen y Joel Coen)

No quiero hablar de errores de guión, sino, a que simplemente hay cosas en la película que no las creí. No creí nunca que el personaje de Josh Brolin después dejar a un mexicano herido a la espera de que se lo morfen los lobos le pueda agarrar remordimiento como para llevarle agua en el medio de la madrugada. Ni que siendo tan experimentado le costará tanto tiempo darse cuenta que el maletín lleno de dinero tuviera un rastreador. Tampoco le creí al personaje de Bardem. Tenía un profesor de guión que en relación a J.R. –el malo de la serie Dallas- nos dijo alguna vez que los mejores villanos son los que tienen alguna debilidad, los que muestran la hilacha, los más humanos, los más imperfectos; por ser más cercanos y más posibles. Antón Chigurh, el asesino que encarna Bardem (quién creo que tiene acá una muy buena actuación, pero no así un buen personaje) es siempre el mismo: monocorde, unidimensional, robotico. Genera mucha tensión en la pantalla en un principio, luego aburre. Le hubiese creído, sí, si en algún momento de la película le pegaran un tiro y revelase un endoesqueleto metálico alla Schwarzenegger, ya que nunca parece un ser humano, y de serlo, es uno bastante tarado y absurdo. Y Sin lugar para los débiles es un poco eso, vamos a ser sinceros, una reversión de Terminator, aunque con otras pretensiones artísticas. La diferencia es que a James Cameron le alcanzaba con hacer simplemente una película de género, pero a los Hermanos Coen no, ellos tienen que aspirar a más. Por eso su película lo tiene a Tommy Lee Jones (acaso como la voz misma de los Coen) con sus declamaciones a cámara y en volumen bien alto sobre como han cambiado los hombres con el paso del tiempo. ¿Y? ¿Esto se articula bien con el resto del relato? ¿Se ve en la historia y en las acciones que describe la película ese contraste entre el hombre de ayer y el de hoy? ¿Se reflexiona sobre esto? Para mi, solo un palabrerio que tiende a elevar la película a una altura a la que no esta. Palabras vacías con la que los Coen tratan de salvar otra obra cínica y carente alma. Podría ahondar mucho en aspectos que no me gustaron de Sin lugar para los débiles, pero me quedo con la escena en que a Bardem lo chocan y le rompen el brazo. Ahí, los Coen eligen mostrárnoslo todo sangrante con un plano picado en el que este asesino hijo de mil puta parece un cachorrito herido, como si buscarán que nos duela y nos apenemos por él. Como si este personaje que acaba con tantas vidas humanas de la manera más fria y forra fuera lo que más importa en ese mundo inútil que plantean. Misantropía pura. Prefiero películas con lugar para débiles, para dignos, para valientes, para seres humanos, para tipos con los que me pueda emocionar de verdad. Prefiero trenes a Yuma, prefiero películas como la de los Affleck. Calificación: 3