Black Book: El libro negro

Estos últimos días he estado a puro Verhoeven (¡Gracias a la Revista El Amante por haberle prestado la atención que se merece!), así que a continuación...

Black Book: El libro negro (Zwartboek – Holanda / Bélgica / Reino Unido / Alemania – 2006 – Paul Verhoeven)

Primero lo particular, el detalle. Como en todas sus películas, Verhoeven regala alguna escenita que ya por si sola alcanza para sentirse bien satisfecho. Casi siempre, sobre sexo o violencia, lo que este holandés es un especialista en plasmar. Imborrable, por ejemplo, aquella de Delicias Turcas en la que un Rutger Hauer descontroladísimo le corta los pelos de la concha a una de las tantas minitas que se levanta por la calle y los usa para decorar un collage. O esa de Invasión, en la que un instructor militar le clava una navaja en la mano a uno de sus aprendices solo por hacerse el cancherito y criticarle sus métodos. O... ¡vamos! ¿Quién no recuerda sino la celebrísima cruzada de piernas del bombón asesino de Sharon Stone en Bajos instintos? Bueno, por ahí vamos, en Black Book, en uno de los tantos momentos brillantes que tiene, Rachel Stein, la protagonista, una judía camino a infiltrarse en los cuarteles nazis, tiñe su pelo de rubio para que no la descubran en su misión. Pero atiendan esto: no solo tiñe los de su cabeza, ¡sino también los de su vello púbico! Y Verhoven, por supuesto, nos enseña este acto de manera frontal, explicita, tanto como lo exigían -justamente- nuestros más bajos instintos. Con esto solito ya me alcanzaba para irme contento de la sala muchachos, pero hay más, mucho más.

Ahora lo general, lo grande. Como en todas sus películas, Verhoeven se encarga de romper con más de una convención. En Robocop, el villano era petiso, calvo y de anteojitos, pero metía más miedo que cualquiera. En Invasión, el ejercito era conformado por hombres musculosos, pero también por mujeres delicadas y hermosas que se la bancaban por igual. Y así se pueden citar un montón de ejemplos más dentro de su filmografía. Bueno, en Black Book hay judios, pero no se quedan solo en victimas, sino que tienen aguante y salen al combate. Hay nazis, pero no todos son monstruos desalmados, sino que hasta hay alguno benevolente y piadoso. Hay una resistencia holandesa, pero no siempre es heroica y noble, sino que hasta termina siendo tan hija de puta como los propios alemanes. En fin, en Black Book, todo es más complejo, apartado de cualquier estereotipo: los personajes, las relaciones, las situaciones. Nada es blanco o negro, la fotografía con su paleta a todo color no hace más que confirmarlo. Es que Verhoeven se propone contar otra cara de la historia, otra cara sobre lo que también fue la segunda guerra mundial y los sucesos inmediatos a su finalización. Una faceta más compleja, como también más oscura u oculta; y bien triste, capaz de enseñar que algunas cosas siguieron y siguen igual por más que esta guerra halla terminado hace rato. Y a la vez, sin descuidar toda capacidad como cine de género, ni mucho menos todo potencial como entretenimiento. Una historia negra, negrísima, pero contada a puro matiz, a puro color. Verhoven enseña que algunos pasados siempre serán amargos y dolorosos, pero que por lo menos, les queda el beneficio de ser narrados con toda la onda. Y, entre otras cosas, con una teñida de vello púbico inolvidable. Calificación: 9

2 comments:

Matías Orta said...

Tal cual: Black Book es un peliculón. Y Verhoeven, Dios.

M.

lowfirocker said...

Vengo de verla.
Impresionante.
Ya sabía que iba a ser una pelicula de espionaje, medio suspenso, que iba a usar eso como excusa para hablar de otro cosa: los claroscuros de la moral y de los posicionamientos ideológicos (no tan puros como alguno desearían). Y cómo los sentimientos juegan en todo eso.
Eso ya lo sabía. Y cumplió
Lo que no me esperaba es que iba a tener tantas vueltas de tuercas y todas tan justificidas!
Y que con cada nuevo giro y iba a sufrir como un condenado!!
Es cierto lo de los detalles, todo el tiempo hay pequeñas cosas que marcan un preciocismo en el guión y, por ende, en la dirección.
Nunca pensé que una historia de amor pudiera contar tantas cosas.
Un Diez!