BAFICI: Tom Yum Gong y Chocolate


Dirección: Prachya Pinkwae
País: Tailandia
Año: 2005, 2008
La gran renovación en el cine de artes marciales llega made in Thailand, con un grupo de películas que si bien no esquivan ninguno de los argumentos y lugares comunes del género (que por otra parte, éste, a su vez, toma del western y el policial clásicos), pone en escena un nuevo estilo de lucha –el muay thai- y alcanza niveles de realismo, brutalidad y destreza física nunca antes logrados. Uno de los lideres de esta nueva patota es el director Prachya Pinkwae, cuyas Tom Yum Gong y Chocolate se dan en el BAFICI y llega a nuestro país para acompañarlas.

Tom Yum Gong es la primera película que se proyecta en Buenos Aires del nuevo Maradona del género: Tony Jaa; quién no solo se jacta de realizar sus proezas sin la ayuda de ningún tipo de cable, arnés, o efecto digital, sino que además viaja por el mundo presentándolas en vivo como si fuese toda una estrella de rock. En Tom Yum Gong Tony Jaa encarna a Khan, un provinciano (que tal como en su anterior, Ong Bak) debe viajar a la ciudad para recuperar cierto objeto sagrado robado de su aldea, en este caso, un elefante y su cría. Con esta historia elemental y a la velocidad con la que en una porno caen las vestiduras, la película da a lugar a que Tony haga lo suyo; y una vez que empieza es imposible no caer en la lona a los pies de este astro. Cine deportivo, físico, en que todo placer estético es reemplazado por el placer cinético de ver al mismo Tony desafiar todas las leyes de gravedad y corporales existentes. Una épica de destreza humana, donde además, su director, acompaña las dificultades físicas que encara Tony y organiza travellings imposibles y un plano extensísimo subiendo unas escaleras en forma de caracol que quedará en la memoria del género por mucho mucho tiempo.

Por otro lado, en Chocolate, Pinkwae se sirve de una matriz melodramática y una diestra jovencita en plan de nena autista para lograr otro festín de piñas y patadas (o rodillas y codazos, tal vez sea más apropiado). Conciente de la dimensión icnográfica de Tony Jaa, esta protagonista aprende el arte de la lucha viendo las películas de este actor y esto le alcanza para salir a defender a su familia a través de sus dotes marciales. Tal como en Tom Yum Gong y la inédita Ong Bak, no faltan acá personajes tan cómicos como llamativos, como el gordito que acompaña a la protagonista o el enfermito mental que debe enfrentar la nena hacia el final; ni momentos de una diversión tan ingenua como desatada. Pero nuevamente, el gran atractivo, son los enfrentamientos físicos y las coreografías con las que son representados. Dos o tres escenitas hacen de Chocolate una película memorable: esas de los enfrentamientos en la feria de carniceros o la de la fábrica de hielo; pero por sobre todo, deslumbra con ese final prodigioso en el que decenas de tailandeses combaten contra la protagonista al limite del vacio sobre los balcones de un edificio. Ahí es cuando uno comprueba que lo que hacen Pinkwae y sus amigos y stuntmen se trata de algo encarado con todo el esfuerzo y el riesgo posibles, y que por eso merecen toda nuestra atención y respeto.

Dos muestras de un cine popular en estado puro y de lo que se puede lograr si uno filma lejos de Hollywood sin compañias aseguradoras y sindicatos que atenten contra la épica, la magia y las posibilidades físicas y cinematógraficas del cuerpo humano. Seguramente, la vida en Tailandia cueste muy poca plata.

Gomorra

Vayan a conocer a unos pibes divinos, los integrantes de la Camorra.

Gomorra (Italia – 2008 - Matteo Garrone)

Gomorra es una de las películas sobre mafiosos más violentas que recuerde haber visto. Y no tanto por lo que muestra sino por como lo muestra. En ella no hay cabezas equinas decapitadas ni capos arrasando a multitudes de narcos previa ingesta de montaña de cocaína; hay mucho menos que eso, pero mostrado de una manera chocante, molestísima. Escenas como la de la masacre del solarium durante su comienzo o aquella en la que los sicarios Ciro y Marco prueban ametralladoras vestidos solo por calzoncillos Dolce & Gabanna, se hacen de una incomodidad intolerable. Y esto es porque Matteo Garrone decide filmar lejos de toda fascinación por la violencia y glamour, en cambio nos invita con su cámara a acompañar y mezclarnos entre los puntos de vista de sus personajes como si fuéramos uno más de ellos. Una suerte de cámara testigo que otorga mucho realismo, pero además, un enorme clima de inestabilidad y pesadez. Toda violencia y muerte en Gomorra golpea en la nuca, y cuando uno se da vuelta (es decir, cuando la cámara se da vuelta para recorrer lo que antes era fuera de campo) no hay más que gritos, confusión y sangre. Toda muerte en ella es sorpresa -no se puede ni pestañear- y cada vez que irrumpe nos deja con miedo, con asco y la cabeza dando vueltas.

Por otra parte, Gomorra se trata de una actualización del género de gangsters a estos tiempos modernos, hipercapitalistas y globalizados. Lo que cuenta –y bien muestra- es el funcionamiento, siempre desde adentro, de la mafia napolitana de la Camorra, y abarca todos sus estratos: desde el pibe de los mandados hasta el capo de negocios millonarios (bastante a la manera que Traffic de Soderbergh lo hace con la red de narcotráfico en EU); con una mirada sobre el crimen organizado ni épica ni romantizada, sino desmitificada. Acá no interesa el ascenso y la caída del jefe camorrista, sino la rutina, la burocracia y la ejecución cotidiana de la violencia en un sistema tan bien instaurado como aceitado. Sistema que parece proyectar una permanencia larga y que cubre desde la venta de falopa en las esquinas del barrio hasta la financiación de talleres de alta costura o el tráfico de deshechos tóxicos industriales en toneladas; y que por otro lado, es bien real y vigente. Por lo tanto, Garrone y su cámara nos las enseñan de la manera más inmediata, seca y tajante posible, casi escupiendo en nuestra cara. Una película insoportable, pero en el mejor sentido de la palabra. Calificación: 9

El transportador 3

Me pelé para parecerme a Jason Statham, pero me falta... me falta mucho.

El transportador 3 (Transporter 3 – Francia – 2008 - Olivier Megaton)

Hay autores, y también hay artesanos, buenos coreógrafos y tipos que ejercen su oficio con pericia; después, hay simples obreros de la industria, ladrones e hijos de puta. Esos son algunos de los tantos rótulos para referir a un director de cine. Cory Yuen y Louise Leterrier, responsables de las dos primeras partes de las saga de este remisero de lujo fundamentalista de los Audis negros, supieron ser buenos coreógrafos, dotando a sus películas de un vértigo, un musculo y una destreza visual acordes a la personalidad y la capacidad física de Jason Statham; en cambio, su relevo, este tal Oliver Megaton, no es más que pura rutina y falta de talento, es decir, un hijo de puta. Por consecuencia, El transportador 3 se trata de una de acción más, con algún que otro momentito divertido y logrado, que logra zafar, pero ante todo, por el enorme carisma del pelado. Un actor, sí, pero que merece mucho más que ese simple rotulo. Calificación: 4

Dato curioso: el director de esta película cambió su apellido de Fontana a "Megaton" porque nació un 6 de Agosto, fecha aniversario de la caída de la bomba atómica en Hiroshima. ¿No es un poco siniestro?

Slumdog Millonaire

Esta nota va desde España.

Slumdog Millonaire: ¿Quien quiere ser millonario? ( Slumdog Millonaire - Reino Unido - 2008 - Danny Boyle)

Antes de encarar la visión de está película una amiga me contó que no la quería ver porque se había enterado que en ella mostraban algo terrible: cómo en India mutilaban y cegaban a chicos para despues mandarlos a mendigar. Y sí, en Slumdog Millonaire pasan cosas terribles, y muchas, empezando por que el protagonista se hunde literalemente en una pileta de mierda para poder conocer a su actor favorito, pero ninguna tiene el peso dramático necesario como para tocar aunque sea un nervio en el espectador. ¿Razones? Danny Boyle decidió filmar y montar a mucha a toda velocidad, a demasiada velocidad; lo que la convierte ante todo en una película ligera, livianísima, en la que todo se sucede a ritmo de videoclip. Y en la que sucede de todo, pero nada con la fuerza suficiente. A caballo de una fábula tan banal sobre el azar y el destino como aquella de la pelotita de tenis en Match Point de Woody Allen.

Por otro lado no es más que una serie de ideas sobre lo que es el tercer mundo para los habitantes del primero: basura, guerra, delincuencia y explotación infantil. Todo en Slumdog millonaire es un tópico de los que es (o debe ser) la vida en el subdesarrollo. Lo que habla de una película que mira con distancia la vida en otros países, sin involucrarse jamás. Tanta distancia, que está musicalizada por M.I.A., que es de Sri Lanka, reside en Inglaterra y es un claro ejemplo de música posmoderna y globalizada, pero que cae en la misma bolsa. Aclaro, prefiero esto a muestras de falso compromiso con la gente del tercer mundo como las de El jardinero fiel, pero Slumdog Millonarie no deja de tratarse de un cine epidérmico, efímero e irresponsable.

Ahora, que halla ganado el Oscar y se anuncie como la primera gran película de la era Obama no deja de generarme mala espina. Obama, se supone, implica una era de tolerancia, integración y respeto, y Slumdog Millonaire, filmada con lenguaje y estilismos del primer mundo (lejos está de Bollywood o la apertura hacia otros cines) apenas si mira con mucha distancia a ese otro mundo, y lo hace con los preconceptos de siempre. Lo que deja claro que con Obama o sin Obama la posición de Estados Unidos hacía el exterior no va a cambiar mucho. Que los Señores Oscar se dignen a nominar a algo que se salga de sus cánones o premien a directores que se animen a un poco más que Danny Boyle, y que después sí me vengan a hablar de la entrada a una nueva era. Mientras, me quedo con un buen Bollywood, que acá en España hay un montón de emigración india y se consiguen a montones. Calificación: 4

Rudo y Cursi

Fui al cine con mi hermana. Eligió ella.

Rudo y Cursi (EU, México – 2008 – Carlos Cuaron)

El fútbol es un deporte difícil de representar. Alguna vez leí por ahí algo muy interesante, que a diferencia del béisbol, el básquet o algunos de los deportes comúnmente llevados a la pantalla por Hollywood, el fútbol carece de los tiempos muertos necesarios para hacer avanzar un relato por fuera y por dentro de la cancha: una vez que la pelota rueda, no hay tiempo para dialogo ni conflicto dramático; todo es pura acción, pura confusión. Algo que como consecuencia lo hace un poco anticinematográfico. Pero lo cierto es que para agrupar a veintidós jugadores capaces en un campo de juego y a una multitud que los circunde, es necesario contar con aptitudes actorales, técnicas y presupuestarias bastante elevadas. Recuerdo escasas buenas películas sobre fútbol, Escape a la Victoria de John Houston (con Stallone atajando un penal), Shaolin Soccer de Stephen Chow; no mucho más.

Ahí radica el gran problema de Rudo y Cursi, en sus dificultades para poner en escena al deporte. Nunca, o casi nunca (salvando las escenas de los penales y algún q otro momentito), se ve a Gael o a Diego Luna jugar al fútbol: lo hacen fuera de campo o a través de alguna imagen televisiva media confusa, lo que es muy decepcionante. Y no por que esto ocurra por decisiones estilísticas o narrativas, sino simplemente por pura incapacidad. Así es que tenemos una película “de personajes”, con personajes incompletos, a los que se les corta las piernas. Tanto Gaelcito como Luna deberían haber pasado menos tiempo en bares de Palermo y fiestas de MTV y un poco más ensuciando sus patas en algún potrero.

Pero otro aspecto que falla en estos personajes, más allá de si los dos actores que lo representan tienen química o no (algo que en definita poco me importa), es el simbólico. Si uno pretende hacer una lectura se encontrará con que Rudo, Cursi y su manager Batuta (personificado por Francella) no son más que los estereotipos del explotado y el chanta de una latinoamérica en la que la bajeza, la corrupción y el delito triunfan en todos los estratos. Cuaron no solo acepta esto, sino que ni siquiera lo cuestiona, más bien lo da por sentado: de México a Argentina somos un país de timberos, merqueros, putañeros, estafados y estafadores, a los que no nos queda otra más que bajar la cabeza y seguir el juego, parece decirnos. Alguna criticas que leí por ahí señalan como una característica positiva el hecho de que la película simplemente muestra como el negocio del fútbol de México se parece al de otros países, tal como el nuestro. Yo digo: ¡que novedad!

Igual no son todos palos, y esto lo aclaro por si mi hermanita da con esta nota (¡Vir, de verdad, igual la pase muy bien!). La película entretiene, con buenos momentos y un humor a veces logrado. Tal vez lo mejor -tengo que admitirlo- sea Francella, quién demuestra que cuando lo sacan de productos televisivos o la fábrica de soretes de Rodolfo Ledo y lo meten a laburar en algo más profesional, puede ser un buen actor de cine. Rudo y Cursi es como una pelota toda remendada (con esos parches que son la constante voz en off de Batuta y la decisión de no mostrar jugando al fútbol a sus personajes) que rueda, permite jugar y divertirse, pero que no deja de ser bastante fea. Calificación: 4

Asterix en los Juegos Olímpicos

Ni para comprar en VCD en La Salada cuando te falta un último título para completar el 4 X 10.

Asterix en los Juegos Olímpicos (Asterix aux jeux olympiques – Francia, Alemania, España, Italia, Bélgica – 2008 – Frédéric Forestier, Thomas Langmann)

Siempre solemos despotricar contra lo peor del cine comercial norteamericano -tal vez por nuestra necesidad de combatir su insistente imperialismo cultural- y tolerar un poco más el flojo cine comercial europeo -tal vez por sentirnos más hijos de su cultura-, pero lo quiero gritar: ¡el cine comercial francés que está llegando acá últimamente es una mieeeeeeeerda! Esta nueva de Asterix no es más que un cúmulo de chistes tan vencidos como los pollos de Mazolin, en la cual nunca interesa ni lo más mínimo su historia, sus personajes, ni nada de nada. Dirigida por dos mogólicos que se compraron la maquinita de hacer efectos especiales que Stephen Chow y Javier Fresser ya tienen hace rato. Solo me resta decir que lo de Alain Delon da mucha pena. Calificación: 1

Las diez películas del 2008

El 2008 confirmó la tendencia: cada vez menos sala de cine y cada vez mas copia trucha. Con entradas a 20$, salas q cerraron (o amagaron con hacerlo) y una cartelera apestosa. Prueba de esto último es la desnutrida oferta con la que contó el mes de Diciembre, con Jueves en el que apenas se estrenó algún gift navideño y no más que otra de animación infantil. Mientras el DVD -y su complemento: la internet- sigue proponiendo lo más actual y mejor del cine de todo el mundo.

Esto trajo aparejado algunos fenómenos, unos alarmantes, otros favorables. Entre los primeros tengo que destacar la muerte del videoclubista. Ya se acabó ese empleado con oficio y conocimiento dispuesto a recomendarle a uno una buena película o charlar sobre un nuevo director. Ahora tenemos al "mantero", una especie que se desconcierta cuando uno le pide la última de Spielberg y lo único que conoce es el puesto de la Salada al que tiene recurrir para dotarse de lo que se estrena el próximo Jueves en el cine. Entre los otros, los fenómenos favorables, fue importantísimo el crecimiento de los cineclubs, que se pudo dar gracias a que los proyectores se pusieron a buen precio e inundaron el mercado. Los cineclubs dieron alternativas más interesantes que la cartelera del Village o el catalogo de DVDs ampliados que 791 Cine proyectó en los Arteplex y cobró como filmico.

Este 2008, en lo particular, pude colaborar en dos lugares relacionados con la critica; uno es el sitio Cineismo, en el cual su director me trató muy bien; y otra es la Revista Cinemania, que hace dos meses dejó de existir. Esto último me pareció una cagada, no solo porque también me trataron bien –lo que no es poco pedir en este medio- y pagaron correctamente, sino por que indica que hay un cierto público de cine que se está perdiendo. Aclaro que yo no era lector de Cinemania, ni tampoco me parecía una publicación muy respetable, pero representaba a ese espectador medio que puede ser cualquier hijo de vecino, interesado en leer un poco sobre cine aunque esto venga acompañado de fotos de 20 x 20 de George Clooney o Nicole Kidman. Ahora todo parece polarizado entre el tipo que le chupa un huevo todo lo que se escribe y el cinéfilo-culto-intelectual de El Amante, el freak de La Cosa o el productor-realizador al que apunta Haciendo Cine.

Pasemos a las películas. A continuación hay una decena de ellas, puestas en orden alfabético, que no pretendo proclamarlas como las mejores, sino como lo que más me gustaron de lo que vi en el año. Tal como propone la mayoría de las publicaciones, están elegidas dentro de lo que se estrenó en cine durante el 2008; y entre ellas hay muchas que quedaron bastante atrás en mi memoria como para asociarlas con este año (caso Promesas del Este o Planet Terror) y otras que no llegue a ver (caso Historias Extraordinarias) y sospecho que podrían estar tranquilamente entre estas. De las joyitas que vi en DVD (como la sueca Let the right one in) prefiero no contar.

Las diez de EL ODIANTE

Batman: El Caballero Oscuro (Christopher Nolan)
Y sí... finalmente la puse. Como película de superhéroes es lo mejor que se hizo desde El Hombre Araña 2 (hay que atender a las segundas partes muchachos) y además es un policial de la ostia: adulto, complejo, político. ¿Que más se puede pedir? Ah, viene con el villano del año. Aunque aclaro: no considero que sea para tanto como para desbarrancar a El Padrino de su imbatible Nº 1 en imdb.

Expiación, deseo y pecado (Joe Wright)
Para muchos, tal vez lo que pueda despertar Atonement (me gusta más el título original) se trate solo de puros placeres superficiales. Pero... ¡cuanta belleza que irradia y que bellamente filma Wright! Sea cual sea los textos con los que decide meterse, o una novela archiconocida o una menor como esta de Ian McEwan. A mi con eso me alcanzó para disfrutarla como a pocas. Además, Keryra Knightley está para enamorarse.

La nube errante (Tsai Ming-liang)
No quería elegir películas cuyo estreno se dio en DVD, pero bueno... acá está. ¿Cómo negarla? ¿Cómo negar ese baile alrededor de la poronga gigante? ¿Cómo negar ese Lee Kang-sheng disfrazado de lagarto y arrastrado por un estanque? ¿Cómo negar ese final, digno de que salgan fuegos artificiales de atrás de la pantalla? ¡Si! ¡Que lindo sería el cine si se estrenaran más seguido estas demencias asiáticas!

Los Paranoicos (Gabriel Medina)
Tal como lo fue (o pretendió ser) El fondo del mar de Damián Szifron, la de Medina es una película de síntesis, entre eso que algunos dieron por llamar Nuevo Cine Argentino, el cine de autor y un cine popular o de género. Se trata de un historia cotidiana, como la que puede vivr cualquiera, narrada con una precisión y un clasicismo sobresalientes, con momentos de western y personajes inolvidables. Como muchos, me identifique enormemente con el personaje de Hendler. No digo que cuando estoy solo hago los pasitos que hace él pero... hago taradeces peores.

Petróleo Sangriento (Paul Thomas Anderson)
Una película sobre la historia de Estados Unidos del Siglo XX contada a partir de la explotación petróleo, pero también la amarga historia de la soledad de un hombre (tema que se repite en la filmografía de Anderson). Todo contado con la destreza y la maestría que este discípulo de los Scorsese y Coppola de antaño puede ofrecer. Eso sí, demuestra que actores de la grandilocuencia de Daniel Day-Lewis solo pueden trabajar con directores de su talla.

Shara (Naomi Kawase)
Sin ser un relato de iniciación, por lo menos para mi Shara no deja de serlo; por que cuando la vi fue como encontrame con el mundo, a través de una pantalla de cine, como si fuese la primera vez. Una experiencia religiosa, epifánica. La cámara con la que filma Kawase parece ser los ojos de un ángel que cayó a la tierra para enseñarnos el mundo de los mortales por un ratito. De paso nos regala una de las escenas musicales más bellas que recuerde haber visto.

Shine a Light (Martín Scorsese)
Por esas cosas de la vida nunca fui a ver a los Stones, pero sospecho que en vivo no me hubiesen impactado tanto como sí lo hacen en la película de Scorsese. Por que acá se los ve cerquita, nítidos, perfectos y uno toma total conciencia que lo de Jagger, Richards y cía. es una hazaña absoluta, digna de llevarse todos los lauros. Tanto ver musicales en DVD me habían hecho olvidar que un recital se podía vivir frente a una pantalla de cine de esta manera. Lamentablemente, e inexplicablemente, fue el fracaso comercial del año.

El Tren de las 3:10 a Yuma (James Mangold)
Sí, tiene algunos problemitas, sobre todo en su resolución, pero no importa; fue una de esas películas que empecé a ver esperando nada y terminó por partirme el alma. Además me sirvió, ya que la vi en contraposición con Sin lugar para los débiles, para darme cuenta cual es el cine que me apasiona... el de héroes y seres humanos poseedores de valores por los que todavía vale la pena luchar, aquellos que piensan y creen en la posibilidad de un mundo mejor. Nada de lo que se puede encontrar en las películas de los Coen.

La Última Estación (Pino Solanas)
La única película nacional que vi en cine este año y la gente aplaudió al momento de correr los títulos. Lo que habla de un cine valioso para el pueblo argentino, no como el de muchos otros autores/as vernáculos que solo parecen resultar valiosos para una minoría critica o festivalera. La de Pino es una película importante por que comunica, discute y da pelea sobre un tema que nos toca sufrir cotidianamente, sin descuidar nunca todo potencial cinematográfico. Estoy convencido de que con más documentalistas como Solanas no solo tendríamos un cine mejor, sino también un país mejor. Además, como anunció alguno de los Fernández, se mandó la campaña publicitaria más cara y original del mundo: ¡mandar a quemar trenes de millones de dólares!

Wall-e (Andrew Stanton)
Ya lo dije, para mi este robotito chatarrero está vivo en algún lugar del universo; bueno... por lo menos tiene mucha más vida que mucha gente que conozco. Es que los de Pixar siguen haciendo de la animación un arte, nunca meros pasatiempos o excusas para vender cajitas felices. En Wall-e conjugan una historia emocionante y llena de vida con la distopia y la critica social, logrando que el pibe la pase bien y el papá salga debatiendo con la mamá el estado en que se encuentra el mundo. Un logro. Ahora lo único malo que me dejó, es que cada vez que veo una cucaracha pienso en la posibilidad de convertirla en mi mascota.

Planet Terror

¿Qué mejor ocasión para volver al ruedo?

Planet Terror (EU - 2007 - Robert Rodriguez)

Aunque muchos ya estén enterados, es necesario hacer unas aclaraciones importantes antes de comenzar. Lo que en la Argentina se estrena como Planet Terror, fue en un principio concebido como parte de un filme doble, es decir, un filme compuesto a su vez por dos largometrajes, titulado Grindhouse. El otro largo que lo completaba es Death Proof de Quentin Tarantino -que por ahora permanece inédito en nuestro país -, y ambos estaban unidos por cuatro trailers falsos dirigidos por Rob Zombie, Eli Roth, Edgar Wright y el mismo Robert Rodríguez. Grindhouse proponía recrear los programas de las salas de cine en continuado que décadas atrás supieron llevar ese mismo nombre en los Estados Unidos, dedicadas a proyectar comúnmente producciones clase B centradas en temáticas violentas y de explotación sexual. Pero el fracaso comercial en su país de origen al momento de su estreno fue tal que los hermanos Weinstein –productores ejecutivos de la dupla Tarantino-Rodriguez- decidieron distribuirla, tanto en el resto del mundo como en DVD, por separado y en versión extendida, ávidos por salvar algunos millones de sus cuentas bancarias. Una operación similar a la hecha con los dos volúmenes de Kill Bill. Por lo tanto lo que podemos ver en pantalla grande, es, lamentablemente, una parte mutilada de la experiencia Grindhouse. Algo que bien podía verse como un mero revival, pero también como el lugar de resistencia de un cierto modo de ver y vivir cine que está prácticamente extinto. Claro está, ya nadie tiene tiempo, ni dinero, ni ganas como para ver dos películas seguidas en una misma sala. Es más, ya nadie parece ni siquiera ir al cine por estos días.

Por suerte, la que nos llega -aunque con mucho retraso y muy a pesar de las ventajas publicitarias que proporcionaba el apellido Tarantino- es la mejor de las dos mitades de la torta, la de Robert Rodríguez. Si hubiera que buscar una imagen para definir su película se podría señalar que es una ametralladora. Una ametralladora rápida, furiosa y humeante como la que ostenta su protagonista en los afiches promocionales que se pueden ver por las calles. Una que no para ni por un minuto de disparar citas cinéfilas, como también acción, humor, vísceras y, lo más importante, ideas cinematográficas.

Con Planet Terror Rodríguez propone recrear a pura talento y velocidad aquellas películas de terror y zombies de bajo presupuesto de los setenta y ochenta, apoderándose del verosímil instaurado por estas mismas. Lo que le permite correr con una ventaja: todo lo que está mal en ella, está bien; porque remite a un tipo de cine donde lo “mal hecho” era una marca definitoria y distintiva. Por eso tal vez sea una de las películas más felices del director, por que todo lo que hacía ruido en sus trabajos anteriores y podía verse como un defecto (caso Erase una vez en México, por dar un ejemplo), como ser los diálogos risibles que pone en boca de sus personajes o esas escenas de acción delirantes que tanto suelen gustarle, terminan calzando perfectamente en esta ocasión. Aunque cabe destacar que como director, Rodríguez sabe hacer mal las cosas con un virtuosismo único. Así lo demuestra con la ridícula conversación que les hace intercambiar a Cherry y El Wray en la escena del bar, esa en que él le dice: “For me... you will ever be Palomita”, y que no tiene desperdicio. O la manera con que están armadas algunas escenas de efectos especiales, que permiten notar la truca barata de montaje tal como sucedía en ese cine de hace unas décadas. O hasta el momento con que decide hacer el número del “rollo perdido”, omitiendo información importantísima, pero haciendo ganar ritmo y vértigo a la trama. Lo único que parece fuera de lugar en todo este zafarrancho es el componente digital siempre presente en el cine del director, por que el cine al que le rinde tributo es el cine de lo analógico y lo artesanal. Uno en el cual oficios como los de maquetista o maquillador todavía no estaban reemplazados por nerds y programas de computadora.

Ahora si bien a todo esto hay una historia en Planet Terror, una en donde un grupo diverso de gente debe pelear por sobrevivir ante un holocausto zombie, Rodríguez sabe que el tipo de cine al que hace referencia no es uno que se halla caracterizado alguna vez por la densidad dramática de sus guiones o la profundidad psicológica de sus personajes. Sino, más bien, uno recordado por otros motivos, tal vez menores o anecdóticos; es decir: por alguna escenita aislada o por algún determinado tic de sus personajes. Películas que podían tener no mucho más que un par de modos interesantes de asesinar a sus victimas o algún choque de autos espectacular, y que con esto solo les alcanzaba para permanecer en la cabeza de los espectadores durante un buen tiempo. En este sentido, un caso ejemplar es el de toda la filmografia de Dario Argento, un tipo que siempre se dedicó a filmar la misma historia, pero diseñando una tras otra película asesinatos memorables. Tal es así, que Planet Terror no cuenta ni con una gran historia ni grandes personajes, pero se recuerda y se recordará como esa película en la que una mina lleva por pierna una ametralladora, o en la que a Tarantino se le derrite -literalmente- la pija, o en la que un tipo subido a una moto de juguete destroza a decenas de zombies a través de una carretera.

Pero tal vez lo que convierte en una muy buena película a Planet Terror (a diferencia de lo que ocurre con Death Proof), no es solo la calidad y la destreza con que Robert Rodríguez reproduce la superficie de este tipo de cine, sino a que nunca descuida parte constitutiva de su esencia: aquel tinte político con que muchas veces directores como George Romero o John Carpenter (a quién en un inicio Rodríguez convocó para que componga la música del filme y con quién comparte su interés por producir un cine de género en autonomía y libertad) supieron impregnarlo. Por eso en ella, este director texano no deja de hacer sus comentarios sobre la desconfianza que le genera la versión oficial sobre las Torres Gemelas y la Guerra contra el Terrorismo del gobierno de Bush, o el error que le parece el envió de tropas a Irak o Afganistán. Ni mucho menos, manifestarse sobre la podredumbre que siente emanar de las zanjas de su país. Un país capaz de atacar a sus propios soldados por no hacer lo debido durante la guerra, como a sus películas por no ser lo suficientemente eficientes en la taquilla. Calificación: 9

El reino prohibido

Este blog pedorro sigue con su cobertura de los estrenos más irrelevantes

El reino prohibido (The forbidden kingdom - EU - 2007 - Rob Minkoff)

Tal vez el gran mérito de El Reino Prohibido es que permite al público occidental (y sobre todo al públio pendejo) una incursión por el querido Wu Xia Pian (género chino de espada y brujería que se caracteriza por combinar artes marciales con elementos fantásticos) sin caer en la sátira ramplona de títulos como Kung-Pow o el qualite de los últimos trabajos de Zhang Yimou, ni tampoco trasladar la acción al gueto americano. Sino que lo hace desde un lugar mucho más noble y respetuoso: el género de aventuras. Ese terreno de lo extraño, lo exótico y lo mitológico. Acá, a diferencia de otras películas producidas por Hollywood con estrellas de Oriente, es el rubiecito norteamericano el que tiene que viajar a la china imperial; y no al revés: el maestro del kung-fu quién debe sacar la visa para ir a resolver un crimen diplomático o vengar a algún amigo asesinado por los narcos. Lo que hace que la película, a pesar de no escapar en ningún momento al lugar común y a toda convencionalidad, entretenga sin problemas durante todo su metraje. Además cuenta con un gran plus: Jackie Chan y Jet Li juntos por primera vez en pantalla grande. Dos tipos que a pesar de los años y sus panzas no dejan de prestar toda su gracia escénica y destreza física, ni mucho menos volar por los aires. Calificación: 6

Dani, un tipo de suerte

Solo algo podía salvar a esta película, y era que el personaje Juliete Binoche se destapara en los últimos minutos como una psicópata hija de mil puta, secuestrara a Steve Carrell, lo anestesiara, y le cortara una gamba con un cable de acero mientras le decía kiri kiri kiri al oído. Pero esto es Hollywood muchachos.

Dani, un tipo de suerte (Dan in the real life – EU – 2007 – Peter Hedges)

Este Grande Pa de Steve Carrell no difiere mucho de aquel de Arturo Puig: es viudo, tiene tres chancles, pero en vez de enamorarse de su muki se enamora de la novia de su hermano. Lo que de entrada ya es un problemita ¿Por qué a quién se le puede ocurrir poner a Carrell como padre de familia? Un tipo conocido por haber sido virgen a los cuarenta años y un jefe de oficina incapaz de lograr el mínimo vinculo afectivo con cualquier otro ser humano. Y segundo: ¿A quien se le puede ocurrir emparentarlo con Juliete Binoche? Lo que es como decir milanesa con dulce de leche. Por lo tanto, si hay algo que produce esta película, eso es incomodidad. Por que se nota todo el tiempo que los actores no tienen nada que hacer ahí, que no se la creen, que no la sienten. Binoche, por lo menos, la zafa con un poquito más de dignidad (por que la minita tiene más experiencia en trabajar en cualquier cosa). Pero Carrell no mete ni siquiera un chiste gracioso, que es lo menos que se le puede pedir a un tipo con su jeta y su curriculum. Y los dos, como pareja, pegan menos que la efedrina de Sebastián Forza. Solo resta mencionar que se trata de otra de esas comedias familiares norteamericanas tan tediosas y pacatas, que lo mejor que uno puede hacer con ellas es imaginar mientras la ve modos en los que podrían asesinar a sus personajes. Calificación: 3

Licencia Numero Uno

La película del concurso era Bambi nomás. Lo que significa que debo un DVD a un par de personas (la administración ya se pondrá en contacto con ellos). ¿Por que Bambi? Bien, aquí el dato curioso, por que es la única (o por lo menos más celebre) película donde el Hombre -así en mayusculas, Hombre como especie- es el villano. Ese mismo villano destructor de ecosistemas del que se vengan nuestros justicieros enanos en el videoclip de Banda Criolla.

La critica que viene a continuación también la pueden leer en la Revista Cinemania.

Licencia Número Uno (Argentina / Alemania - 2008 - Matilde Michanie)

Vaya si es interesante la figura de La Tigresa Acuña. Pionera del box femenino en la Argentina. Erigida a la fama desde la pobreza y la lejanía formoseña. Casada con su entrenador, un hombre mucho más mayor que ella. Y hasta estrella de programas de televisión como Bailando por un sueño. Pero a pesar de tan buena materia prima, de tan rico personaje para un documental, Licencia Número Uno nunca llega a conformarse como una pieza atractiva. Matilde Michanie queda casi siempre a mitad de camino entre lo televisivo (entrevistas en primeros planos + material de archivo) y lo meramente informativo. Tocando unos cuantos temas, pero sin profundizar en ninguno. Dejando que se le escapen cuestiones que solo asoman en la superficie, como la polémica que despierta el boxeo femenino en un amplio sector de la prensa y la actividad pugilística , la falta de una política seria de financiamiento a nuestros deportistas, el siniestro papel de los representantes, o la mismísima relación que tiene La Tigresa con su esposo. Optando por el tono condescendiente y el puro homenaje. Como si la directora temiese todo el tiempo un cross a la mandíbula de La Tigresa o que algún Don King le mande un par de monchos a tocarle la puerta de la casa. Calificación: 4

Lars y la chica real

En un año extraño para las carteleras (en el que el astronómico binomio Scorsese-Rolling Stones se convirtió en un fracaso comercial rotundo) hubo una gran sorpresa en la taquilla argentina: la británica Muerte en un funeral. Inesperadamente, esta comedia chiquita, carente de estrellas y con apenas algún que otro momento de comicidad bien logrado (ah, y me olvidaba, ¡un enano!) logró ser todo un éxito, sobreviviendo sendos meses en cartel. Esto sin contar con una campaña publicitaria costosa y teniendo que pelear contra las copias truchas que ya estaban dando vuelta en la calle al momento de su estreno. ¿Cuál es la explicación de este fenómeno? Nadie lo sabe con certeza. Pero acá no faltaron los distribuidores oportunistas que aprovecharon su éxito para estrenar una película de alguna manera relacionada con esta. Así es que acá está Lars y la chica real. Que es de los mismos productores de Muerte en un funeral (tal como reza su afiche publicitario) pero que de británica, cómica o bien lograda no tiene nada.

Lars y la chica real (Lars and the real girl – EU – 2007 – Craig Gillespie)

Lars y la chica real trata sobre un hombre que se enamora de una muñeca inflable. Un tema que seguramente daba para lo que algunos llaman la NCA (Nueva Comedia Americana), el humor más absurdo o cualquier otra cosa menos para ser abordado desde la seriedad, el drama y lo indie. ¿Por qué? Por que llevar adelante esa idea desde esta optica es insostenible, ridículo. Por que insisto: su protagonista se enamora, no es que adquiere esta muñeca para complacerse sexualmente como es común en los hombres que van en busca de este tipo de objetos. Y por más que esto se pueda dar en la realidad, el personaje –que sufre una suerte de esquizofrenia- no tiene una buena construcción psicologica como para que funcione y sea verosímil dentro del relato. Además, y acá lo más molesto del caso, es que como película indie no deja de hacer su discurso sobre la tolerancia, aceptación y comunidad típico de este tipo de cine, siempre a favor de las minorías y los diferentes. Pero resulta que lo que hace en verdad con el personaje de Lars no es exactamente eso. Sino que digamos que le tiene un poco de rechazo, de vergüencita. De alguna manera lo discrimina. Lo que se justifica con la manera en que la cámara siempre nos oculta cualquier encuentro intimo-sexual que pueda tener Lars con la muñecota. Aceptando, sí, que este personaje se pueda enamorar ridículamente de una cosa plástica pero no que se satisfaga sexualmente con esta. Algo que puede resultar mucho más incomodo. Pero claro, hay que tener huevo para ser norteamericano y mostrarle a la sociedad esta posibilidad; y la gente a cargo de esta porquería no lo tiene. Lo que habla de una película falsa, pacata y complaciente con el público progre que quiere saberse abierto y tolerante pero que sinceramente no lo es.

Tan decepcionante, como que llegue la noche y uno tenga que meter la pija en un pedazo de hule con tetas. Calificación: 2

BANDA CRIOLLA: Lo que tenes



Bueno, aquí, finalmente, nuestro nuevo video clip. Pertenece a los Banda Criolla. Unos "pibes" que hacen rock folclorico y, si todo va bien, pronto estarán rotando por algún canal. Es un trabajo muy artesanal, hecho con muy poca gente y, por supuesto, sin un mango. Para que se den una idea, pasamos tres días pintando los enanos a mano uno por uno. Todo para que un hijo de puta durante en el rodaje nos terminara afanando seis de ellos. La maldición eterna lo perseguirá.

Al que adivina cual es la película animada que ven los enanos en la escena del televisor le regalo un DVD.

La escafandra y la mariposa

La siguiente nota esta dedicada a mi viejo, quién hace doce años caía en un hospital a causa de un derrame cerebral.

La escafandra y la mariposa (Le scaphandre et le papillon - Francia, Estados Unidos - 2007 - Julian Schnabel)

Los ataques cerebrales son anti-cinematográficos. Simplemente suceden. De un día para el otro, sin previo aviso. Son el anti-relato. No conocen de clímax, ni se ajustan a estructuras narrativas. Abruptamente dejan a las personas sin vida o imposibilitadas en una cama para la mayoría de los actos físicos. Sin dejarles oportunidad de que se reconcilien con ese familiar que no ven hace años, de que terminen de construir su casa, de que completen su novela, o de que viajen a visitar las pirámides. Los dejan sin esa última historia que contar, sin la posibilidad de cumplir con las deudas y los sueños de su vida. A comparación de otras maneras de irse del mundo, más postergadas o más lentas, en un derrame cerebral (como en otros embates súbitos a la salud humana) no hay nada de épica. Salvo, claro está, en aquella persona que logra sobrevivir y emprender una recuperación.

He aquí el desafío. Hacer una película sobre un personaje joven al que una embolia lo deja postrado en la cama de un hospital con apenas la mínima capacidad para mover y pestañear su ojo izquierdo. En un principio, que se extiende a la primera media hora de película, Julian Schnabel apela a una buena elección: fusionar su cámara con el único ojo de su cuasi inerte personaje (interpretado por Mathieu Almaric, el mismo de Reyes y Reina y La Cuestión Humana) que despierta luego de un letargo de profundo coma. Cuando él pestañea, la cámara también lo hace. Cuando lagrimea, la lente se empaña. Pero no son estos recursos formales lo más interesante, sino la manera en que fluye el relato a partir de esta decisión. Aprovechando muy bien el fuera de campo y la banda de sonido y haciéndonos sentir como espectadores el encierro que vive este personaje dentro de esa metafórica escafandra a la que alude el título y de la cual le es imposible escapar.

Pero luego Schnabel decide abandonar el punto de vista del ojo de su protagonista y ahí es cuando se vuelve menos atractiva y, por supuesto, menos arriesgada. Acompañando el alegato que pregona la película, que nos dice que siempre se puede vivir (o sobrevivir) en la imaginación, pase lo que pase, nos pasea en buena parte del metraje por recuerdos, sueños y todo tipo de pensamientos ocurridos en la cabeza de este personaje. Ahí es cuando se convierte en un desfile de imágenes bellas, cautivantes, pero sin peso, sin espesor. Dándole al director la oportunidad que tenía vedada en un principio de desplegar toda su imaginería visual ya presentada en sus trabajos anteriores: Basquiat y Antes que anochezca. Y tal como ocurría también con el reciente thriller Bajo Anestesia –otra de protagonista postrado en una cama- esto también le da la libertad para moverse de manera arbitraria por cualquier lugar del relato, y por sobre todo, manipular las emociones del espectador a su antojo y sin ataduras. Lo que le termina, indefectiblemente, jugando en contra.

De cualquier manera hay en La escafandra y la mariposa momentos de una emotividad lograda y genuina, sin llegar a ser lo suficientemente lastimera o abusar del golpe bajo. Como en ese en que el protagonista, un ateo estoico, se enfrenta a la religiosidad al observar la figura incandescente de una virgen a través de una vidriera. O en el que él mismo se comunica esforzadamente por teléfono con su padre (encarnado por un desgarrador Max von Sydow). Pero tal vez la mejor escena de toda la película es, justamente, la que nos muestra el instante en que este protagonista sufre el ataque cerebral arriba de su coche y en compañía de si hijo. Por que es la que muestra la manera banal, estúpida y hasta ridícula que mucha veces se nos puede presentar la muerte. Solo dejándonos –como alguna vez lo plantearon Borges o Bioy, a quién mi viejo alguna vez le supo arreglar la televisión- la posibilidad de elegir en nuestra imaginación como queremos partir. Calificación: 6

La Otra Bolena

Vamos a ser sinceros, una película donde actúen dos bellezas como Natalie Portman y Scarlett Johansson y ambas no terminen dándose besos o practicando la tijerita, nunca puede estar buena. Encima hacen de hermanas. ¿Vieron la nariz de una y los labios de la otra? ¡¿Como van a hacer de hermanas?!

La Otra Bolena (The Other Boylen Girl – EU, Reino Unido – 2008 – Justin Chadwick)

¿Cual es la diferencia entre La Otra Bolena y cualquier telefilme de “época” que se pueda ver por Hallmark o People & Arts? Ninguna. Correctita, con mucho interior en alcoba, exteriores baratos recreados por computadora y nulo relieve social o político. Mejor me corrijo, hay una diferencia. Y es que esta está protagonizada por varias estrellas de cine: la Portman, la Johansson y Eric “despues de Chopper nunca pegue una” Bana. Pero volviendo al comentario machista y pajero, ninguna de estas dos muchachitas mencionadas se ve linda en pantalla. Lo que es un problema. No solo para el deleite de la butaca masculina, sino también para la historia que se nos cuenta. Por que estas dos pibitas tienen que embelesar nada menos que al Rey Enrique VIII de Inglaterra, un tipo que podía elegir garcharse a cuanta perra medieval andaba dando vueltas. Sino, en reemplazo a esto, y para que sea creíble que este hombre pudiera caer en la red de estas hermanitas, ellas se tendrían que mostrar verdaderamente seductoras. Y si hay algo que nunca llega a ser esta película es lo suficientemente erótica o lo suficientemente osada como para que esto ocurra. Hay algo de eso en la Ana Bolena de la Portman cuando vuelve de su viaje por Francia, por que esta actriz ya sabe perrear desde nenita (recuerden El perfecto asesino). Pero poquito, muy poquito. Lo que hace que uno se vaya de la sala deseando que la película la hubiese dirigido un Stephen Frears o un Paul Verhoeven. Sí, ¡Verhoeven por lo menos las hubiese puesto en pelotas a las dos! Calificación: 4

Wall-e

Haber visto Wall-e en el cine me hizo pensar un poco más en el porqué de que Batman: El caballero de la noche no me parece una obra maestra, categoría a la que muchos por ahí se esfuerzan en elevarla y algo que me interesa debatir. Sí, creo que se trata de una muy buena película, como lo pueden ser otras de su mismo director como Memento o El gran truco. Esto principalmente por que desde Following –su opera prima- las películas de Christopher Nolan siempre fueron demasiado cerebrales, demasiado calculadas, demasiado frías; siempre apoyadas en los vericuetos de sus guiones antes que en cualquier otro aspecto. Cito un comentario que me quedo grabado de Juan Manuel Domínguez sobre El gran truco en la Revista El amante de Diciembre del 2006: “Nolan agota la coherencia y potencia de El gran truco con su pantomima de mostrar todo por aquí y por allá para finalizar sacando de la galera otro conejo fílmico, otro film dominado por sus vueltas de tuerca”. Algo parecido creo que pasa con la nueva del batipibe, como en todas sus otras películas. Eso, que están dominadas por sus guiones. Aunque acá está Heath Ledger que con su Guasón prende fuego la pantalla cada vez que aparece, y esto parece provocar la euforia ciega en cada uno que la ve para salir gritando: ¡Un 10!¡Una obra maestra! ¡Excelente pibe! Pero lamentablemente uno se las tiene que ver más tiempo del metraje con Nolan que con ese Guasón, villano que uno hasta quiere que triunfe y nos hace lamentar, y mucho, que Ledger se halla ido. Nolan sigue siendo un director que se luce desde sus guiones, pero no desde la puesta en escena, ni desde la construcción de una Ciudad Gótica personal (como era aquella de Burton), o desde la creación de un Batman entrañable que nos pueda conmover con su decisión en el final de la película. Para la obra maestra, creo, le falta.

Wall-e, puesta en contraste, demuestra que no importa la técnica, ni el género, ni el nivel de complejidad del guión, ni de si se trata de hombres de carne y hueso o bichos generados por una computadora. Lo que importa, en el fondo para hacer una gran película, es el corazón que uno le ponga.

Wall-e (EU – 2008 – Andrew Stanton)

Apenas terminada Wall-e estuve convencido durante un rato largo de que uno podía encontrar un robotito chatarrero como el de la película a la venta en una veterinaria descansando al lado de un cachorro de ovejero alemán u otro animalillo. Que ese pedazo de hojalata vivía en nuestro mundo. Que en algún lugar de la tierra algunos de su especie estaban caminando y haciendo sus cosas. Que uno podía hacerse amigo de uno y llevarlo a su casa para mirar juntos un musical o jugar al pong. Sí, que Wall-e existía de verdad, en algún lugar fuera de esa pantalla que en algún momento estaba condenada a apagarse. Es que la gente de Pixar parece tener bien claro eso que señalaba el gran Jan Svankmajer, que animar es invocar vida. Algo distinto a lo de los muchachos de Dreamworks que parecen estar convencidos con cada nueva película de que animar es igual a antropoformizar, o a generar personajes que se parezcan a Will Smith, Jack Black o algún otro de la farándula. Al igual que ocurre con Toy Story o con Ratatouille, Wall-e es una película conmovedora por eso mismo, por el amor y la vida que ponen en cada uno de los personajes sus creadores, los Sres. Pixar.

Esta gente se ha decidido por lo cualitativo y no por lo cuantitativo. Pocas películas, pero trabajadísimas. Así es que en Wall-e la técnica alcanza niveles de la putísima madre (viéndola en filmico hay momentos que uno no puede creer que lo que esta viendo es pura animación). O que el relato roza la perfección, dando lugar a escenas mágicas como esa en que Wall-e baila con Eva a través del espacio impulsado por un matafuego. O que la critica social se entremezcla a varios niveles con la historia de amor más clásica y encantadora. Una critica que, de paso, presenta un futuro peligrosamente cercano y alarmante. Un poco al estilo de aquel que presentaba La Idiocracia, aunque acá la cosa tiene otra fuerza por el alcance que puede tomar en una película de la magnitud de Wall-e, sobre todo en los pendejos. Y lo mejor, es que por sobre todo lo descripto, los de Pixar creen que la animación también puede ser un vehículo para hacer arte, como también lo cree en otra parte del mundo ese viejo llamado Hayao Miyazaki, y no solo meros negocios para vender muñequitos dentro de cajitas felices. Eso, sí, la felicidad. ¡Larga vida a Pixar! Calificación: 10

Batman: El Caballero de la Noche

Nunca simpaticé con el personaje de Batman. Siempre creí que es una suerte de Mauricio Macri que disfrazado de antifaz combate el crimen por las noches por que le mataron a papá Franco. Un multimillonario obsesionado con hacer la justicia pero que por su propia posición no ayuda a su gente en la otra justicia, la justicia social. En definitiva, un careta. Contrariamente, siempre gusté del Hombre Araña, el arquetipo de héroe de la clase trabajadora. Ese que sale a laburar todos los días para ganarse la plata para pagar el alquiler, en vez de vivir de las acciones que genera su compañía y la plusvalía de sus empleados. Pero los comentarios eran muy positivos y muy a pesar de mi total falta de empatía con el murciélago oligarca tenía que ir a ver su nueva película, la cual debo decir que me pareció muy buena. Aunque ya saben, si para algunos El Caballero de la Noche merece una consideración aún más alta, posiblemente estén en lo cierto. Mi problema siempre fue con Batman.

Batman: el caballero de la noche (The Dark Knight – EU – 2008 – Christopher Nolan)

Es interesante, horas antes ir a a ver la nueva de Batman al cine pude leer un artículo en http://www.imdb.com/ titulado “Digital killed the movie star”, sobre la tendencia que hay en los grandes estudios de producir cada vez más películas basadas en los efectos digitales y las pantallitas azules, y menos en sus actores-estrellas. Entre otras cosas, este artículo se explaya en el gran negocio que fueron películas como 300, la cual no contaba con ningún actor conocido entre sus filas, o en como la única estrella que sigue siendo verdaderamente rentable en Hollywood es apenas Will Smith. Afortunadamente, llegó El Caballero de la Noche para devolver un revés a la industria y a esa dentadura de metal CGI que parece querer devorarlo todo. Se convirtió en record de taquilla en su primer fin de semana siendo una película que esta apoyada en sus actores y los personajes que estos llevan adelante, y nunca en los efectos digitales. Hay en ella bastante trabajo hecho por computadora, sí, pero nada comparado con los que hay en cualquiera de los otros tanques que se estrenan en pantalla grande todos los jueves. Una película que se luce solo cuando sus actores de carne y hueso hacen de las suyas frente a escenarios reales y no cuando el CGI irrumpe en pantalla. Así ocurre, por ejemplo, cada vez que aparece Heath Ledger encarnando al Guasón (el cual comentan es una cruza del Alex de La Naranja Mecánica y Sid Vicious, pero que para mi tiene que ver más con otro difunto punk rocker: el revantadísimo G.G. Allin) o cuando Michael Caine, Gary Oldman, Aarón Eckhart o Christian Bale meten la nota justa para cada una de sus líneas. Una de las mejores escenas es esa del ataque del guasón al Hospital (la gente en la sala fue la que más aplaudió) y esas hechas en 3D cuando Batman se pone unos anteojos con sonar de murciélago, justamente, son las menos atractivas. Lo que viene a demostrar cuanto valen todavía los buenos actores, con una buena historia y buenos diálogos que los acompañen. Por lo tanto, El Caballero de la Noche no solo es una ganadora en la taquilla, sino también en esa otra batalla, que es la de la carne contra la máquina.

Ahora, como señalaba, el otro pilar en el que se apoya la película, además de un grupo de buenos actores, es una buena historia. El guión que consiguieron los hermanos Nolan es complejo, político, oscuro. Y se aleja de ese lugar común que repiten muchas mediocridades sobre superhéroes que es la simple confrontación entre el bien y el mal. Acá, el tema que más se destaca es la importancia de héroes tangibles en la fundación de una sociedad, en este caso la de Ciudad Gótica (una ciudad que pintada por Nolan ya no tiene ni un atisbo de Gótica, pero bueh...). Aquello mismo que John Ford trataba en Un tiro en la noche, con la cual El Caballero de la Noche tiene más de un punto en común. Hasta Harvey Dent acá es abogado, al igual que el personaje de Jimmy Stewart en aquella. Y ambas, además, clausuran el relato de una manera similar. Si no las vieron y no quieren saber como terminan, NO SIGAN LEYENDO. Y es acá, en este final, donde para mi la película tiene sus únicas fallas. No por que le choree a la de Ford. Sino, en parte, por que no es necesario que Batman se eche la culpa a sí mismo por los crímenes que comete Harvey Dent-Dos Caras en los últimos tramos de la película, ya que le podían echar la culpa al Guasón o a cualquier otro personaje. Digamos que es bastante al pedo y forzado. Y en otra, por que Batman no es John Wayne. Es decir, no es un héroe populista, como lo eran la mayoría de los encarnados por el Duke. Batman siempre estuvo más obsesionado en cumplir su venganza personal, que en el bien común de su pueblo. Y si en todo caso algún conocedor del comic me dice que no es así, que Bruce Wayne dedique su fortuna a combatir el mal con inclusión social y no tanto con mano dura. Por lo tanto ese final sacrificial por parte de este nuevo Batman de Nolan, no es ni verosímil, ni mucho menos conmevedor. Aunque Insisto, tal vez esto se deba simplemente al problema que tengo con este personaje en particular y no a la película que, también insisto, realmente vale la pena. Calificación: 8

I´m not there

Agradezco a mi amigo a Juan Manuel Strassburger, licenciado en Bob Dylan, por haber visto la película a mi lado y prestarme asesoramiento. Por que sino, no hubiese entendido un carajo.

I´m not there (EU, Alemania – 2007 – Todd Haynes)

Desde hace no mucho se puede conseguir en DVD Zona 1 Walk Hard: The Dewey Cox Story, una sátira sobre los biopics de Hollywood dedicados a estrellas de la música norteamericana. Es muy divertida, la recomiendo. Puro delirio y desenfado de la mano de esa revelación de la comedia que es John C. Reilly. La cito, por que el caso pone en evidencia lo gastada y hasta ridícula que ya resulta la formula biopic. Una formula que en los últimos tiempos se encargó de homogeneizar la vida de Ray Charles, Johnny Cash y tantos otros. Con sus repetidas curvas de infancia traumatizada, ascenso a la fama, caída en las drogas, escándalos y redención. En este sentido, y por suerte, el bueno de Todd Haynes propone con I´m not there algo muy diferente, lejos de esos ejercicios rutinarios que ya cansaban y hasta daban para el chiste. Lo suyo es el anti-Biopic, es decir, el anti-Ray, el anti- Johnny y June. Su película sobre Dylan tiene identidad y personalidad bien propias. En verdad, tanto como la tienen cualquiera de todos estos artistas mencionados. La jodita es que el tipo se va a la mierda, totalmente al otro extremo. Evita hacer una de esas películas que reducen todo a una formula potable para el público masivo, y se manda con algo áspero, laberíntico, críptico. Algo que resulta, por lo menos para cualquiera que no conozca mucho sobre la vida y obra de Dylan, dificilísmo de leer. Por nuestra parte ya sabemos, como escuchas de música popular norteamericana los argentinos somos bastante ignorantes, y de Dylan poco, poquito y nada. Aunque hay que destacar que de todas maneras I´m not there tiene momentos muy placenteros para cualquiera ( personalmente lo que más disfrute son las entrevistas a ese Dylan encarnado por Cate Blanchett ) y está repleta de ideas cinematográficas brillantes. Y si es bien cierto que el gran Bob es una personalidad tanto compleja, contradictoria y caótica como para que una película sobre él también lo sea, algo que creo (espero no confundirme a pesar de mi ignorancia) es que no se trata de alguien inaccesible para el común del público. Consejo: a buscar el Bob Dylan para principiantes muchachos. Calificación: 7

El fin de los tiempos

Si quieren ver una gran película sobre suicidios colectivos, consigan esa maravilla ponja proyectada hace unos años en el BAFICI titulada Suicide Club, de un director a seguir llamado Sono Sion. Opción, pueden ir al cine a ver la nueva del indio Shyamalan, una de terror ecologista que –como ya han señalado por ahí- es puro clase B disfrazado de clase A.

El fin de los tiempos (The happening – EU, India – 2008 – M. Night Shyamalan)

Sí, esta mal actuada, mal guionada y hasta mal filmada, cosa que nunca antes me había parecido una película de Shymalan. Ver nomás la escena de la jaula de los leones, en la cual el chabón ni siquiera respeta la textura de las cámaras de los teléfonos celulares y consigue involuntariamente en el espectador un efecto más risorio que terrorífico. Pero a pesar de todo creo que hay algo bastante rescatable en The Happening. Primero, tiene originalidad, algo que escasea en el cine de terror de hoy en día. ¿Cuántas películas o directores del género le escapan a zombies, vampiros o monstruos babosos? Segundo, trabaja sobre temas que son la esencia de lo terrorífico: lo intangible, lo inidentificable, lo irreconocible. En relación a esto recomiendo leer los relatos de horror de Guy de Maupassant con los que el cine de Shyamalan tiene muchísimo en común. Y Tercero, hay momentos que asusta en serio. Por lo menos tres de los suicidios colectivos que producen las plantas (¡!) en la película me generaron una enorme sensación de malestar: el de la obra en construcción, el del embotellamiento y ese en que John Leguizamo se corta las venas con un pedazo de vidrio. Eso sí, por favor, que el indio hijo de puta este se baje del caballo y por lo menos se ponga a laburar sus guiones en conjunto con otra gente. Porque es una lástima, tiene muy buenas ideas pero tremendamente desaprovechadas. Calificación: 5

La Niebla

Otra adaptación mediocre y desaprovechada (¿y cuantas van en los últimos años?) de un texto de Stephen King.

La niebla (The mist – EU – 2007 – Frank Darabont)

A la manera de un John Alvin (que dicho sea de paso, falleció hace muy poquito), el protagonista de la película se encarga de diseñar afiches promocionales para Hollywood. En la primera escena, a partir de un travelling, vemos como trabaja sobre dibujos de películas de Sergio Leone y John Carpenter; y desde estos homenajes uno podía esperar lo mejor: una de terror hecha con respeto y amor hacia el cine de género. Y Darabont tal vez pregone este amor y este respeto: con la intención de generar climas y no sustos o buscando dar a los personajes ciertos rasgos humanos que logren interesar aunque sea un cachito al espectador. El problema son los errores que acompañan a estas intenciones, y que están presentes en la construcción de situaciones, diálogos y también de estos mismos personajes. Ver nomás las actitudes incrédulas que toma el abogado vecino de Thomas Jane, o la ridícula decisión de ahorcarse por parte de los soldados, o la manera en que esta justificado el hecho de que los protagonistas no se pueden comunicar con el exterior (como si el montajista le hubiera dicho a Darabont durante la posproducción: “negro, te olvidaste de explicar por que no pueden llamar por teléfono para pedir ayuda” y este le halla devuelto un: “bueno... metemos una voz fuera de campo y yo creo que zafamos”). Esto hace que la película este más invadida por la estupidez que por la niebla. Además de ser otra muestra de terror programático: a una escena de tentáculos gigantes sigue otra de abejas gigantes, después otras arañas gigantes, y así sigue hasta que lo único gigante es el desinterés que produce. Solo en los minutos finales (y hay que rescatar que la película tiene un final negrísimo y osadísimo para Hollywood y que puede despertar más de una polémica) las referencias a Carpenter parecen cuajar y la estupidez de sus personajes parece justificarse un poco. Por que en definitiva se trata de una película en la que el monstruo más peligroso es la estupidez humana. Aunque eso sí, lo que no se justifica nunca, es la estupidez de sus realizadores en el resto del metraje. Calificación: 4